/

Daphne Barly, Hacerse responsable del genocidio palestino

Comenzar
631 visitas

Como judía y nacida en Israel, me horrorizó la matanza de Hamás de hace más de cien días, el último 7 de octubre: la brutalidad del ataque y la crueldad contra quienes no tenían cómo defenderse, ahí donde eran más vulnerables. Fue un acto condenable, sin reparos. Pero luego, la masacre israelí a la población gazatí en los últimos meses me ha consternado, viendo cómo la aniquilan transversalmente, lanzándoles bomba tras bomba y negándoles necesidad tras necesidad. No sólo al 1% de Hamas, sino al 99% de civiles, del cual el 40% son niños y niñas.

Este conflicto me ha golpeado personalmente, pues me siento parte de este pueblo que, siendo sobreviviente de un genocidio, está perpetuando otro. De alguna manera, ser judía y genocida me resuena como un horrible oxímoron del que me gustaría librarme, pero no me parece tan simple. Envuelta entre sentimientos de desconsuelo, angustia, culpa, vergüenza e impotencia, me he cuestionado ¿hasta qué punto es el pueblo judío responsable de este exterminio? ¿hasta qué punto lo es el sionismo? ¿o Hamás? ¿o el pueblo palestino? ¿o el gobierno y la sociedad israelí?

Comprendiendo que en la narración de este conflicto se suelen presentar agresores y víctimas, donde, dependiendo de la fuente, se legitima sólo una versión y se niega la otra, se culpa de todo a una parte y le quita a la otra toda agencia, me gustaría examinar más bien los matices en que se encuentran las distintas responsabilidades de esta terrible tragedia.

Escribo así para aclararme primero una visión general de la historia de este conflicto entre Israel y Palestina, que reconozca la tragedia de la Shoa (Holocausto) y la necesidad judía de un refugio seguro, pero que no sea ciega a la tragedia de la Nakba (Catástrofe) palestina, que sigue perpetuándose a partir de la colonización de Israel sobre estas tierras. Segundo, escribo para tratar de dirimir hasta qué punto es el judaísmo cómplice de esta última acción. Si es que todo el pueblo judío, supuestamente representado por el gobierno de Israel, podría considerarse genocida; o si es posible una escisión entre el sionismo colonialista y un judaísmo humanista que, basándose en su propia historia, filosofía y herencia valórica, defienda a otro pueblo de una facción de sí mismo.

En este sentido, escribo para poder integrar las historias de víctima y de victimaria que conforman mi identidad judía e israelí y para entender hasta dónde llega mi responsabilidad frente al actual exterminio. Pero antes de llegar a este último punto, debemos comenzar cuestionando lo primero: ¿Estamos realmente presenciando un genocidio del pueblo palestino? ¿O es ésta la legítima defensa de Israel frente al terrorismo de Hamás?

Rafael Lemkin, abogado judío sobreviviente del Holocausto, fue el primero en acuñar el término de ‘genocidio’ en 1944, aludiendo al griego genes (tribu, raza) y al latino cide (matar). Pero especificó que no debía entenderse tan sólo como un exterminio masivo, sino más frecuentemente como “un plan coordinado dirigido a la destrucción de los fundamentos esenciales de la vida de los grupos nacionales, para que estos grupos se marchiten y mueran como plantas que han sufrido una plaga.”1Lemkin, Rafael. 1945. “Genocide, a modern crime”. En Free World, Vol. 4, p. 39- 43. Traducción propia al español. http://www.preventgenocide.org/lemkin/freeworld1945.htm Así, podemos entender con Lemkin que el genocidio nazi contra el pueblo judío no comenzó con las cámaras de gas, sino con la progresiva desintegración de sus instituciones políticas y sociales, y con la aniquilación de “toda base de seguridad personal, libertad, salud y dignidad.”2Ibidem.

De un modo similar, vemos que el genocidio israelí contra el pueblo palestino no comienza sólo con esta guerra, sino que, desde su creación en 1948, fueron tácticas de Estado: la fragmentación política del pueblo palestino, la degradación de sus fundamentos económicos y la deslegitimación de su lengua, su cultura, su moral y su religión (técnicas propias de un genocidio, según Lemkin). Es sólo que ahora ya es evidente, pues nos encontramos de frente ante la última técnica: el asesinato por hambre, frío o aniquilación masiva.

Ya que estos últimos meses, como respuesta al atentado de Hamás, hemos visto el descomunal ataque del gobierno israelí a las y los civiles gazatíes. No sólo bombardeando a destajo sus hogares, sino también sus zonas supuestamente seguras (escuelas, iglesias, mezquitas, hospitales), convirtiendo a toda Gaza en un lugar mortalmente peligroso y sin escapatoria. No sólo restringiendo la economía y la ayuda internacional, sino matando a la población de hambre, de sed, de frío y de heridas, enfermedades, partos y nacimientos desatendidos.

Aunque ninguna de estas prácticas es nueva en los 75 años de control israelí de Gaza, su actual escala y simultaneidad nos evidencian que éste ya no es sólo un sistema de apartheid, o de control, segregación y discriminación contra el pueblo palestino, sino que ya estamos hablando de genocidio. Uno tan aterradoramente similar al que vivió hace unas décadas nuestra ascendencia judía en Europa.

En nuestra historia, el Holocausto judío y el Estado de Israel se hallan íntimamente entrelazados. Pues, aunque el sionismo (o el sueño de la patria propia para el pueblo judío en Palestina) comenzó con Herzl antes del siglo XX, fue el exterminio judío en Europa el fundamento de la ONU en 1947 para resolver la creación de este Estado (compartiendo un territorio equitativo con Palestina), como una garantía de su no repetición. Es por este antecedente que me parece chocante la ceguera israelí de no verse justamente ahora repitiendo un exterminio, contra el pueblo palestino. Más aún, justificando sus acciones en su eterna condición de víctima, que suponen les absuelve de toda responsabilidad.

Benjamin Netanyahu y el establishment israelí responsabilizan de la brutal invasión de Israel y de todas sus víctimas al cruel atentado de Hamás. Son el enemigo, dicen, terrorista y bárbaro, que pone en peligro a la progresista y liberal sociedad israelí, obligándola a defenderse sin remedio. Ahora, es cierto que Hamás nació en la primera Intifada de 1987 –en la que la población palestina comenzó a rebelarse, tirando piedras a los tanques del ejército israelí– y declaró en su carta fundacional de 1988 el objetivo de la destrucción islámica de Israel y el deber musulmán de liberar Palestina.3Hamas Covenant. 1988. The Covenant of the Islamic Resistance Movement. https://avalon.law.yale.edu/20th_century/hamas.asp (hago referencia especialmente al Prefacio y al Artículo 14) Protagonizó luego la segunda Intifada del 2000, incorporando misiles y ataques suicidas. Desde entonces, ha asesinado a más de mil israelíes antes del 7-O.4Específicamente, 881 civiles y 449 militares israelíes, según datos de www.statics.bstselem.org

Ganaron, además, las elecciones en Gaza el 2006 y gobiernan democráticamente desde entonces, cubriendo las necesidades mínimas de su población con la ayuda internacional, pero desviando recursos para el armamento contra Israel. Es cierto que el terrorismo de Hamás es una amenaza a la paz duradera entre ambas naciones, promoviendo discursos de odio, celebrando atentados mortales y buscando una solución sólo para el pueblo palestino. Fueron ahora responsables de la muerte de 1.139 personas y del secuestro de 239, cuya mayoría sigue en condiciones, ya sabemos, deplorables.

Pero me parece importante contextualizar que este grupo no nació de un vacío, sino sobretodo como una resistencia a un proceso progresivo de colonización sionista de Palestina. Esta resistencia comenzó a finales del siglo XIX, con los legales, pero crecientes, asentamientos judíos, que trajeron consigo violencias entre ambos pueblos. Siguió con la creación de Israel en 1948 –o la Nakba palestina–, donde fueron exiliados 750 mil árabes de sus hogares, refugiándose en Gaza, Cisjordania o el extranjero. Continuando su catástrofe, la sociedad palestina ha sufrido un régimen de apartheid y de colonización, donde se han visto escindidos entre tierras aisladas y reducidas, con enormes muros y múltiples controles en sus fronteras, bloqueos económicos, servicios básicos intermitentes, bombardeos en sus hogares o centros comunitarios y prisión o muerte para quienes intenten volver a sus tierras o resistir la ocupación. Es en este contexto que emerge Hamás, no tan sólo desde un antisemitismo islamista, sino más aún desde un antisionismo colonial.

Desde esta perspectiva, vale la pena cuestionar cuánta responsabilidad han tenido también los gobiernos de Israel en el surgimiento y expansión de Hamás, siendo el terrorismo del segundo en gran medida una reacción ante la violenta e interminable colonización de los primeros. Incluso conocemos investigaciones, reafirmadas hoy por el presidente de la Unión Europea Josep Borrell5Ver noticia en https://elpais.com/internacional/2024-01-19/borrell-acusa-a-israel-de-haber-financiado-a-hamas-para-debilitar-a-palestina.html, que demuestran que los gobiernos israelíes han financiado, directa e indirectamente, la creación y el fortalecimiento de Hamás, para contrarrestar el poder político de la OLP y debilitar la posibilidad de una nación palestina unida políticamente.6Ver artículo de Sara Serrano. 2023. “Hamás: de aliado de Israel a grupo terrorista”. {Diario}Red, 11 de octubre, 2023. https://diariored.canalred.tv/internacional/hamas-de-aliado-de-israel-a-grupo-terrorista/. También, artículo de Adam Ratz. 2023. “A Brief History of the Netanyahu-Hamas Alliance” Haaretz, 20 de octubre, 2023. https://www.haaretz.com/israel-news/2023-10-20/ty-article-opinion/.premium/a-brief-history-of-the-netanyahu-hamas-alliance/0000018b-47d9-d242-abef-57ff1be90000

Más aún, vemos que el cuándo de este atentado de Hamás tampoco fue azaroso, sino que responde a un importante crecimiento de los asentamientos de Cisjordania este último año, y se enmarca en probablemente la mayor crisis interna que vivió Israel en sus 75 años. Pues la política de colonias judías en tierras palestinas ha sido constante en los gobiernos israelíes, pero no había sido su primera prioridad hasta el año 2022, con la coalición más derechista de Israel, entre Likud (el partido de Netanyahu) y los ultranacionalistas y ortodoxos, bajo la que han acelerado más que nunca la construcción de asentamientos judíos ilegales y han permitido una escalada de violentos ataques de grupos colonos a hogares palestinos, en su intención de desalojo.

Al mismo tiempo, este gobierno se encontraba, justo antes del atentado, ante las mayores protestas civiles en su historia, por su cuestionada reforma que subordina el poder judicial al gobierno de turno, haciendo peligrar en su momento la institucionalidad democrática israelí y pudiendo proteger a Netanyahu ante sus cargos de corrupción. Con tales antecedentes, entendemos mejor que la inteligencia israelí haya pasado por alto sus conocimientos del plan de Hamás, restándoles importancia por su complejidad.7Bergman, Ronen y Goldman, Adam. 2023. “Israel Knew Hamas’s Attack Plan More Than a Year Ago”. NY Times, 30 de noviembre, 2023. https://www.nytimes.com/2023/11/30/world/middleeast/israel-hamas-attack-intelligence.html#:~:text=A%20blueprint%20reviewed%20by%20The,aspirational%20and%20ignored%20specific%20warnings.&text=Israeli%20officials%20obtained%20Hamas’s%20battle%20plan%20for%20the%20Oct Ante tal avance colonialista contra el pueblo palestino, Hamás replicó con su atentado. Y, frente a tal crisis interna, Netanyahu aprovechó la oportunidad de unir a su pueblo fragmentado frente una amenaza externa, siguiendo la conocida táctica de la guerra de distracción.

Vemos así que quienes más se han beneficiado de este conflicto son justamente: Hamás, por el ataque y el actual desprestigio internacional de Israel, que le han ganado un mayor apoyo incluso en Cisjordania; y, más aún, el actual gobierno israelí, compuesto por facciones ultraconservadoras sionistas, que con el actual exterminio avanzan en su sueño de la conquista de las tierras bíblicas, para un gran Estado judío. Pues dentro de esta coalición tenemos partidos religiosos, supremacistas y ultraortodoxos, por una parte, que abogan por el mandato divino del retorno del pueblo elegido a las antiguas tierras de Salomón (desde el río Jordán al mar Mediterráneo), prometidas por Dios a sus patriarcas8Ver comentario de rabino y filósofo Nahmánides a partir de la cita bíblica “Tomen posesión de la tierra y establézcanse allí, porque a ustedes se la he dado para que la ocupen.” 2010. Santa Biblia. Nueva Traducción Viviente, Tyndale House Pub, Números 33:53. https://www.biblegateway.com/passage/?search=N%C3%BAmeros%2033:52-54&version=NTV, y que llegan a apoyar la anexión de toda Gaza y Cisjordania, la deportación de árabes y la solución de un solo Estado judío, que no deje nada de Palestina.

Por otra parte, tenemos los partidos nacionalistas –como el Likud de Netanyahu, que ha gobernado progresivamente desde 1977– herederos del sionismo revisionista de Zeev Jabotinsky, aquel que defendió desde 1923 la violenta colonización de las tierras de la Palestina británica (hoy Israel, Palestina y Jordania) con una dura “muralla de hierro” contra la voluntad nativa palestina, justificándola en el derecho de la autodeterminación del pueblo judío9Ver artículo de Zeev Jabotinsky. 1923. La Muralla de Hierro.  https://diariojudio.com/opinion/la-muralla-de-hierro-nosotros-y-los-arabes-1923/19136/, pero obviando que este derecho ha imposibilitado directamente la autodeterminación palestina.

Dentro del antiguo sueño por la patria judía, hay muchas vertientes de sionismo, algunas más extremistas que ésta y otras que abogan por una convivencia más pacífica y justa con el pueblo palestino. Pero a mis ojos, veo que todos los sionismos, con distintos grados de intensidad, son responsables del genocidio palestino. Pues, como ideología detrás de la búsqueda, la creación y la conservación de un Estado del pueblo judío (y no para éste y otros pueblos), el sionismo ha sido el fundamento teórico y moral de las progresivas fases de expulsión, colonización y erradicación del pueblo de Palestina.

Ahora me pregunto, si es que establecemos una responsabilidad variable en los sionismos frente al exterminio actual, ¿significa esto que también existe hoy una responsabilidad básica en todas las personas que se sienten judías, pues ha sido en su nombre y por su autodeterminación se ha llevado a cabo el genocidio? Para contestar esta cuestión, me parece que lo primero que debemos hacer es distinguir entre el sionismo y el judaísmo que, admitámoslo, se han ido mimetizando por décadas.

Pues desde la creación de la Organización Sionista Mundial, por Theodor Herzl en 1897, este poderoso organismo ha logrado no sólo fundar Israel en Palestina, sino promover su nacionalismo en toda la diáspora judía, a través de la narrativa de esta fundación como la redención del exiliado, perseguido y oprimido pueblo judío, que ahora tiene su hogar y su deber de hacer aliá (migración) en las tierras que siempre le pertenecieron. Es el relato casi único que se cuenta en escuelas, sinagogas, programas, organizaciones juveniles o instituciones comunitarias judías, donde se niega la existencia del pueblo palestino10Basándose en sesgados registros históricos ingleses, postulan —siguieno la célebre cita de Golda Meir «No existe el pueblo palestino. Esto no es como si nosotros hubiéramos venido a ponerles en la puerta de la calle y apoderarnos de su país. Ellos no existen»— que las personas que se llaman palestinas no existían antes de Israel, sino que en realidad eran árabes de paso, sin identidad nacional propia. y, a la vez, se le caracteriza como antisemita y terrorista, convirtiéndolo en un villano amenazante y mentiroso.

En mi experiencia, cualquier contestación a este relato es rechazado de golpe, porque se contrapone a la historia oficial de “la” comunidad judía, que han escuchado repetida tantas veces y que pueden repetir una vez más. En última instancia, al intentar indiferenciar judaísmo y sionismo en este espacio, te pueden negar tu identidad judía, asumir que te odias a ti misma o tildarte hasta de antisemita, por sólo oponerte al terrible coste del sionismo.

Pero podemos ver que desde los albores del sionismo hubo una contestación judía en su contra que, desde la ultraortodoxia hasta el pensamiento más liberal o radical, se opuso a la migración y reconquista de Palestina. Desde la visión religiosa, durante la diáspora judía pre-sionista primaban los mandatos divinos de la espera mesiánica en el éxodo y de los Tres Juramentos del Talmud Babilónico, que prohibían al pueblo judío inmigrar a Israel “como muralla”, a rebelarse ante las otras naciones y a otras naciones a oprimirle en exceso11Ver los comentarios de Rav Yehuda y del rabino Hanina en Ketubot 111a, Talmud Babilónico. 2019. The William Davidson Talmud.https://www.sefaria.org/Ketubot.111a.1-111b.23?lang=bi. Con el arribo del sionismo, las lecturas talmúdicas hegemónicas han cambiado, intentando conciliar ahora la fe con la colonización, pero las críticas rabínicas a esta ideología no se han detenido12Ver compilación histórica de voces rabínicas contra el sionismo de Naturei Karta. “The Rabbis Speak Out.” https://www.nkusa.org/Historical_Documents/TheRabbisSpeakOut.htm.

Por otra parte, organizaciones políticas judías importantes al comienzo del sionismo, como la socialista Bund, también lo criticaban por la ilusión de solución externa que presentaban a la opresión judía, cuando la creación de Israel no podía traer más que un eterno miedo y una interminable lucha contra el enemigo árabe interno y externo13The Bund. 1938. Is Zionism a Liberating Democratic Movement? (Di Tsukunft, New York, October 1938). https://foroys.wordpress.com/2017/06/20/is-zionism-a-liberating-democratic-movement-part-13/. Igualmente, también ha existido una contestación desde el mundo intelectual liberal judío, donde vale recordar la conocida carta de personalidades como Albert Einstein y Hannah Arendt que llaman al mundo a oponerse al partido de Begin en Israel (que acababa de cometer una masacre contra árabes), por su parecido con el fascismo y el nazismo14Intelectuales judíos. 1948. “Carta de Albert Einstein y otros intelectuales judíos al New York Times en diciembre de 1948.” NY Times, 2 de diciembre de 1948. Traducido por piensaChile. https://piensachile.com/2014/07/27/carta-de-albert-einstein-y-otros-intelectuales-judios-al-new-york-times-en-diciembre-de-1948/.

Incluso dentro del Estado judío hemos escuchado críticas de los Nuevos Historiadores, como Ilan Pappé, que cuestionan el relato oficial y que, incorporando documentos desclasificados israelíes y fuentes árabes, generan historias alternativas que evidencian los procesos deliberados de limpieza étnica llevados a cabo contra el pueblo palestino, para consolidar un Estado judío homogéneo15Pappé, Ilan. 2008. La limpieza étnica de Palestina. Barcelona: Crítica. En efecto, distintas expresiones del judaísmo —considerado éste como una religión, un pueblo, una cultura o una nación— se han opuesto al sionismo, ya sea desde sus propios mandatos, opresiones, valores o cuestionamientos16Para profundizar y ampliar las contestaciones judías al sionismo, ver Lorber, Ben. 2019. “Jewish Alternatives to Zionism: A Partial History.” Jewish Voice for peace, 12 de enero de 2019, https://www.jewishvoiceforpeace.org/2019/01/12/a-partial-history-of-jewish-alternatives/. De esta forma, me parece importante poder distinguir dentro del judaísmo tanto una vertiente sionista, hoy hegemónica, como otra crítica al sionismo, más marginal, pero igualmente auténtica con sus raíces.

Así, también hoy se escuchan en la diáspora fuertes voces disidentes, que reclaman “No en nuestro nombre”, “Alto al fuego ahora”. En Estados Unidos, Jewish Voice for Peace ha ocupado desde el Capitolio, la estatua de la Libertad al NY Grand Central Station, colmándolo de negras poleras con estas consignas, y ha organizado marchas del tamaño de Gaza, ayunos y conmemoraciones de Jánuca por el cese al fuego. Más de cerca, en Argentina también Judíes x Palestina ha generado diversas manifestaciones de apoyo a Palestina y visibilizado diversas expresiones judías en contra del sionismo. Desde mi angustia frente al genocidio, escuchar estas voces ha sido crucial, pues me han abierto a la posibilidad de compatibilizar mi identidad judía y anti sionista, sintiéndome más acompañada en la causa.

Más aún, he querido proclamar también “no en mi nombre” y absolverme así de la culpa que he sentido por ser judía e israelí. Sin embargo, me he cuestionado si una única declaración puede librarme de toda responsabilidad, al continuar viendo en silencio cómo masacran al pueblo palestino. A partir de tal problemática, comencé a indagar sobre cómo podríamos entender y enfrentar nuestra responsabilidad colectiva frente al genocidio de este otro pueblo, a partir de pensadores de identidad judía.

En una primera instancia, me ayudó mucho la distinción que encontré en Hannah Arendt entre culpa y responsabilidad, donde muestra cómo la primera siempre es individual, por una acción cometida, mientras que sólo la segunda puede ser colectiva. Nos advierte así del peligro del sentimiento de culpa colectiva, pues blanquea las acciones individuales, ya que “donde todos son culpables, nadie lo es”17Arendt, Hannah. 2003. “Personal responsibility under dictatorship.” En Responsibility and judgment, editado por Jerome Kohn. NY: Schocken Books.Traducción propia al español. p. 28. En efecto, para ella podemos sentir responsabilidad, pero no culpa, por cosas que no hemos cometido. Tal es el caso de la responsabilidad colectiva que, siempre política, depende de nuestra pertenencia a un grupo, sea que éste quiera responsabilizarse por acciones particulares o que éstas sean cometidas en su nombre18Arendt, Hannah. 2003. “Collective responsibility.”En Responsibility and judgment. Op. Cit. p. 149. Sólo hay un caso en que esta responsabilidad política no puede asumirse: el de las personas indefensas y refugiadas, pues éstas son las únicas absolutamente inocentes19Ver Arendt, Hannah “Personal responsibility under dictatorship.” Op. Cit. p. 40 y “Collective responsibility.” Op. Cit. p. 150.

En cualquier otro caso, Arendt nos insta a considerar siempre la opción de no participar o apoyar políticas totalitarias, como los y las alemanes que se desvincularon del nazismo, “no tanto porque siguieran aferrados al mandamiento “No matarás”, sino porque no estaban dispuestos a convivir con un asesino: ellos mismos”20Arendt, Hannah. 2003. “Personal responsibility under dictatorship.” Op. Cit. Traducción propia al español. p. 40. Así, reconoce que quienes distinguen mejor entre lo malvado detrás de cada acción banal21Ver Ibid. pp. 35, 37. Para profundizar, ver Arendt, Hannah. 2003. Eichmann en Jerusalén. Barcelona: Editorial Lumen, decidiendo no perpetrar dictaduras como la nazi, no son tanto las personas obedientes a normas morales, sino quienes tienen que formarse su propia opinión, dándose cuenta de que tienen que vivir consigo mismas22Ibid. p. 45.

En efecto, Arendt no sólo fue una crítica fundamental de los totalitarismos, sino también, transversalmente, del sionismo. Fue así que cuestionó el supuesto antisemitismo eterno, considerándolo como una falsa creencia aliada al movimiento sionista23Ver Arendt, Hannah. 2007. “The Jewish State.” En Jewish Writings. editado por Jerome Kohn y Ron H. Feldman. NY: Schocken Books.  pp. 375-387, y predijo que el pueblo judío nunca estaría a salvo en Palestina, si no era en un Estado federado, por su política sionista imperialista violenta y obsoleta24Arendt, Hannah. 2007. “Zionism, reconsidered”, en Jewish Writings. Op. Cit. p. 374 que traería necesariamente una respuesta árabe, sólo agraviable de lograrse la destrucción de Palestina25Arendt, Hannah. 2007. “To save the Jewish Homeland”, en Jewish Writings. Op. Cit. p. 396. De esta forma, Arendt asume su responsabilidad como judía de denunciar las políticas sionistas cometidas en su nombre, defendiendo a quienes, en situación de refugio, no tienen quien les defienda y desligándose así de ideologías que no la dejan vivir consigo misma.

            En segunda instancia, recurrí a Emanuel Levinas para entender este concepto de responsabilidad, quien se mostró más radical éticamente que Arendt, pero menos políticamente. Para él, la responsabilidad para con el Otro es ilimitada, previa a cualquier recuerdo y anterior a mi propia libertad, pues el rostro del Otro me abre a su inabarcable infinitud y me pone en deuda con su trascendenciaV26er Levinas, Emmanuel. 2021. “La responsabilidad por el otro.” En De otro modo que ser o más allá de la esencia. Salamanca: Sígueme.. El rostro, para Levinas, es lo incontenible que lleva más allá, que excede cualquier pensamiento y que impone, con su sola aparición desprotegida, el mandamiento de “No matarás”. Así, nos dice que, sin esperar ninguna reciprocidad, “desde el momento en que el otro me mira, yo soy responsable de él”, pues uno no es sujeto sino por su sujeción al otro, una incumbencia donde se juega nuestra humanidad27Ver Levinas, Emmanuel. 2015.  Ética e infinito. Epublibre: Titivillus. Traducido al español por Jesús María Ayuso Díez. Más aún, nos ofrece en un comentario talmúdico una interpretación del Mesías como posibilidad dentro de cada persona: de dejar de evadir el peso del sufrimiento ajeno y responder a su llamado, haciéndose responsable por el mundo entero28Levinas, Emmanuel. 1990. Difficult Freedom. Baltimore: The John Hopkins University Press. p. 89. Ve incluso en el peso moral judío de saberse el pueblo elegido una obligación especial y asimétrica frente al Otro29Ibid.pp. 96, 285.

Sin embargo, la profunda ética que nos presenta Levinas no se condice con sus planteamientos políticos, donde justifica la violenta colonización del sionismo y niega al rostro palestino como un verdadero Otro. Nos cuenta la historia de la creación de Israel como aquella de la emancipación del pueblo judío, en que luego de siglos de un inocente apartamiento de la Historia, en 1948 comienza su heroico desafío de luchar hasta volver a las tierras originarias de los patriarcas30Levinas, Emmanuel. 1989. The Levinas Reader. Cambridge: Basil Blackwell Inc. p. 276. En una entrevista posterior a la masacre de Sabra y Shatila en 1982 niega que el Otro pueda ser considerado palestino, pues clarifica referirse con el término a alguien vecino, que podría convertirse en pariente, y no a un potencial enemigo, injusto e incorrecto31Ibid., p. 294. Declara que no hay límites para la responsabilidad, cuando se trata de proteger a quienes son cercanos, y por la misma razón justifica la defensa política israelí, contra amenazas externas. Así, trata de compatibilizar su ética y su política argumentando que el sionismo es una solución política necesaria éticamente, pues pone fin a los siglos de injusticia frente a la condición judía y se basa en el precepto judío de la defensa del prójimo32Ibid. pp. 291-292.

No obstante, para alguien que cuestionaba las totalizaciones ontológicas de la filosofía europea, arguyendo el olvido de la alteridad33Ver Levinas, Emmanuel. 2012. Totalidad e Infinito. Salamanca: Sígueme., Levinas parece, en cuanto a su sionismo, cegarse ante el rostro de su verdadero Otro: el palestino. No defiende así al prójimo más extranjero, de una cultura trascendente a la nuestra, sino que justifica su matanza, infringiendo el mandamiento de “No matarás”, por la seguridad del Mismo pueblo judío colonizador. A mis ojos, en contra de su ética de la responsabilidad ilimitada, sigue una política que se responsabiliza sólo por los rostros propios, llegando a no ver siquiera los ajenos.

Por esto, recordaba a Levinas estos últimos meses, cuando veía a la prensa pro israelí evocando imágenes del Holocausto a partir de la matanza de Hamás o a la sociedad israelí levantando carteles con los cientos de rostros secuestrados, pero no les veía reconocer ninguna responsabilidad ante las decenas de miles de rostros palestinos de niños, niñas, hombres, mujeres, ancianos y ancianas asesinados estos últimos meses por israelíes, que han apareciendo en todos los medios, para quien quiera verlo. Para mí, Levinas se ha transformado en un doble recurso filosófico, encontrando en él quizás la definición más inmensa de responsabilidad ante los demás y hallando al mismo tiempo un sionismo ciego y colonizador, que me muestra una sustancial disonancia dentro del pensamiento judío, entre una empática ética y una violenta política34Para profundizar en las contradicciones inherentes al pensamiento levinasiano, a partir del conflicto palestino israelí, ver Butler, Judith. 2012. “Sin poder matar: Levinas contra Levinas”. En Parting ways. NY: Columbia University Press. También Karmy, Rodrigo. 2015. “Lévinas y el sionismo. Notas sobre geopolítica en el pensamiento de Emmanuel Lévinas.” En Revista Daimon, Núm 64 (Enero – Abril 2015), pp. 101-116.

Leyendo a Arendt y a Levinas, me vi en un diálogo intergeneracional con pensadores judíos que tuvieron la experiencia de escapar de la Shoa y de presenciar el principio de la Nakba y el nacimiento de Israel, trayendo al problema presente valiosas perspectivas de nuestra cercana ascendencia. Pero no fue hasta profundizar en el pensamiento de une filósofe judíe actual, activista por la causa palestina, que pude sentirme en una conversación más directa, con alguien que no sólo veía lo mismo y pensaba como yo, sino que lo desarrollaba mucho mejor. Hablo por supuesto de Judith Butler, quien en 2012 escribe un libro sobre críticas judías al sionismo y quien hoy no ha guardado silencio frente al genocidio, escribiendo artículos, dando entrevistas y activando tanto por el cese al fuego, como por el movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones contra Israel).

En efecto, Butler escribe Parting Ways con el fin de buscar recursos éticos judíos tanto para la crítica de la violencia estatal israelí, como para pensar en la cohabitación con personas no judías. Así, examinando los pensamientos de Arendt, Levinas, Benjamin, Primo Levi, entre otros, elle encuentra dentro de los valores judíos: una crítica al nacionalismo y militarismo, una comprensión de los derechos humanos desde la condición apátrida, una relación ética de cohabitación con personas no judías, una resistencia al uso ilegítimo de la violencia estatal, y un duelo comunitario como afirmación de la vida (a menos que se transforme en un instrumento que niegue las pérdidas ajenas)35Butler, Judith. 2012. Parting ways. Op. Cit. p. 20.

De esta forma, Butler propone una resistencia al sionismo que tome los recursos éticos judíos para criticarlo, pero que no se limite sólo a estos marcos, pues ve que los principios de justicia e igualdad no son exclusivos a esta cultura, y que una perspectiva de cohabitación democrática necesita recursos culturales plurales36Ibid, p. 2. Al mismo tiempo, es importante para elle hacer esta crítica dentro del judaísmo, pues ve en la dispersión de la diáspora un principio que debe volver a Israel/Palestina, para que la misma soberanía se disperse37Ibid. p. 5, y considera que si las personas de origen judío críticas al Estado de Israel dejan su judaísmo de lado, esto sólo refuerza el interés sionista de igualar judaísmo y sionismo, borrando la importante herencia judía de la lucha por la justicia social38Ibid. p. 19.

Es desde allí que Butler escribe el 13 de octubre su visión acerca de la violencia de la masacre de Hamás y de la respuesta israelí, donde condena ambas sin reparos y se cuestiona qué sería necesario para terminar con tanta violencia en la zonaV39er Butler, Judith. 2023. “La brújula del duelo.”En Revista Disenso, 20 de octubre, 2023. https://revistadisenso.com/brujula-del-duelo/. Así, critica lecturas, como la del Comité de Harvard por la Solidaridad Palestina, que exoneran cualquier responsabilidad de Hamás por culpar exclusivamente al apartheid israelí, pues argumenta que esto le quita agencia a las y los palestinos y justifica la violencia, cuando en realidad se quiere terminar con ella. No obstante, para Butler es importante, tal como señala este comité, contextualizar la masacre dentro de una larga historia de violencia colonial israelí contra el pueblo palestino, donde éste se enfrenta cotidianamente a la muerte, ya sea lenta o inmediata40Ibid, Butler escribe en referencia a la carta del Comité de Harvard por la Solidaridad Palestina.. De este modo, para elle, la manera de terminar realmente con la violencia en la zona es acabar con el dominio colonial israelí, pero considera que para esto son necesarias estrategias no violentas, pues éstas son las que más ayudan a crear un mundo sin violencia41Para profundizar sobre esto, ver Butler, Judith. 2021. La fuerza de la no violencia. Manifiesto de la lucha política por la igualdad social con una ética de la no violencia. Buenos Aires: Paidós..

Es así que ve en la base de este conflicto la relación israelí con las víctimas palestinas que no logran asimilar y con cuyas familias, mucho menos, empatizan42Para profundizar sobre esto, ver Butler, Judith. 2004. Precarious Life: The Powers of Mourning and Violence. NY: Verso.. De esta forma, reconoce un racismo en la perspectiva israelí que diferencia entre las vidas que merecen luto o no, aquellas que tienen o no tienen valor, las consideradas humanas o las ya animales. Es por esto que considera crucial para el fin de la violencia el reconocimiento israelí de que todas las vidas merecen igualmente un duelo, uno aún pendiente para las miles de víctimas palestinas, no sólo del actual ataque, sino de los 75 años de colonización. Porque no podrá existir ningún futuro verdaderamente pacífico sin antes haber nombrado y enfrentado la violencia en todas sus formas, incluyendo la del Estado de Israel.

Sin embargo, para lograr esto Butler ve que será necesario combatir la campaña sionista de censura y represalias contra activistas por Palestina, de la que fue víctima no solo elle, sino también el comité de Harvard recién criticado en el previo artículo. En efecto, escribe denunciando el acallamiento y acoso al comité, además de a otros opositores al genocidio, desde un ataque que equipara anti-sionismo y anti-semitismo, intentando invalidar cualquier defensa que no sea de lo indefendible. Pero nos insta Butler a no dejarnos silenciar por la campaña de censura, que “es siempre el instrumento del débil” y que necesita en este caso el Estado de Israel para poder matar con tal magnitud e impunidad43Ver Butler, Judith. 2023. “There can be no critique.” En Boston Review, 13 de diciembre, 2023. Traducción propia al español. https://www.bostonreview.net/articles/there-can-be-no-critique/. Para Buter, debemos encontrar formas no violentas de enfrentarnos al genocidio y a la violencia estatal israelí, denunciando su injusticia, cuestionando su narrativa, boicoteando, dejando de invertir y sancionando al Estado de Israel. Es por esto que pertenece hace décadas al movimiento BDS, reconociendo en estas tácticas políticas y económicas efectivas prácticas no violentas que puedan combatir las injustas políticas israelíes, sin implicar en ningún caso antisemitismo. Porque Butler lo deja claro: “El Estado de Israel no representa al pueblo judío. (…) Aunque afirman hacerlo y obtienen un gran crédito político de ello”44Butller, Judith. “Judith Butler on BDS and Antisemitism”. Entrevista a Butler de Jewish Voice for Peace. Video subido el 21 de agosto, 2017.  https://www.youtube.com/watch?v=zkAX9KIK3EM&ab_channel=JewishVoiceforPeace. Para elle, así, es fundamental distinguir entre sionismo y judaísmo, pues mientras ve en el primero una política colonial, censuradora y genocida, encuentra en el segundo valiosos recursos para oponerse al primero, desde una crítica al nacionalismo y la violencia estatal, a una ética de cohabitación y de duelo comunitario.

Comencé este ensayo con una pregunta: ¿quién es responsable del genocidio palestino? En este momento, puedo concluir que la respuesta no es única, ni simple, sino que contempla diversos actores con distintos matices en su responsabilidad. Podemos dividirla en dos partes: una situada territorialmente, comprendiendo a los gobiernos israelíes, la sociedad israelí, Hamás y el pueblo palestino; la otra identitariamente, distinguiendo entre sionismos y judaísmos. En cuanto al primer nudo, podemos reconocer en nuestra historia que quienes han tenido mayor responsabilidad en este conflicto son justamente quienes han tenido un mayor poder de acción. En este sentido, son primero los gobiernos israelíes quienes, luchando por su existencia como colonialistas en un mundo árabe, han expulsado, oprimido y aniquilado paulatinamente a la población palestina nativa, desde la creación del Estado en 1948 hasta, más claramente, el exterminio actual.

En segundo lugar, considero al grupo de Hamás, que efectivamente fue responsable de la horrible masacre y el aterrador secuestro del último octubre, de múltiples atentados previos contra la sociedad israelí y de una malversación de fondos que ha colaborado con la precaria situación de la población gazatí. Pero me parece que, por su brutalmente asimétrica capacidad militar con Israel, no ha podido antes, ni se ve que podrá después, ser una amenaza real para la población israelí, una que justifique realmente una guerra horizontal y no una invasión tan vertical de Israel contra Palestina. Efectivamente, hasta en la existencia de este grupo terrorista veo un grado de responsabilidad en los gobiernos israelíes, no directamente por sus acciones, pero sí por financiarlos y propiciar su surgimiento como resistencia armada ante la colonización.

En tercer lugar, sitúo a la generalidad de la sociedad israelí, pues veo en esta nación la responsabilidad de haber votado continuamente por gobiernos que abogan por oprimir al pueblo palestino y por reconquistar las tierras históricas. Además, esta sociedad que, casi entera, ha servido por años en el servicio militar, no sólo ha apoyado esta política con votos, sino en concretas acciones marciales: controlando a palestinos y palestinas en sus múltiples fronteras, vigilándoles, raptándoles o matándoles, por la seguridad de la patria. Más aún, a partir de las sesgadas y nacionalistas prensa y educación, que refuerzan la paranoia y victimización ante una inminente aniquilación judía, hemos visto una intensificación del racismo en esta población, que hoy denigra, menosprecia e invisibiliza los rostros palestinos, sin ningún resquemor. Ahora, considero importante no responsabilizar transversalmente a toda la sociedad israelí. Pues, aunque en su mayoría veo que sigue la anterior descripción, también veo dentro de esta nación una resistencia activa ante el régimen dominante, que va desde objetores de conciencia, a Nuevos Historiadores o incluso ex militares45Ver ONG Breaking the Silence (BTS). https://www.breakingthesilence.org.il/ que, arriesgando prisión, cuestionan y denuncian el papel del ejército en la injusta ocupación.

En este nudo, y en contra de las palabras del presidente israelí Isaac Herzog46Ver noticia en https://www.swissinfo.ch/spa/israel-palestina_herzog-responsabiliza-a-toda-la-franja-de-gaza-del-ataque-y-justifica-intensos-bombardeos/48884210, es en último lugar que veo a la sociedad palestina como responsables de su propio genocidio47En el nudo político territorial, existen más actores secundarios que los nombrados. En distintos grados, hay otros países a los que también se les puede asignar cierta responsabilidad menor en la pugna y el genocidio. Vale destacar el rol de países árabes circundantes, y de Irán, que han tomado la bandera palestina como símbolo de lucha antisionista y antiimperialista, casi sin abrirles las puertas a las y los refugiados palestinos. Al mismo tiempo que ha sido fundamental el rol paternalista de EEUU con Israel, que le ha servido de apoyo militar y político en el exterminio palestino, por sus intereses imperialistas en la zona. Sin embargo, este ensayo tampoco ha querido ser completamente exhaustivo y se ha centrado en las responsabilidades más directas al conflicto y cercanas también a mi persona, pues considero que los distintos matices de responsabilidades pueden (y deberían) disgregarse al infinito, pero mi interés era principalmente cuestionar las centrales responsabilidades del genocidio palestino.. Porque es cierto que cada persona palestina tiene agencia propia y que pudieron no haber votado nunca por Hamás en Gaza, quitándoles el poder de haber iniciado la confrontación actual. Pero bajo las deplorables condiciones en que han vivido su vida entera, sin ninguna salida a vislumbrar, es comprensible la desesperación de su voto por la lucha armada, aunque no hayan podido prever que ésta era una llamada a su propia aniquilación. De todas formas, también han muerto a manos israelíes quienes no votaron por Hamás, o que votaron, pero nunca militaron en él; incluso quienes, frente a las peores condiciones, eligieron un camino distinto: de la salud, la educación, el periodismo, la poesía, por el porvenir de su nación. Palestinas y palestinos de todas las edades, situaciones, creencias, oficios y profesiones, han muerto transversalmente, llegando a manifestar incluso —en su condición de refugio, impotencia e indefensa, como reconocía Arendt— la más absoluta de las inocencias.

En cuanto al segundo nudo, considero necesario reforzar la diferencia entre sionismo y judaísmo, donde hemos visto en el primero una ideología política variada, pero que generalmente busca conservar hoy, o incluso expandir, un Estado con supremacía judía y un régimen colonial con Palestina; mientras que el segundo puede ser considerado como religión, pueblo, cultura o nación, representando a diversas expresiones de un grupo humano heterogéneo, pero con una larga herencia histórica y cultural compartida. Así, es cierto que existe una dominante tradición que ha aliado efectivamente sionismo y judaísmo, convirtiendo al segundo en la nación defendida por el nacionalismo del primero. Pero hemos visto también que desde el principio del sionismo hubo una contestación del judaísmo, poniendo en cuestión sus preceptos teológicos, sus soluciones políticas, sus fundamentos éticos o sus historias nacionales. En efecto, a pesar del interés sionista en su indistinción, considero fundamental reconocer que el pueblo judío es diverso, en gran parte diaspórico y que no es representado por el Estado de Israel.

Fue en la tradición judía, de hecho, que pude encontrar pensadores que me permitieran cuestionar hasta qué grado es nuestra comunidad responsable del genocidio sionista. Me sirvió Arendt para distinguir primero entre culpa y responsabilidad, donde reconocí que puedo sentir un grado de responsabilidad frente al genocidio, por mi identidad judía e israelí, pero que debo diferenciarla de la culpa, pues no fueron mis acciones directas las que ocasionaron esta tragedia. También me inspiró ella en cuanto a reconocer cómo procesar esta responsabilidad judía, denunciando las injusticias de quienes actúan en mi nombre, apartándome del sionismo para poder vivir conmigo misma sin sentirme una asesina, y defendiendo a quienes, como mis antepasados y antepasadas, no tienen quien les ampare.

Hallé en Levinas una comprensión mucho más amplia de responsabilidad para con el Otro, que de alguna manera nos hacía responsables del genocidio a todas las personas videntes de los rostros palestinos, pues su infinita trascendencia nos debería instar a protegerles siempre, absoluta e ilimitadamente. Al mismo tiempo, pude ver en él una disonancia entre su ética judía y su política sionista, donde no podía sino contradecir sus preceptos morales del respeto al Otro para fundamentar su matanza, por la seguridad de un pueblo sobre otro.

Finalmente me encontré con Butler, quien me ayudó a profundizar en fuentes judías críticas al sionismo, desde una oposición al nacionalismo y la violencia estatal hasta una ética de duelo comunitario y cohabitación. Me sirvió además de guía frente a la condición actual, con sus críticas anti sionistas y coloniales, sus cuestionamientos ante la censura israelí y sus reflexiones acerca del fin de la violencia en Israel y Palestina, a partir de una resistencia no violenta ante las injustas políticas israelíes.

A partir de lo anterior, sí encuentro cierta responsabilidad especial en nuestro pueblo judío frente al actual genocidio, una que no debería llevar en ningún caso al antisemitismo o al auto martirio, puesto que no somos culpables, pero que sí nos debería instar a alzar la voz frente a los horrores cometidos en nuestro nombre. Me siento responsable, primero, de ver el rostro palestino del prójimo, reconociendo su trascendencia, su desamparo, escuchando su mandato de “No matarás” y siguiendo una política coherente con esta ética.

Me considero responsable por mi herencia como judía a solidarizar con otros pueblos perseguidos, dominados, aniquilados, incluso si es en las manos de mi propio pueblo. Pues vuelvo a aprender, año a año en la celebración de la libertad de Pesaj, que no seremos libres hasta que todos los pueblos sean liberados. Puesto que está escrito: “No oprimas a los extranjeros. Tú sabes lo que es ser extranjero, porque tú también fuiste extranjero en la tierra de Egipto”482010. Santa Biblia. Nueva Traducción Viviente, Tyndale House Pub, Éxodo 23:9.

Me creo responsable de seguir en mi vida el precepto de Tikún Olam, intentando reparar este mundo tan roto, combatiendo la violencia con la no violencia, luchando cotidianamente por la justicia social y procurando dejar el mundo mejor, y no peor, de cómo lo encontramos. Pero más aún, me veo responsable, no tan sólo como judía, sino como humana, a no callar, sino denunciar y oponerme activamente al horror del genocidio palestino.


Imagen de portada, Pablo Zamorano, @Locopek

Deja una respuesta

Your email address will not be published.