/

Rodrigo Karmy Bolton, El pacto quebrado

Apuntes sobre el problema de clases en la cuestión palestina.

Comenzar
634 visitas

1. Burguesía

“Si realmente el islam político –escribe Nazih Ayubi- es un movimiento de clases medias y particularmente de una intelligentsia, esta afirmación seguramente necesitará alguna explicación. De forma concisa, puede afirmarse que mientras las clases medias se han ido expandiendo proporcionalmente en la mayoría de las sociedades árabes, sus expectativas de mejora (estimuladas en particular por la adquisición de una mayor educación y por el traslado a los centros urbanos) se han visto gravemente frustradas a causa de la naturaleza restringida del desarrollo económico en estas sociedades.”1Nazih Ayubi El islam política. Teorías, tradición y rupturas. Ed. Bellaterra, Barcelona, p. 225. Las investigaciones de Nazih Ayubi son pormenorizados análisis de clases sobre las sociedades árabes. En este pasaje, Ayubi introduce el vector clase justamente para ir más allá de los habituales análisis “culturalistas” que se hacen del islam político. El pasaje es clave toda vez que expone la crudeza material de la máquina mitológica que configura al islam político: se trata de clases medias que, desde el punto de vista de Ayubi, han accedido a dos campos fundamentales pero que, a la vez, han visto frustrado su desarrollo: por un lado, la “promesa incumplida de la educación” de la que miles de jóvenes egresan sin posibilidad de empleos dignos o lisa y llanamente de desempleo crónico; por otro la “promesa incumplida de la urbanización” donde familias se trasladan a las ciudades y solo encuentran viviendas de mucha precarización con hacinamiento que generará un contacto permanente con el “subproletariado”. Tendencia que, durante la neoliberalización de las sociedades árabes experimentadas en las últimas décadas, se agudiza en un proceso que precarizará a las clases medias hasta destruir sus expectativas.

Si extrapolamos la tesis de Ayubi hacia el proceso de clase sobrevenido en el mundo euroasiático en el que se inscriben las sociedades árabes, nos encontramos con que el B.R.I.C.S expresa precisamente la puja por la consolidación de una burguesía euroasiática, o de varias burguesías postcoloniales asiáticas muy diversas que se unifican entre sí para desafiar el histórico monopolio de la burguesía euroatlántica sobre los medios de producción, que hasta ahora ha “frustrado” su despliegue. Sin embargo, es importante atender las consideraciones que realizara Félix Guattari sobre la cuestión de la clase cuando, caracterizando la emergencia de la burguesía contra la tradicional aristocracia apelaba a que la primera era, ante todo, un conjunto de “equipamientos colectivos” desplegados desde una “revolución molecular”2Félix Guattari Líneas de Fuga. Por otro mundo de posibles. Op.cit.. Como tal, la burguesía surgió desde la sociedad, transformando la sociedad completa, en sus formas de producción, dispositivos, prácticas antes que erigirse en una clase dominante.

Podríamos decir que las burguesías postcoloniales euroasiáticas están experimentando el mismo proceso después de años de articular “equipamientos colectivos” que les ha permitido desafiar el monopolio de la burguesía euroatlántica. A su vez, la observación guattariana permite entender que por el término “clase” no designamos aquí a una sustancia sino la irrupción de la transversalidad de una fuerza histórica y política, tal como lo concibe Andrea Cavalletti3Andrea Cavalletti Clase. Ed. Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2014.. Precisamente por la emergencia de la burguesía euroasiática es que las mutaciones geopolíticas sobrevenidas no han impugnado al capitalismo contemporáneo en cuanto tal sino tan solo al monopolio euroatlántico y su histórico orden liberal cristalizado en los Estados Unidos y Europa y, quizás por eso, sea la crítica decolonial y no una crítica anti-capitalista lo que permita entender la insuficiencia de la crítica “oficial” del presente.

Ahora bien, si existe una excepción a la relación entre islam político y “clases medias” es la de Arabia Saudita y varias de las petromonarquías. En el caso saudí, al ser el único país árabe que no experimentó los embates de la colonización occidental, su reforma islámica desarrollada desde el siglo XVIII que moderniza al islam en la forma del wahabismo (un islam que permite la entrada del capitalismo en la región), no identificó a este último con las “clases medias” sino directamente con la clase dominante cristalizada en la monarquía4Madawi Al Rasheed A historiy of Saudi Arabia. Ed. Cambridge University Press. Cambridge, 2010.. En este sentido, la burguesía saudí articulada desde la monarquía fue siempre parte inmediata del dominio atlántico gracias a la explotación rentista del petróleo.

De manera más precisa, digamos que no se trata, simplemente, de dos burguesías enfrentadas sino de cómo el ordenamiento apuntalado por la clásica burguesía euroatlántica devino Imperio y, precisamente por esto, produjo las condiciones de posibilidad para que la burguesía euroasiática, en virtud de las formas post-fordistas de producción y el nuevo carácter descentrado del poder, pudiera encontrar un camino de expresión política que aún no consigue del todo. En otros términos, se trata de una burguesía que se halla en pleno proceso de acumulación económica pero que aún no alcanza una forma de expresión propiamente política.

Así, no se trata simplemente de nuevos países imperialistas o de antiguas religiones enfrentadas sino del proceso de homogeneización del mundo en el que la clásica burguesía euroatlántica desplegada en el plexo necropolítico del Imperio ve amenazado su histórico monopolio por la irrupción de la plural burguesía euroasiáticaque ha instalado sus “equipamientos colectivos” a favor de imponer sus prerrogativas. En otros términos, el mismo despliegue de la histórica burguesía euroatlántica que fraguó su dominio sobre el planeta en la forma de los clásicos imperialismos, se consuma en la forma Imperio y posibilita la emergenciade las burguesías euroasiáticas que desafían su histórico dominio. Precisamente en virtud de dicha homogeneización del planeta es que el actual estado de las cosas puede traducirse en una guerra civil planetaria.

A esta luz, podríamos decir que, en términos de la relación entre economía y poder, se trata de dos burguesías que pugnan por el dominio del flujo del capital y que asumen la cuestión del capitalismo de manera inversa: la euroatlántica concibe el poder político desde la preeminencia del poder económico, la segunda, desde la preeminencia del poder político desde el cual se funda el poder económico. La primera constituye un capitalismo de la oikonomía (la democracia liberal), la segunda un capitalismo político (dinastías).

Lejos de las teorías culturalistas que fomentan la interpretación sobre el “choque de civilizaciones” o de la geopolítica que sigue capturando la multiplicidad de la fuerza en el paradigma estatal-nacional, es menester trazar una crítica al islam político en el sentido en que éste ha devenido parte de la lucha mundial de las burguesías euroasiáticas por emanciparse del dominio euroatlántico. De ahí el uso del vocabulario musulmán como vocabulario del “sur” político5Francois Burgat El islamismo cara a cara- Ed. Bellaterra, Barcelona, 1996..

Sin embargo, habría que subrayar la existencia de un proceso histórico absolutamente clave para el devenir de las burguesías del mundo árabe: si el proceso de descolonización configuró a las burguesías nacionales en la forma de proyectos políticos secularistas (el panarabismo), este segundo proceso de descolonización que puede advertirse en la emergencia de la burguesía euroasiática, invirtió la cuestión ideológica porque los proyectos secularistas (el nacionalismo) que habían prometido una lucha anti-colonial que favoreciera a la burguesía nacional, desde la guerra de 1967 y la posterior firma de los acuerdos de Camp David en 1979 entre Egipto e Israel, devino parte de la oligarquía financiera global hegemonizada por la burguesía euroatlántica. Se cumplió, para los proyectos nacionalistas, lo que Franz Fanon había advertido a propósito de la burguesía argelina: “La burguesía nacional va a complacerse sin complejos y muy digna con el papel de agente de negocios de la burguesía occidental.”6Franz Fanon Los Condenados de la Tierra. op.cit. p. 140. En vez de transformar a la nación dicha burguesía terminó convertida en una “correa de transmisión” –dice Fanon- de la burguesía euroatlántica o, si se quiere, la otrora burguesía nacional, con su proyecto de emancipación histórico terminó inserta al interior del dominio de la burguesía euroatlántica. Así, el proyecto nacionalista árabe perdió fuerza, se adaptó a las prerrogativas de las potencias occidentales y dejó de lado la narrativa anti-imperialista para plegarse “sin complejos” -dirá Fanon- a los derroteros del Imperio.

En la situación Palestina el proceso de pliegue de la precaria burguesía nacional –burguesía palestina capturada por la burguesía sionista como enclave colonial de la burguesía euroatlántica- se cristaliza en el complejo paso del Yasser Arafat de la Organización por la Liberación de Palestina (OLP) al Arafat de los Acuerdos de Oslo desde 1992; del Arafat anti-colonial al Arafat de la actual Autoridad Nacional Palestina (ANP). Si traducimos este proceso en la jerga imperial, diremos que todo va desde el liderazgo palestino articulado en la forma de un “bárbaro” (la OLP) a su docilización en la forma del “buen salvaje” (ANP). Así, dado que el proyecto nacionalista secular terminó por legitimar a una clase palestina subsidiaria de la burguesía euroatlántica ¿qué fuerza puede hacerse cargo de la potencia de liberación y justicia a la que aspira el pueblo palestino? El nacionalismo secularista, por esta razón, yace agotado en la medida que fue convertido en la clase dominante subsidiaria de la burguesía euroatlántica y su proyecto colonial. La intifada de 1987 y la del 2000 entre otras sublevaciones, ponen de relieve ese agotamiento, pues, de un modo intempestivo y popular, muestran que no existe fuerza política suficiente para conducir un proceso de liberación nacional.

En la medida que el nacionalismo secular palestino se vuelve parte del poder euroatlántico que debía derrotar, emerge el islam político como una fórmula posible para abrir espacios que proyecten la apuesta emancipatoria, en la medida, que las clases medias quedan abandonadas por el proyecto nacionalista que ahora disfruta de un poder de clase que no tenía gracias a los goznes institucionalizados por la Autoridad Nacional Palestina. Si los nacionalistas se vuelven nuevos oligarcas del capitalismo financiero y global, las clases medias, dirá Ayubi, ven “frustradas” sus posibilidades de desarrollo será el islam político, con toda su diversidad interna, el que ingresa para interpretar y conducir esa “frustración”. Ahora bien, en la situación palestina las “clases medias” que Ayubi analiza en Egipto, en rigor, han sido totalmente degradadas y proletarizadas en mayor medida que en el resto de los países árabes justamente por la existencia de la colonización sionista. La transformación de los palestinxs en “refugiados” desde 1948 es, quizás, uno de los procesos que explican dicha degradación.

En virtud del elemento clasista subrayado por Ayubi, podemos decir que la máquina mitológica del islam político no es una articulación atávica o milenaria del islam tradicional, sino una articulación propiamente moderna. Si se quiere, constituye un “mito técnico” en el sentido que lo propone Furio Jesi7Furio Jesi Literatura y Mito op.cit.. En este sentido, el límite histórico y político del islam político no pasa por el elemento islámico sino por su carácter burgués; su problema no es el carácter “religioso” que inspira sino justamente la fuerza material que expresa. La afirmación de Samir Amin, según la cual, el islam político podría constituir un eurocentrismo invertido resulta más que pertinente para subrayar el límite propiamente moderno de dicho discurso8Samir Amin ¿Primavera árabe? Ed. Viejo Topo, Buenos Aires, 2013.. Tal como podemos advertir en pensadores como Seyyed Qutub, su metafísica es la misma: el “sujeto” histórico ya no es la “nación” sino el “islam”, no es el “árabe” sino el “musulmán”; pero se trata de un “sujeto” propiamente soberano característico del horizonte moderno. Sin embargo, nunca hay que olvidar que el islam político porta consigo la tensión entre ser un “mito técnico” y un “mito genuino” que ofrezca una emancipación colectiva, ahí donde ha experimentado la fisura de clases expresada en las teologías de la liberación islámicas, fieles a la potencia popular y a la creación de nuevas formas de vida9Hamid Dabashi Islamic Liberation Theology. Resisting the Empire. Ed. Routledge, New York, 2008..

2. El Pacto

Si el 7 de Octubre de 2023 devino un acontecimiento ha sido, esencialmente, porque hizo implosionar el pacto colonial vigente en Palestina cristalizado en los Acuerdos de Oslo. Negociados entre 1992 y 1993, por parte de la OLP e Israel, Oslo consolida una matriz de prácticas jurídicas y administrativas que permiten renovar la histórica y asimétrica gubernamentalidad colonial en la que el colono goza de impunidad y el colonizado de total abandono.

La clave del 7 de Octubre de 2023 fue que la arremetida de las milicias palestinas lideradas por Hamás, quebraron el pacto colonial de Oslo en una sublevación cuya composición de fuerzas se ha ido fraguando durante décadas. Es importante subrayar que la sublevación del 7 de Octubre no fue el inicio del proceso, sino la culminación de un conjunto de formas de resistencias que se habían venido forjando y donde la permanente resistencia de los palestinos gazatíes a los bombardeos israelíes cada vez más cotidianos permitió la composición de fuerzas nuevas y modos de organización que irrumpieron desde la segunda intifada del año 2000 hasta la Gran Marcha del Retorno en 2019; conjunto de irrupciones por las que el pueblo palestino ha expresado su distancia con Oslo y que, podríamos decir, culmina en la actual asonada de las milicias gazatíes lideradas por Hamás en los Territorios Ocupados palestinos. 

Si bien, la noción “clases medias” indicada por Ayubi es pertinente para el caso egipcio, la precarización de esas “clases medias” bajo el dominio colonial en la situación palestina modifica ostensiblemente el panorama: Hamás sigue siendo un movimiento de clases medias profesionales, en este caso, palestinas, pero cuya imbricación con el (lumpen) proletariado palestino resulta ser más que fundamental precisamente por las condiciones de precarización producidas por el dominio colonial sionista. “(Lumpen) proletariado” porque dicha formación no designa una simple fuerza social integrada al sistema de producción y circulación del capital, sino más bien a un resto que, con gradaciones variables (dependiendo de si se está en Cisjordania o Gaza) no cabe en dicho sistema y su devastación. A esta luz, la colonización sionista produce (lumpen) proletariado palestino en masa.

Por esta razón, Hamás ha podido ingresar a los territorios palestinos y no solo constituirse en parte del movimiento de liberación nacional sino también, en el articulador de los diferentes movimientos que otrora pertenecieron a la OLP (el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Frente Democrático, la Yihad Islámica, Fatah de Gaza y otros). Desde que los bombardeos israelíes se han venido haciendo cotidianos, los diferentes movimientos gazatíes han logrado constituir una coordinación de la resistencia.

El pacto colonial, cristalizado en la institucionalidad de Oslo, es precisamente lo que hoy está en cuestión, lo que ha experimentado una implosión decisiva desde que de varias formas de sublevación han tenido lugar en las últimas décadas. Hamás, quien ha capitalizado este momento para sí está, sin duda, intentando construir un liderazgo sobre el movimiento nacional palestino, tal como en algún momento lo realizó la OLP, precisamente porque esta última ha quedado neutralizada y despolitizada por el pacto de Oslo.  

Sin embargo, es necesario hacer hincapié en dos cuestiones clave: la primera es que Hamás no es la misma organización que surgió en 1987 y que articulaba operaciones yihadistas, sino que, al ser una organización político-militar, gira su política con el triunfo en el Consejo Legislativo Palestino en las elecciones del año 2006, convirtiéndose en una verdadera fuerza política e institucional. No abandona la rama militar (brigadas qassam), por cierto, pero la supedita al enclave político-institucional. La segunda, es que Hamás no ha construido legitimidad territorial en Gaza en virtud de su discurso islámico (lo ha señalado Hamás explícitamente en su Declaración del año 2017) sino más bien, gracias a que se apropió del discurso de la resistencia contra la ocupación que en otro momento enarbolaba el nacionalismo secular de la OLP: esto significa que, el triunfo electoral de Hamás en el año 2006 debe ser leído, no como un apoyo al islam político, sino como un modo de mantener vivo el imaginario de resistencia contra la ocupación sionista10https://www.middleeasteye.net/news/hamas-2017-document-full.

Precisamente porque Hamás surge a partir de la intifada palestina de 1987 como una agencia de la Hermandad Musulmana egipcia en Palestina, Hamás se convierte en actor político precisamente en el momento en que Oslo neutraliza a la OLP, en el que el dispositivo colonial impuesto por la burguesía euroatlánticacoopta a la precaria burguesía nacional palestina. En otros términos, si Oslo fue la restitución del histórico pacto colonial que convirtió a la resistencia política palestina en un enclave de la colonización sionista bajo la institucionalidad despolitizadora de la ANP, ha sido Hamás y otros movimientos que no aceptaron Oslo los que han intentado apropiarse del imaginario de la resistencia impugnando directamente a la ocupación. El quiebre del pacto colonial permitió la irrupción de un conjunto de fuerzas que no se expresan en la ANP que, como sabemos, es la institucionalidad de la clase dominante palestina constituida desde hace 30 años por el dispositivo Oslo.

La solidaridad entre los diferentes movimientos en Gaza muestra que hay un interés de clase común entre los movimientos de resistencia palestinos frente a la clase dirigente de la ANP y que, por tanto, la sublevación acontecida no tiene por objetivo la islamización de palestina, sino más bien, la restitución de los Territorios Ocupados que el propio derecho internacional consigna a Palestina (resoluciones 242 y 338) a través de la reactivación de un movimiento de liberación de carácter nacional. Todo ello sin perjuicio de que la facción “exterior” de Hamás (aquella que vive en Qatar e Irán) esté con otros cálculos y otras previsiones de tipo geopolítico que excedan a la propia cuestión palestina y la cruda situación de Gaza. El asunto decisivo es, sin embargo, que la sublevación gazatí acontecida el 7 de Octubre de 2023 cristaliza el quiebre del pacto colonial de Oslo y, por tanto, de pulverización de sus ya escasas promesas.

Ahora bien, el surgimiento de Hamás como sustituto funcional de la OLP no debe ser entendido sin matices: la organización islamista politizó la lucha palestina que había sido hundida en el olvido administrativo impuesto por Oslo. Justamente, la operación de resistencia desencadenada desde el 7 de Octubre de 2023 puede ser leída en la clave de una disputa por proyectar al movimiento Hamás como el articulador de la multiplicidad de movimientos para conducir al pueblo palestino hacia un momento post-Oslo11Leila Seurat Hamas reivindica la dirección del movimiento palestino. En: Le Monde Diplomatique, Enero-Febrero 2024, pp. 24-25..

En este sentido, si el acontecimiento de Octubre dio al vencido una esperanza que había estado ausente por años dejando expuesta, a la luz del día, la vulnerabilidad del vencedor, fue precisamente porque abrió la posibilidad de sustraer la cuestión palestina del enclave de la burguesía euroatlántica representada por el enclave sionista y su proyecto de colonización. A diferencia de Oslo, no se colaborará con ella, no se negociará con ella sin abrir verdaderas posibilidades de emancipación para Palestina; en otros términos, se trata de destruir la máquina sionista y hacerla retroceder. El pacto colonial de Oslo ha sido quebrado porque, nuevamente, la resistencia palestina irrumpió políticamente y ya no se deja gobernar bajo los cánones de la burguesía euroatlántica. Sin embargo, ¿lo hará bajo los derroteros de la emergente burguesía euroasiática señalada?

3. Palestina

No obstante, el quiebre del pacto de Oslo constituye una pieza mínima, pero decisiva, del avance geopolítico de la burguesía euroasiática, ello no autoriza a reducir la cuestión palestina a su agenda. Me interesa este punto: el carácter regional que asumió el conflicto con escaramuzas bélicas en el sur de Líbano con Hezbollah, el lanzamiento de misiles huthíes contra barcos israelíes desde Yemen o el bombardeo israelí en pleno territorio sirio, constituyen piezas de cálculos geopolíticos diferentes que se yuxtaponen a la cuestión palestina que, bajo esta mirada, aparece solo como una guerra subsidiaria más al interior de la guerra civil planetaria desencadenada por las burguesías señaladas.

Sin embargo, la cuestión palestina tiene su historia y su singularidad que, si bien encuentra sus condiciones de posibilidad en los “equipamientos colectivos” desplegados por la burguesía euroasiática, su lucha no puede de forma alguna reducirse a ella. Pues, más allá del enfrentamiento capitalista entre las dos burguesías globales que tienden a homogeneizar al planeta, Palestina expresa a los pobres del mundo, abriendo una singularidad (lumpen) proletaria que juega como un resto frente al orden planteado por la burguesía planetaria; vida exote que se sustrae, una y otra vez, a las mezquindades geopolíticas y los cálculos de los actores regionales e imperiales12Willy Thayer. Ahí donde la burguesía euroatlántica fricciona con la euroasiática tiene lugar Palestina, patria de los pueblos cuya orfandad resulta un denominador común en la escena del presente.

En cuanto pueblo sin Estado, la singularidad palestina –ha subrayado Salar Mameni en una reciente publicación- no puede ser reducida a la agenda iraní, en cuanto expresión del impulso euroasiático13ver https://www.jadaliyya.com/Details/45692?fbclid=IwAR0hgfVA_LnC83ODKLSNmI8GB5tQoBKGvPhTQdE2z6NBu5UJLdNXUSiX0RQ. Los antagonismos entre Israel e Irán surten beneficios mutuos, sobre todo, cuando en el instante post-hegemónico en que vivimos, la guerra y la amenaza permanente permite mantener vigentes a regímenes totalmente corrompidos que solo se mantienen no por la legitimidad, sino por la fuerza. Irán funciona como el reverso especular de Israel, precisamente por eso, están en pugna como parte de la guerra civil en curso. Sin embargo, el asunto “Hamás”, en cuanto sustituto contemporáneo a la otrora forma de la OLP, remite a la historia de resistencia nacional palestina abriendo un tercer espacio no reducible a la lucha Israel-Irán o burguesía euroatlántica versus euroasiática.

Por eso, el asunto no consiste en si se “condena” o no a Hamás, sino si se legitima o no el derecho de sublevación del pueblo palestino, tal como lo consigna el propio derecho internacional14Véase resolución 1514: “La sujeci6n de pueblos a una subyugaci6n, dominaci6n y explotaci6n extranjeras constituye una denegaci6n de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperaci6n mundiales. 2. Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinaci6n; en virtud de este derecho, determinan libremente su condici6n politica y persiguen Iibremente su desarrollo econ6mico, social y cultural.” En: https://documents-dds-ny.un.org/doc/RESOLUTION/GEN/NR0/156/42/PDF/NR015642.pdf?OpenElement. Inclusive si éste asume la forma de un tipo de violencia anti-colonial que siempre tendrá una dimensión asimétrica –y, por tanto, no equivalente- respecto de la violencia perpetrada por el colonialismo sionista.

Nunca habrá que perder de vista que estamos frente al problema del derecho a tener derechos y que, sea vía Hamás u otro movimiento, siempre se trata de la liberación del pueblo palestino cuya potencia está compuesta de múltiples movimientos que se afectan mutuamente y que, por esa razón, no pueden reducirse a un simple tentáculo de Irán: otras agendas, otras apuestas, no obstante, su conexión militar y política.

Donde los mapas y los cálculos se agotan, ahí donde los pobres del planeta pueblan fronteras insospechadas, silenciadas e invisibles, reside Palestina. Como un acontecimiento singular que permanece a pesar del borramiento ejercido por la nakba, Palestina irrumpe como un lugar que no tiene lugar en la cartografía del poder, una tierra invisible para los ojos geopolíticos, pero habitable para los palestinxs.

Podrá ser Hamás quien lidere ese movimiento como en otro tiempo fue la OLP, el problema decisivo no está ahí, sino en cómo el movimiento palestino de liberación nacional sobrevive a sus diferentes expresiones y cómo dicho movimiento no deja de apuntar a la única cuestión que importa: poner fin a la colonización sionista y recuperar la Palestina histórica. Para los palestinxs, no se trata de “paz” sino de “liberación”, no se trata de “acuerdos” espurios como de “justicia”.

Si la burguesía euroasiática cristalizada en Irán se enfrenta a la burguesía euroatlántica del enclave sionista, la cuestión palestina irrumpe como un tercer espacio en el que una precaria burguesía y un masivo (lumpen) proletariado repartido en los bantustanes palestinos, pugnan por ir más allá del pacto colonial que los había mantenido capturados. Se trata de un pueblo en su singularidad que jamás puede reducirse a las geopolíticas de turno.

Imagen clave es la solidaridad que Palestina ha desatado entre los pueblos. Abismo respecto de las geopolíticas de turno, los pueblos se han “palestinizado” no porque permanezcan capturados por los dispositivos necropolíticos del plexo imperial, sino porque, al igual que los palestinxs, intentan sustraerse a ellos, abriendo lugares que la burguesía euroasiática emergente intenta capitalizar. A esta luz, podríamos parafrasear a Martin Heidegger y señalar crudamente: desde un punto de vista metafísico –es decir histórico y político- las dos burguesías en pugna son “lo mismo”15Martin Heidegger Introducción a la metafísica. Ed. Gedisa, Barcelona, 2005.. He aquí la homogeneización capitalista del planeta frente a la cual los pueblos no dejan de resistir e incluso desistir si lo que parece estar en juego es la sustracción a la geopolítica dominante. 


Imagen de portada, Pablo Zamorano, @Locopek

Deja una respuesta

Your email address will not be published.