Cristóbal Olivares Molina, El desencanto como racionalización

Una réplica a Rodrigo Castro Orellana

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La ambigüedad del momento histórico en el que nos encontramos se compensa a través de un abundante cóctel de racionalizaciones. Creo lícito permitirse sospechar de ellas. Digo que es necesario que sospechemos de todo lo dicho —incluso de lo dicho en esta réplica—, y de todo lo que se estará diciendo tras los resultados electorales del pasado 21 de noviembre de 2021. Y es que la estupefacción vivida por el segmento de la población cívicamente activa tras el triunfo parcial de José Antonio Kast —sumado a  los desalentadores resultados de Gabriel Boric— ha dado paso a una proliferación de diagnósticos que tienden a simplificar la coyuntura en términos de un proceso que “ya se veía venir” (por las encuestas) pero que “no se supo interpretar” (por las izquierdas). En principio, tras los resultados de la primera vuelta, todas las responsabilidades parecieron simplificarse en la figura del propio candidato de Apruebo Dignidad (aunque esta noche de sábado del 27 de noviembre, mientras escribo, afortunadamente esa concentración de la responsabilidad se disipa y se disemina en un amplio movimiento ciudadano que reanuda su acción desde la calle hasta las redes sociales).

Respecto a lo anterior, quiero llamar la atención sobre un fenómeno derivado del evento anterior, el cual ha traído en consecuencia un proceso de viralización de “asesores políticos” en redes sociales, cada uno apostando a la receta ganadora para el último de los candidatos de la izquierda en pie, siendo el espacio de mayor difusión masiva, quizá, el generado por las transmisiones de La Cosa Nostra en YouTube1Disponible en https://www.youtube.com/c/LaCosaNostraPodcast. Es en el marco de este proceso viral sobre el que se configuran las racionalizaciones, las cuales voy a definir, en nombre de un freudismo profano, como cierta intelectualización que quiere ofrecer las causas reales de unos eventos demasiado traumáticos para el sentido común. Pues bien, yo diría que lo llamativo de estas racionalizaciones es que siempre son o ultra-pesimistas o ultra-optimistas. El último libro de Alberto Mayol2MAYOL, A (2021). Piñera porno. Clímax y caída de la obscenidad neoliberal. Santiago de Chile: Catalonia., Piñera porno. Clímax y caída de la obscenidad neoliberal es significativamente ilustrativo de este vínculo “intelectualizado” con la realidad, al elaborar una versión donde la derecha aparece —contrafácticamente— en el suelo y derrotada —irreversiblemente—: “Con Sebastián Piñera se muere la derecha que se sintetizó en dictadura y se consolidó en la transición, pero también muere la derecha histórica, oligárquica, hispanista, conservadora. El liberalismo y el conservadurismo parecen sometidos a un proceso luctuoso”3Íbid, p. 11-12.. El problema con las racionalizaciones es que su orientación siempre es engañosa. Su trayectoria neutraliza los desvíos que nos aproximan a los verdaderos motivos tras los hechos, por lo inconcebible y agotador que implica tener que atravesarlos indefinidamente. Así, la racionalización solo se permite a sí misma intelectualizaciones tolerables de unos hechos intolerables, es decir, una explicación simplificada y funcional al estado de cosas. Ahora bien, el desmontaje de la racionalización de los hechos, y de la reconstrucción del relato a partir de los recuerdos, es tarea de un análisis por venir. Lamentablemente los plazos de dicho análisis no se ajustan a la urgencia que exige la coyuntura política. Esta no tiene tiempo para análisis interminables, no obstante, ninguna razón justifica que se debiese renunciar al ejercicio de analizar y sospechar de nuestros propios diagnósticos.

Confieso que la lectura de “Sigue ganando el neoliberalismo. Breve historia del triunfo de la extrema derecha en Chile” de Rodrigo Castro Orellana4CASTRO ORELLANA, R (2021). “Sigue ganando el neoliberalismo. Breve historia del triunfo de la extrema derecha en Chile” en Caja de Herramientas de Revista Disenso. Disponible en https://revistadisenso.com/castro-orellana-neoliberalismo/. me ha dejado perturbado. Sin dejar de ser una interesante reflexión, lo perturbador fue encontrar en él la formulación de un fatalismo sospechosamente racionalizante. De hecho, no pude dejar de asentir sus argumentos en una primera lectura. Pues en efecto, como si de una fatalidad auto-inmune se tratase, tras los resultados de la primera vuelta, la lógica de la estrategia política indica que la izquierda debería renunciar a un discurso explícitamente anti-neoliberal para ganar tiempo y vencer a la extrema derecha. Pero también para salvarse a sí misma de lo que significaría un eventual gobierno de extrema derecha en Chile en el futuro próximo. En última instancia, este fatalismo auto-inmune sostiene que la izquierda debería dejar la radicalidad de sus principios para más adelante, esconder y renegar de los compañeros porque en lo inmediato el panorama es todavía peor, pues de no transar, de no derechizarse, la misma izquierda podría precipitar su derrumbe en el escenario de la disputa política por la presidencia en segunda vuelta.

Respecto a la hipótesis de la “racionalización”, en primera instancia, todo en el artículo de Castro Orellana parece indicarnos lo contrario que intento defender en esta réplica. Lo persuasivo de la “Breve historia del triunfo de la extrema derecha en Chile” radicaría en que conmina a despertar de la ilusión del diagnóstico que la izquierda hizo tras el 18 de octubre de 2019. En efecto, Castro Orellana está invitando a la izquierda a despertar de una racionalización optimista del proceso abierto tras los hechos del 18 de octubre de 2019. De hecho, este “despertar del sueño dogmático” ya tuvo lugar durante toda la jornada del 21 de noviembre de 2021 y cerca de la noche de ese mismo domingo ya se imponía como sentido común. Evidentemente la izquierda se había equivocado en su estrategia. Lo reconocieron sus dirigentes y los medios de comunicación lo exacerbaron. Para Castro Orellana, aparentemente las jornadas insurreccionales de fines 2019 y comienzos de 2020, con sus mediáticos saqueos del comercio, no se podrían explicar en última instancia ni como revolución ni como revuelta popular, sino que más bien como el salvaje relajamiento de una poderosa pulsión de consumo, rigurosamente limitada en las capas populares: «La imagen de hordas saqueando tiendas y llevándose televisores o cualquier otro aparato electrónico resulta muy ilustrativa de mi argumento»5Íbid.. Sin embargo, más allá de este recuerdo compulsivamente mediatizado por los noticieros que traigo a colación, ¿hasta qué punto la izquierda se ha permitido mirar directamente al núcleo de su desventurado error?

Lo cierto, a mi juicio, es que en los términos formulados por el autor de la “Breve historia”, la “amarga verdad” que se propone exhibir calza perfectamente con el estado de ánimo posterior a las malas noticias de la noche del 21 de noviembre de 2021. En otras palabras, la “amarga verdad” efectivamente proporciona sentido al anonadamiento que producen inmediatamente los resultados de la primera vuelta de las presidenciales. Lo que me corroe de su diagnóstico es que, hoy por hoy, asumir rápidamente la “amarga verdad” en la derrota política (parcial) parece ser más tolerable y fácil de digerir que la necesidad de insuflar esperanza en los “afectos populares”6KARMY, R (2021). “¿Fue vencido el octubrismo?” en Caja de Herramientas de Revista Disenso. Disponible en https://revistadisenso.com/rodrigo-karmy-bolton-octubrismo/ o la necesidad de reanudar las promesas de la lucha por una política democrática.

Vayamos al texto. Comienza preguntando Rodrigo Castro: “¿Y cómo es que en el país de la revuelta social y de la primera constitución paritaria de la historia, estaría próximo a ganar las elecciones un candidato de extrema derecha?”. La hipótesis del autor es que desde 1988 el neoliberalismo no ha dejado de triunfar. En efecto, el neoliberalismo parece haber vencido el 21 de noviembre de 2021 con el primer lugar de José Antonio Kast pero paradójicamente también habría triunfado el 18 de octubre de 2019 con el estallido social. Pues la verdad de los hechos es que lo único que habría sido puesto radicalmente en crisis en Chile es el régimen político sustentado por la Constitución de Jaime Guzmán. En otras palabras, la democracia liberal se desintegra, pero la matriz económica permanece intacta: “El neoliberalismo sigue ganando y lo hace por paliza”, dice Castro Orellana ya hacia el final de su artículo. En cierta forma, para el autor el resultado del 21 de noviembre no viene más que a confirmar un proceso irreversible de destrucción de la institucionalidad política, el cual sería irreductible a la lógica neoliberal. En este contexto, la existencia de la Convención Constitucional no vendría a reflejar ningún esfuerzo “de modificación sustantiva y reflexiva del modo de vida neoliberal” sino que, más bien, habría ofrecido la instancia para estabilizar las condiciones sobre las cuales el goce hedonista del consumo puede ampliarse hacia el conjunto de la población. De este modo, entre 1988 y 2021, no pudo haber ocurrido otra cosa que la insistente victoria de la “subjetividad neoliberal”. En resumen, no quedaría nada por hacer, dice el autor, excepto «contemplar el avance progresivo de la devastación neoliberal y mirar con estupefacción lo que viene», pues en cierto modo se trataría del porvenir de la trayectoria del neoliberalismo en el mundo: ganar siempre, incluso cuando pierde: “Mirad a Chile con atención porque hay algo del futuro que se está escribiendo allí.”

Lo que me hace sospechar de este diagnóstico fatalista es la referencia estética sobre la que reposa su punto de vista de la reciente historia de Chile, particularmente en su intento de exponer cómo es que hemos llegado al 21 de noviembre de 2021. Este punto de vista contingente se apoya sobre cierta mirada trascendental, nada de ingenua, y que es cinematográfica.

A propósito del cine, decía Kracauer, en De Caligari a Hitler7KRACAUER, S. (1985). De Caligari a Hitler. Historia psicológica del cine alemán. Barcelona: Ediciones Paidós., que al “registrar el mundo visible —trátese de la realidad cotidiana o de universos imaginarios—, las películas proporcionan claves de los procesos mentales ocultos.”8Íbid, p. 15. Por eso nunca deberíamos subestimar el imaginario que moviliza el cine en la reflexión estético-política.

De hecho, podemos inferir lícitamente que la condición de posibilidad de la hipótesis que Castro Orellana desenvuelve es precisamente la mirada cinematográfica puesta en obra en No9LARRAÍN, P (2012). No. Fábula Films., y esto es muy decidor –¡ni más ni menos!–. Para Castro Orellana, la espectral mirada de No es una mirada que él piensa puede ver de vuelta, tal como No lo mira a él, y que este reflejo especular sería suficiente para validar su hipótesis fatalista de la coyuntura política asociada al 21 de noviembre de 2021. Ahora bien, considero que el ejemplo traído a colación por Rodrigo Castro, en tanto clave de lectura, no podría haber sido más desafortunado y a la vez más ilustrativo del desencanto intelectualizado que cruza la “Breve historia del triunfo de la extrema derecha en Chile”. Detenernos en el recurso cinematográfico nos ilustra sobre cómo los mecanismos de la reproductibilidad técnica determinan la imagen histórica y en consecuencia la mirada que se pueda derivar de ella. Nos permite aproximarnos críticamente al montaje de un determinado juicio histórico-político acerca de nuestro tiempo. Considero que en esta época de viralización absoluta del punto de vista de la cámara dicha aproximación se vuelve obligatoria.

Como es sabido, la película en su momento fue polémica por el desafortunado reduccionismo publicitario que ofreció de los acontecimientos que llevaron al triunfo del “No” en el plebiscito de 1988, y todavía más por la hipótesis que deslizaba retóricamente (pues la disfrazaba de pregunta) Pablo Larraín en una entrevista del 26 de mayo del año 2012 en el diario La Nación: que el plebiscito legitimó el legado de Pinochet en Chile y que la centralidad de la campaña publicitaria evidencia la consolidación de una cultura neoliberal que ya se encontraba haciendo su discreto trabajo de allanamiento de los lazos comunitarios, el allanamiento despolitizante de una ciudadanía ilusamente politizada. Toda la lucha política nacional y la solidaridad internacional, el sacrificio de los militantes y el martirio de la ciudadanía organizada en los años ochenta no habría sido un factor decisivo en esta nueva época de la subjetividad neoliberal.

Con todo, el análisis que Nelly Richard desarrolló en “Memoria contemplativa y memoria crítico-transformadora”10RICHARD, N (2014). “Memoria contemplativa y memoria crítico-transformadora. Sobre la película No de Pablo Larraín” en  laFuga, 16. Disponible en: http://2016.lafuga.cl/memoria-contemplativa-y-memoria-critico-transformadora/675 es muy esclarecedor respecto a la construcción de una mirada desmovilizadora y despolitizante en No. Mirada contemplativa que a mi juicio Castro Orellana reproduce ciegamente en su evaluación de los resultados del 21 de noviembre de 2021.

En “Memoria contemplativa y memoria crítico-transformadora”11Íbid, posicionando la temática de la huella en el centro de la crítica de No, y distinguiendo el ámbito de la memoria de la postmemoria (que no voy a desarrollar aquí), la autora sostiene que la operación a la que da lugar la obra de Pablo Larraín es una donde los espectadores no tienen posibilidad de replantear críticamente su vínculo con la historia y la evaluación de los hechos ya acontecidos, en la medida que la operación semiótica adopta una mirada que tiende a borrar la diferencia del presente con el pasado: por una parte, la mirada del presente se viste con la estética del pasado (literalmente el reproducir las imágenes con cámaras y técnicas retro de los años ochenta), y por otra, el pasado se muestra desde la perspectiva de un presente donde el neoliberalismo ha triunfado por paliza (y que también sería nuestro presente, especialmente tras los resultados que favorecieron a José Antonio Kast en primera vuelta). Según Richard, la “operación de anacronía” como “recurso semiótico” le permite a No satirizar y despojar de toda gesta heroica los acontecimientos que llevaron a ponerle fin a la dictadura militar en Chile, neutralizando el profundo sentido antagonista del “Sí” y el “No”, precisamente al deslizar la tesis de que en, última instancia, el neoliberalismo gana en cualquiera de los dos casos. La autora sostiene, y bien argumentadamente, que No reduce la posibilidad de abordar el pasado de una forma transformadora por los espectadores, excluyendo del foco la huella (de la memoria mesiánica, diríamos) que bien podríacapacitar una desarticulación de la continuidad entre el presente neoliberal y el pasado pinochetista.

En su artículo Nelly Richard señala la evidente exclusión, en la operación semiótica de No, de la ruptura del relato neoliberal implicada en los eventos ligados al movimiento estudiantil del 2011, que, de haber sido tomada en cuenta, tal vez hubiera permitido replantear cinematográficamente en la obra, a casi cuarenta años del golpe militar y a casi veinticinco años del plebiscito (el texto de Richard es de 2014) aquello que No restringe a una mirada resignada y cínica.  Pues bien, me parece que una operación similar sucede en la “Breve historia del triunfo de la extremada derecha en Chile” de Castro Orellana, que, al debilitar el sentido antagonista de los eventos del 18 de octubre de 2019, también neutraliza la posibilidad de reanudar una mirada anti-neoliberal en el presente. Impugnando la promesa de las viejas palabras, el autor se pliega al relato de la resignación —relato orquestado por los medios de comunicación y por la derecha chilena— en dirección de una clausura del pasado y del futuro: “La democracia por venir no podía ser otra cosa, por tanto, que un sistema que diera continuidad a los modos de vida y las aspiraciones individualistas modeladas previamente por el mercado. El hecho de que la campaña fuese un factor clave para el estrecho triunfo de la opción “No” en el plebiscito, como se ha reconocido innumerables veces, constituye una prueba de esta amarga verdad.”12Castro Orellana, 2021. Las cursivas son mías.

No voy a tratar aquí toda la evidencia que describe el proceso de malestar generado al interior del modelo neoliberal en Chile. Rodrigo Castro sostiene que no es confiable del todo la hipótesis del malestar, como tampoco las conclusiones que se derivan de dicha hipótesis tales como el eventual “derrumbe del modelo”. Y este escepticismo hacia la hipótesis del “derrumbe del modelo” lo sostiene recalcando el paradójico hecho de que dicho malestar puede convivir con un “bienestar enfermo y delirante”. Si se me permite, diré que precisamente esa es siempre la naturaleza de todo malestar: familiarizarse y desfamiliarizarse con la continuidad de un determinado orden social, y de su necesario trabajo de corrosión interna tanto más cuando lo ominoso del malestar pareciera anunciarse desde un espectral más allá. En cualquier caso, el malestar en sí guarda relación con algo que no puede ser integrado en la subjetividad neoliberal. Una cosa absolutamente intolerable y que no puede ser abordada sino a través de nuevas racionalizaciones. Cuando Carlos Peña intenta explicar que el estallido social responde al anhelo de democratización de los privilegios neoliberales, asimilando el malestar a la subjetividad neoliberal de modo muy similar a Castro Orellana, también está elaborando un ejercicio de racionalización. Una racionalización de derechas, por cierto.

Arriesgando intelectualizar nuevamente los hechos políticos, creo que el discurso de Elisa Loncón el 4 de julio de 2021 resume honestamente buena parte de los anhelos y esperanzas del país, y que da crédito de un deseo muy profundo, de una determinada encriptación libidinal que simplemente no se puede reducir al goce hedonista de la subjetividad neoliberal: “Este sueño es un sueño de nuestros antepasados. Este sueño se hace realidad”13LONCÓN, E (2021). “Discurso de Elisa Loncón al asumir la Presidencia de la Convención Constitucional” el 4 de julio de 2021. Disponible en  https://www.colegiodeprofesores.cl/2021/07/05/discurso-de-elisa-loncon-al-asumir-la-presidencia-de-la-convencion-constitucional/. Cual sea la coyuntura política del 19 de diciembre de 2021, no nos eximirá, en lo porvenir, de analizar la mirada de esos gestos desenvolviéndose ante las cámaras. Más aún, me atrevería a sostener que la contingencia de un resultado electoral nunca podrá suspender la permanencia de un irreversible deseo de justicia alojado en la memoria social de un pueblo, aunque Castro Orellana sostenga lo contrario: “los sujetos apuestan por una opción política o por otra en función del deseo de actualizar y estabilizar su ansia de goce hedonista, aunque esto le parezca un tanto bizarro al observador intelectualizado. La convención constitucional fue sobre todo una expectativa de estabilización de estas demandas populares. Kast o Parisi son otras ofertas equivalentes que se despliegan en el inestable mercado electoral obteniendo mayor o menor verosimilitud; y la enorme masa que se abstiene no está más que a la espera de un producto satisfactorio.”14Castro Orellana, 2021. Las cursivas son mías.

Creo que señalar que la Convención, Kast y Parisi sean equivalentes entre sí en el mercado neoliberal de opciones políticas es una banalización, un despropósito muy sintomático, una racionalización disfrazada de imparcialidad, pero inconscientemente funcional a la facción del país que piensa que el bienestar está asociado a una administración despolitizada (más propensa a la dictadura que la democracia). Así, lo que no dice el autor —pero que no se puede dejar de leer entre líneas, si se me permite— es que el 21 de noviembre demostró que la democracia chilena, al contrario del pueblo de dioses que imaginó Rousseau, siempre habrá terminado referida a un pueblo de idiotas. Muchedumbres sin principios ético-políticos bien asentados, que entre justicia y televisores definitivamente van a optar por los televisores, que entre política y policía preferirán la policía. Un conglomerado de individuos que sólo tendrían como común denominador la marca imborrable de esa ochentera subjetividad cultivada por el neoliberalismo-Pinochet. De lo anterior se sigue la conclusión del texto de Castro Orellana, en la que ofrece un par de consejos al candidato de Apruebo Dignidad reproduciendo esa antiquísima infravaloración que la filosofía pronuncia a propósito del pueblo y de la sensibilidad popular: “Si Boric no comprende esta catastrófica verdad y no se apropia de un relato seductor que asegure la continuidad y estabilidad de los modos de vida neoliberales, será derrotado por Kast. Si Boric no entiende que Chile es significativamente más anticomunista que antineoliberal, será derrotado por Kast.”15Castro Orellana, 2021. Las cursivas son mías. De la mirada neoliberal se sigue necesariamente que el devenir histórico de Chile no puede concebirse más allá del neoliberalismo.

Sinceramente, yo no creo que todo lo que ocurra de aquí al 19 de diciembre dependa del candidato Boric. Aquí hay un round contra la posibilidad real de una eventual década de gobiernos neofascistas, y cuya pelea la debe dar la ciudadanía consciente. Por mi parte, creo que el contra-peso al desencanto de las racionalizaciones fatalistas, que es el tema que aquí me preocupa, es la afirmación de otra mirada, una que ha estado aguardando por nosotros desde hace generaciones, y que nos seguirá esperando todavía el día de mañana. Hablo también de un deseo, o de un relato de esperanza radical, si se prefiere, que no puede doblegarse al miedo de una mala jornada neoliberal, porque su pasión habrá consistido en haber sido incapaz de olvidar la promesa de una vida digna, que en su momento se oyera de entre los grandes estruendos populares del 18 de Octubre del 2019.

Referencias:

CASTRO ORELLANA, R (2021). “Sigue ganando el neoliberalismo. Breve historia del triunfo de la extrema derecha en Chile” en Caja de Herramientas de Revista Disenso. Disponible en https://revistadisenso.com/castro-orellana-neoliberalismo/).

KARMY, R (2021). “¿Fue vencido el octubrismo?” en Caja de Herramientas de Revista Disenso. Disponible en https://revistadisenso.com/rodrigo-karmy-bolton-octubrismo/).

KRACAUER, S. (1985). De Caligari a Hitler. Historia psicológica del cine alemán. Barcelona: Ediciones Paidós.

LARRAÍN, P. (2012). No. Fábula Films

LONCÓN, E. (2021). “Discurso de Elisa Loncón al asumir la Presidencia de la Convención Constitucional” el 4 de julio de 2021. Disponible en  https://www.colegiodeprofesores.cl/2021/07/05/discurso-de-elisa-loncon-al-asumir-la-presidencia-de-la-convencion-constitucional/.

MAYOL, A. (2021). Piñera porno. Clímax y caída de la obscenidad neoliberal. Santiago de Chile: Catalonia.

RICHARD, N. (2014). “Memoria contemplativa y memoria crítico-transformadora. Sobre la película No de Pablo Larraín” en laFuga, 16. Disponible en: http://2016.lafuga.cl/memoria-contemplativa-y-memoria-critico-transformadora/675


Imagen de portada: Sergio Larraín, Valparaíso, 1963.