Patricio Azócar Donoso y Hugo Sir Retamales, Infraestructura y dignidad. Notas sobre el devenir de la revuelta chilena

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El resultado del plebiscito en Chile indica un nuevo estadio de la reacción neoconservadora y oligárquica chilena, así como también un estado anímico de las fuerzas sociales que devinieron con la revuelta del 2019. Desde el archivo de diálogos, entrevistas e intervenciones del colectivo de investigación política Vitrina Dystópica proponemos un ejercicio analítico que busca desafiar el golpe totalitario a la imaginación política en curso. Una exploración en la memoria de las luchas que permita recoger técnicas, estrategias y momentos de vitalización para afirmar la derrota afectiva y recomponer las fuerzas colectivas en nuevas preguntas por el futuro, la alegría y la dignidad. Las reflexiones compartidas tienen lugar en una práctica concreta de reorganización política que llamamos Espacio .tierra, y sobre el cual se fundamenta la hipótesis de que la revuelta no comienza el 18 de octubre del 2019 ni se acaba con el plebiscito del 4 de septiembre del 2022, sino que existe en las infraestructuras afectivas sobre las cuales se sostienen preguntas y prácticas colectivas por la reproducción y multiplicación de la vida.


I. Ni comienzo ni final: la revuelta como devenir

El estallido social y las revueltas en Chile no comienzan el 18 de octubre del 2019 ni se acaban con el plebiscito del 4 de septiembre del 2022. La fuerza de la revuelta fue un bucle intergeneracional que propició las condiciones idóneas para el encuentro entre malestares policromáticos y polifónicos en lenguas aún por explorar y recordar. La intelectualidad progresista dirá que comenzó el 2006 con “la revolución pinguina”, nuestra generación. Pero nosotros a los 16 y 17 años, en ese fulgoroso 2006, no habríamos podido sostener el atrevimiento de las primeras ocupaciones sin el calor aún ardiente de las luchas contra el Crédito con Aval del Estado el 2004, la persistencia de la memoria durante los días del “joven combatiente”, las romerías al cementerio general cada 11 de septiembre y la inquieta insistencia creativa de organizaciones sociales y estudiantiles por otra educación posible. No hay revuelta sin una infraestructura afectiva sobre la cual urdir preguntas incómodas e imposibles que nos permitan devenir, mutar y transfigurar los valores de muerte.

El 18 de octubre del 2019 no tiene origen ni final, expresa la intensidad de una sensibilidad común en el país. Una deriva de un padecimiento individual hacia lo colectivo, al encuentro en la calle con otras y otros desconocidos, que dispone la revuelta como una técnica y estrategia “de rescate”, de persistencia y resistencia, entre un conjunto de muchas otras que diariamente no vemos ni dimensionamos su potencia vital. Devenimos Octubre en la medida que la intensidad de los encuentros callejeros que okuparon el país fueron sostenidos, cultivados y multiplicados por una infraestructura sensible inédita. Como ya en el 20181Ver https://dystopica.org/2018/02/10/compostando-formas-de-vida-no-capitalistas-colectivo-bagual/ en una conversación con el colectivo Bagual y la red de experiencias del Huerto Comunitario Pu Pichikeche y la Biblioteca Popular Marco Ariel Antonioletti señalábamos: “no estamos componiendo un solo discurso de la comunidad sino articulando memorias que se están cada una preguntando, desde sus luchas, por la fuerza de compostar formas de vida no-capitalistas”.

Sin duda, parte de esa capa orgánica está compuesta de las movilizaciones estudiantiles del 2006 y del 2011. Sin embargo, el vigor del desafío y el atrevimiento de octubre no les pertenece sólo a fuerzas instituyentes sino, en gran parte, a la preeminencia ética que le devolvió validez política al hecho de “rescatarse el día a día”. A las prácticas cotidianas con las que afirmamos el deseo de tener una vida, pero no cualquiera, sino una vida digna de ser vivida. Una inquietud ética y política que toma lugar en el corazón de la pregunta por la reproducción de la vida cotidiana revalorizando las artes, técnicas, experimentaciones diarias y micropolíticas con que nos construimos una vida en condiciones hechas para la muerte. Como planteamos junto a Josy Panao y Suely Rolnik en mayo del 20192Ver https://dystopica.org/2019/05/13/haciendonos-un-cuerpo-insistir-resistir-persistir-con-suely-rolnik/, a las vivencias y “vivezas” con que la vida insiste, persiste y resiste, ejerciendo el derecho a la inmanencia y a la singularidad, dentro de condiciones que se asimilan a las del “líquido percolado”.

Octubre no comenzó, sino que devenimos octubre en la medida que existía una pregunta inquieta por cuáles serían las condiciones ecológicas, sociales, políticas y epistémicas dignas para la reproducción de la vida. Pero, sobre todo, como plantearon niñas secundarias en una conversación con Vero Gago y Luci Cavallero3Ver https://dystopica.org/2019/07/22/lavarse2/#FMS, una experiencia vivida, un relato de cuerpos históricamente “desacreditados” que venían creando prácticas y plataformas de enunciación con los que imaginar otros futuros posibles no-capitalistas: “una educación no sexista para no ser sujetas de crédito”, decían. Relatos que venían de niñeces que desafiaban el mandato de futuro impuesto por el modelo de competencia que agobiaba a sus padres, construyendo tiempos de cuidado que pudieran desafiar la “inmediatez” de las sociedades endeudadas y exigir ser escuchadas sin condiciones crediticias. Sin tener que ser convertidas en sujetas de deuda moral y económica.

Como expresaron estudiantes secundarios del INBA durante una cartografía radial que realizamos con el colectivo vitrina Dystópica en junio del 20194Ver https://dystopica.org/2019/06/03/practicas-de-la-micropolitica-taller-de-mapeos-radiales-con-estudiantes-del-inba/, Octubre venía siendo, deviniendo, como una pregunta micropolítica. Una interrogante que reclamaba a la imaginación política saltar el torniquete con que la transición neoliberal mantenía sujeta la realidad a “la medida de lo posible”5Frase del primer presidente de la transición neoliberal que dirige al país y a las organizaciones de DD.HH para someter las exigencias de justicia y reparación contra los genocidas: «Verdad y justicia en la medida de lo posible».:

“No tengo el lujo de cansarme, no tengo el lujo de vestirme como yo quiera, no tengo el lujo de vivir mi sexualidad, no tengo el lujo de trabajar en lo que me gusta, no tengo el lujo de ir dónde quiera, no tengo el lujo de decir lo que yo quiera, no tengo el lujo de amar a quién yo quiera… ¿y por qué no?”

II. Crono-referencias para una historización de octubre

La victoria del rechazo en el plebiscito del 4 de septiembre del 2022 no supone el término de la potencia de octubre, sino una firme reacción de las fuerzas neo-conservadoras contra la voluptuosidad de la imaginación política devenida con la revuelta. Una derrota, claramente, pero no sólo por perder las garantías mínimas que otorgaba el proyecto constituyente para el porvenir de la vida. También por los efectos de la saturación anímica, subjetiva y afectiva inoculados en el cuerpo colectivo y en el inconsciente por la guerra sistemática que declaró la oligarquía chilena contra las fuerzas sociales.

Guerra oligárquica que se desplegó, en palabras de Piñera, contra un “enemigo poderoso e implacable” por medio de una táctica de “copamiento” policial de las calles de Chile6Táctica implementada en Chile que sigue aplicándose contra otras insurrecciones en curso. Véase https://radio.uchile.cl/2019/12/30/cidh-condena-estrategia-de-copamiento-policial-del-gobierno/, pero también, por un “copamiento” psíquico y afectivo. En palabras de Suely Rolnik7Rolnik, Suely (2019) Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente. Véase el subcapítulo: “el abuso produce traumas y se alimenta de ellos”, pp. 77., un procedimiento del capitalismo financiarizado dedicado a la fragilización de la subjetividad que se inculca a través de medios de comunicación, de la precarización laboral, de la destrucción de los imaginarios progresistas y de la promoción de una ilusión de “autonomía” individual. Para la filósofa y psicoanalista: “el objetivo es traumatizar e imposibilitar la acción… es así como la potencia del deseo es desviada de su destino ético, activo y creador para ser apropiada por el capital y convertirse en potencia reactiva de sumisión”8Ibidem., pp.77..

No hablamos sólo de una derrota electoral, hablamos de un estado de sumisión de la imaginación política a las pautas, códigos, tiempos e investimentos de la reacción conservadora y su prolija gestión de la devastación. Como nos plantea Bifo9Ver https://dystopica.org/2022/09/13/conversacion-con-franco-bifo-berardi/ en una temprana conversación posterior a los resultados del plebiscito, un estado de bloqueo y parálisis de la capacidad colectiva para elaborar preguntas y estrategias que vuelvan a hacer posible una pregunta por la felicidad, por la dignidad, en medio de la depresión masiva, demencia colectiva y psicosis de masas que caracteriza el presente del capitalismo. Como nos señala el italiano10Ver https://dystopica.org/2022/09/14/resignarse-e-insurgir-la-leccion-chilena/, recomponer la fuerza de la insurrección de octubre que graficaba el rayado “no era depresión, era capitalismo” es liberarnos de la ilusión de que las revueltas son eternas. Y recordar que la insurrección, sus técnicas y estrategias, “suponen la activación de los cuerpos deseantes y la movilización de la inteligencia colectiva… como una cura para el síndrome depresivo…que experimentar formas creativas de vida urbana y de consumo colectivo tiene una función terapéutica, y también puede tener la función de inventar modelos de vida social frugal y feliz”11Ibidem..

En el ejercicio de desafiar lo que denominaremos como un golpe totalitario a la imaginación política por parte de la reacción neoconservadora, propondremos tres crono-referencias, tres complots a la temporalidad de la guerra oligárquica, que permiten recomponer una memoria histórica de las fuerzas de octubre.

1. Arquitecturas del saqueo y economía libidinal de rendición

Como planteó la coordinadora Cerro Vida Resistencia de Llay-Llay y Catemu en la cartografía colectiva Virulencias de Cuidado12Ver https://youtu.be/_aHsEVgqb3U realizada durante la pandemia, el devenir de la revuelta había constatado que “el saqueo del extractivismo no era sólo del territorio como la tierra, sino del cuerpo como territorio”. Dónde la explotación del territorio se expresa en las corporalidades de quiénes los habitan bajo la forma de dolencias, de heridas, incluso de malformaciones provocadas por contaminantes. Pero también a través de una ruptura de los vínculos intergeneracionales con los saberes ancestrales e históricos de los territorios. Heridas que, durante el devenir de la revuelta, fue reparándose, logrando superar “la interrupción de la historia del movimiento popular chileno” que supuso la dictadura y la democracia transicional.

La arquitectura de saqueo y sus economías libidinales de rendición no sólo son impugnadas en octubre del 2019, sino que vienen siendo enfrentadas a partir de prácticas concretas de recomposición de la infraestructura ecológica de los territorios durante la última década. Así, por ejemplo, fue el 2016 cuando pudimos reportar desde el corazón del “mayo chilote”13Ver https://dystopica.org/2016/07/05/arquitectura-del-saqueo-patricio-azocar/, insurrección popular de la isla de Chilwe, cómo las alianzas entre pueblos indígenas, organizaciones sindicales, colectivos juveniles y memorias mitológicas propias del territorio son capaces de denunciar, detener y boicotear un proceso de devastación marítimo provocado por una arquitectura jurídica transnacional que implica fuerzas de seguridad privadas, públicas y para-estatales.

2. De nombres propios devenidos comunes

El 1 de agosto de 2017 es desaparecido Santiago Maldonado en Chubut. Durante 80 días la pregunta por su paradero reúne a todas las fuerzas sociales Argentinas y latinoamericanas en un ejercicio colectivo de memoria inédito desde las dictaduras. ¿Dónde está Santiago?, se convirtió en una interrogante que no sólo se redujo al legítimo debate judicial por descubrir las prácticas excepcionales que unían a la policía federal argentina con los intereses de los grandes terratenientes colonos. También se permitió replantear y complejizar los vínculos, las afinidades, las inquietudes de los movimientos urbanos, populares y plebeyos argentinos con las reivindicaciones mapuche, desatando un movimiento de descolonización sin precedentes en la historia del movimiento popular trasandino.

El nombre de Santiago Maldonado se unía al de Macarena Valdés Muñoz. Mujer y activista socioambiental que también durante el mes de agosto, pero un año antes, en el 2016 había muerto en extrañas circunstancias en medio de un conflicto ambiental contra la central hidroeléctrica a cargo de la transnacional RPGlobal en Chile. La búsqueda de pruebas y justicia por Macarena visibiliza la lucha de Tranguil en Panguipulli, reuniendo a organizaciones sociales feministas, movimientos ambientalistas, y comunidades mapuche. La lucha por justicia logra verificar el homicidio de Macarena Valdés a manos de sicarios financiados por RPGlobal, tornando evidente la connivencia criminal entre jueces, policías, sicarios y corporaciones extractivistas que componen la arquitectura de saqueo y rendición en el continente latinoamericano.

Macarena, Santiago, Marielle Franco y Berta Cáceres son nombres propios devenidos comunes. Nombres que fueron asesinados por un régimen corporativo extractivista no sólo por denunciar y luchar contra sus políticas de devastación, sino por atreverse a romper los confinamientos políticos, sectoriales e identitarios de la izquierda tradicional. Por activar puentes, amistades y afinidades sin reclamar pertenencia o propiedad sobre las luchas. Wenuy, en mapudungun, quiere decir amigo, una vida que cruza fronteras en búsqueda de alianzas a intercambios dispuestos sólo en función del cuidado y la protección de la vida.

3. Saltar el torniquete o del atrevimiento de desistir

Octubre no comenzó, sino que devenimos octubre cuando los estudiantes secundarios desistieron del escenario belicista con que la connivencia judicial, policial y televisiva los mantenía cautivos en sus propios colegios. <<Aula Segura>>, proceso que volvía a facultar a los directores de escuela de expulsar estudiantes, era la tecnología a cargo de la deprivación de los cuerpos “desacreditados” que habían tomado la tarea de interrogar las condiciones percoladas o necropolíticas de reproducción de la vida: lxs niñxs. Sin embargo, ese día las cámaras de televisión y las policías quedaron esperando. El escenario de la guerra con que la potencia de les “desacreditados” era expropiada y convertida en capital bélico fue burlada por una fuga masiva hacia las profundidades del metro de Santiago. Octubre no comenzó en el metro, sin embargo, en la burla al torniquete, en el juego de saltar el pago del transporte, las fugas cotidianas con las que distintas generaciones, procedencias, sexualidades y clases se “rescataban la vida” devinieron revuelta.

La fuga y la desistencia son prácticas que nos permitieron desplazar los márgenes del control y ampliar las potencias de las luchas. Una capacidad sensible, una técnica de lectura estratégica de los escenarios de captura con los que el régimen de control absorbe la vitalidad de nuestras resistencias y las busca rendir, someter. Pero, ante todo, una burla, una broma, un engaño al poder que goza de ligereza y compromete afectivamente a desconocidos en la práctica de la alegría y la desobediencia.

III. Encontrarse en .tierra. Notas sobre infraestructura y dignidad

Hoy, el ejercicio de acompañar reflexiones por medio de instancias radiales ha buscado complejizar su práctica de habilitar encuentros y alianzas en .tierra (Territorios de Investigación Experimental Rítmicas y Artísticas)14Para conocer más sobre el proyecto, véase https://dystopica.org/tierra/. Espacio .tierra  es un proyecto que tiene como objetivo componer una infraestructura afectiva, técnica y epistémica capaz de acoger y acompañar los procesos de recomposición subjetiva y anímica de las organizaciones sociales surgidas durante el devenir de octubre.

Los años de escucha, de diálogo y activación de encuentros insospechados nos han otorgado aprendizajes que debemos saber revisitar ante el peso de la desidia y la deriva microfascista procedente de la derrota anímica y el copamiento psíquico. En palabras de Guattari, elaborar un programa analítico-militante que nos permita reconducir el deseo y la experimentación hacia una interrogante por la vida y el cultivo de sus potencialidades. Afrontamiento con júbilo y frugalidad a la “fascistización senil” de nuestras pasiones y hartazgos, como dirá Bifo.

Espacio .tierra es un territorio en movimiento ubicado en la periferia norponiente de Santiago y que conecta colectivos, organizaciones sociales y populares, centros de investigación universitarios, organismos municipales y proto-instituciones de cuidado en una pregunta por la recomposición vital de nuestros territorios. Específicamente, un espacio que busca permitir las condiciones ecológicas, sociales, políticas y afectivas para 1. retomar el desafío de la memoria y complotar ante la derrota anímica, 2. compostar las preguntas y problematizaciones que nos permitieron devenir octubre durante las últimas décadas y 3. componer estructuras de cuidado, de salud, de educación, de juego y de invención colectiva. Infraestructuras de dignidad: prácticas concretas de socialización de los medios de producción y reproducción de la vida, de la inteligencia colectiva y del interés público por la vida singular y heterogénea de los territorios.

Citando a Guattari: “una multiplicidad que se despliega a la vez más allá del individuo, del lado del socius, y más acá de la persona, del lado de las intensidades preverbales tributarias de una lógica de los afectos más que de una lógica de conjuntos bien circunscritos.”15Guattari, Félix. Caosmosis., pp.14.


Este texto fue publicado en inglés en el dossier dedicado a la revuelta chilena en South Atlantic Quarterly de la Duke University Press durante el presente 2023. Agradecemos a Jorge Pavez y Jaime Donoso, editores del dossier, por la invitación. Así también a Michael Hardt y el comité editorial por ampliar el pensamiento sobre el acontecimiento de octubre.

Imagen de portada, Miguel Ángel Kastro

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