Miguel Angel Hermosilla, La república de los cuerpos y la risa abismal de los pueblos

Reseña a “Nuestra confianza en nosotros”. La unidad popular y la herencia de lo porvenir".

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No hay regimiéntico que los deténguica

Si tienen hámbrica los populáricos

Violeta Parra. Muzúrquica modérnica.

“El fantasma portaliano”. Arte de gobierno y república de los cuerpos, es un ensayo crítico, que nos muestra, a partir de las cartas que escribe Diego Portales, la configuración oligárquica de la racionalidad política chilena. En contraste y en otro registro y práctica de lectura, “Nuestra confianza en nosotros. La Unidad Popular y la herencia de lo por venir (El Fantasma Portaliano 2) surge como una intervención teórico- política que parte del análisis de los discursos que Salvador Allende pronuncia a los pueblos de Chile, como modos de activación de la imaginación y las potencias populares que interrumpen y dislocan el orden neocolonial y mitológico que gobiernan “la república de los cuerpos”.

Si el fantasma portaliano y su glorificación historiográfica -la máquina mitológica- gubernamental- en tanto producción performática de verdad, orden histórico y articulación  hegemónica de saber-poder y subjetivación, modulada en tres momentos arcónticos de violencia oligárquica -1833-1925-1980- permite entender desde los antagonismos micro políticos las relaciones molares de  soberanía, y la concepción de orden que ésta garantiza –  en tanto que república fuerte y centralizada-  para el despliegue del capital en modo de  pactos juristocráticos, entonces, habría que comprender  a Portales como el dispositivo pragmático que separa y une a la vez de modo estructural al Estado y Capital, subsumiendo a uno en el otro; al Estado subsumido al imperativo oligárquico de acumulación, vía arte de gobierno por medio del dispositivo glorioso  del “peso de la noche”. En ese sentido sería preciso preguntar intempestivamente, y extender las línea de fuerzas problemáticas, a cómo entramos en relación de disputa con este mitologema glorioso de instalación del poder y de cierto código político oligárquico, que habría hecho de Chile no una república sino una economía1Rodrigo Karmy. El fantasma portaliano. Arte de gobierno y república de los cuerpos. Ed. Ufro, Temuco. 2022.

En este sentido, la república de Chile, en tanto que república del orden – configurada bajo el peso inercial del fantasma portaliano como rearticulación constante del Capital y sus modos de acumulación, sería, para Karmy, solamente eso: gobierno y gestión eficaz, fundada sobre el operador angélico del cumplimiento de la tarea y la administración del orden como articulación- dispositivo- que produce efectos de subjetivación basados en la sola obediencia  y en la razón sumisa del ethos autoritario de la república de Chile. Entonces, aquí cabe la pregunta: ¿hasta qué punto somos capaces da establecer una relación crítica con este dispositivo? ¿Cómo desactivar el ethos sacrificial de la maquinaria oikonomica portaliana?

Diremos, que para atravesar el fantasma portaliano, y sus dispositivos de gobierno sería necesario entonces, desactivar los códigos de la política chilena que apuntalan la maquina gubernamental de la república, sería necesario establecer una relación de radical cuestionamiento a los soportes autoritarios que han  dado forma al país durante más de doscientos años, con énfasis predominante del Capital por sobre la potencia de los pueblos y su capacidad de responder con la  expresión viva y material del deseo común de sus cuerpos, tradición opresiva de la oligarquía patronal que los subjetiva bajo la lógica de cuerpos inerciales y cautivos del mitologema fantasmal y su régimen de explotación.  

Así entonces, el desafío imaginal que propone “Nuestra confianza en nosotros”, de Rodrigo Karmy,  es que,  para quebrar la mirada paralizante del fantasma y su mortal peso de la noche, sería necesario, al igual a como lo entendió Recabarren2Luis Emilio Recabaren. La materia eterna e inteligente., desactivar  los operadores de subjetivación, las coordenadas miméticas de modelo y copia, de edén  y paraíso como regla de representación originaria  de virtud y democracia, que todo poder porta consigo,  y acelerar el pulso de la ritmicidad  material y expresiva de las “formas-de- vida”3Rodrigo Karmy. Stasiología. Guerra civil, Formas- de- vida y Capitalismo. Ediciones Voces opuestas y su habitar.

En el texto de Karmy, en la textura material de su escritura, que arranca de la performance subversiva de los discursos de Allende, los pueblos se experimentan como potencias abismales de imaginación, en un acontecer insustancial e inmanente, y desde esa potencia siempre insurrecta y sin soberanía, y desde siempre aconteciendo, inventan las condiciones imaginales de expansión de los posibles, y crean una erótica4Aquí se abren dos líneas de fuerzas  problemáticas opuestas de lo político. Una teológica-cristiana latina que plantea que entre deseo y elección hay voluntad, libre albedrio, es decir  una metafísica del sujeto , -de la soberanía y  el gobierno, y otra judío árabe- averroísta- , que plantea que entre deseo y elección media la imaginación como una potencia anónima, impersonal, de-sujetivante y desprivatizada y por tanto necesariamente común, es decir una erótica- una ética- como  experiencia imaginal de invención y creación desjerarquizada de formas de vida feliz y en común de- sujetadas  de un arte de gobierno y dirección que designa el ejercicio de una conducción angélica y policial  de una voluntad que teo-antropologicamente administra y gobierna la vida de los hombre como gestión opresiva. Rodrigo Karmy. La falta de Averroes, esbozo para una erótica de las formas de vida. que  moviliza desde la gestualidad de las  “formas –de- vida”, tramadas entre sí, una ética de la  vida feliz y común. Un otro de lo político, no caído en la administración puramente gubernamental del autoritarismo portaliano.

En esta escena de gubernamenalidad, que urde la máquina portaliana del orden, y su razón obediente, irrumpe lo que Karmy denomina “comedia” contra la “tragedia” como estructura de la concepción portaliana del orden: la mascarada de los pueblos, como fuerzas de dislocación subversiva y risa “figurante” que altera el continuum del oficio imperial del tiempo homogéneo y trágico de la razón política moderna. Tal vez, habría que enfatizar aquí, que el intento critico de Karmy tiene que ver más con una impugnación al horizonte teológico-politico moderno y sus formas trágicas y culpógenas de soberanía, que el dispositivo portaliano en-carna, y que la “república de los cuerpos” y su sublevada imaginación desafía. Ese es el libre juego que traza Nuestra confianza en nosotros; des- ocultar las luchas singulares de los pueblos y desactivar los mandatos metafísicos de la historiografía tradicional del tiempo histórico que funciona como aparato de captura –ahí está inscrito el dispositivo portaliano– de las procesos político-sociales que los devuelve a las categorías molares y monumentales del guion soberano y sacrificial de la historia.

Así, más que un programa, lo que la Unidad Popular pone en juego es, en realidad un proyecto; uno que cristaliza un siglo de luchas, donde campesinos, obreros y pobladores devienen los monstruosos cuerpos de la república por venir

Rodrigo Karmy. Nuestra confianza en nosotros. La Unidad Popular y la herencia de lo porvenir

Así, la hipótesis que se desprende de este comentario o reseña de texto es que la Unidad Popular como experiencia subversiva de los pueblos de Chile, más que un programa de gobierno, remitido a los códigos políticos monumentales de estado, sujeto, identidad nacional y representación, propios de la trama constituida por el   “teatro soberano moderno”Sergio Villalobos –Ruminott.  Comunismo y contra comunidad,  es una desterritorialización an-nárquica y des-tructiva, que desafía desde los contornos materiales de su expresión imaginal, el aparato represivo de la tradición política clásica y su lengua epocal. Dislocar la lengua neocolonial del dispositivo portaliano y su hermenéutica securitaria, habría hecho de la Unidad Popular una experiencia, una “república de los cuerpos”La republica de los cuerpos no es un orden sino una intensidad, no es un régimen sino su propia stasis. Vida exote, vida que pulsa irreductible a cualquier canon, lengua u orden. Cuerpos libres que no pueden reducirse a la inercia y la parálisis de ningún gobierno. Rodrigo Karmy. El Fantasma portaliano., que destituyó desde el centro de la máquina del orden, el dispositivo gubernamental del “peso de la noche”, “dinamitando” el arché fundante de su violencia “imperial”.

Si la Unidad Popular devino stásis y suspensión de todo dispositivo de gobierno, habría que problematizar aquí: ¿cómo esta experiencia cómica y mundana de los pueblos entra en relación con el fantasma –en tanto dispositivo de gestión y racionalidad política institucional– que porta también consigo el “gobierno” de la Unidad Popular?

Diremos que en la experiencia de la Unidad Popular habrá una apuesta por deponer toda soberanía, pero imposibilitada por la misma exigencia del gobierno que se anuda políticamente en la forma de Estado

Op. cit.

En efecto, podríamos afirmar que la Unidad Popular es un movimiento político que porta en el seno de su experiencia una constitutiva contradicción interna, pues, por un lado, no puede abandonar ni soslayar el ejercicio de gobierno y gestión –su oikonomía–, propia de toda forma política portaliana y, por otro, “la republica de los cuerpos”, la subversión plebeya a la que abre paso, como resto que excede, en tanto que “risa” de los “pueblos” sin nombre , identidad ni tradición, toda forma de captura fantasmal.

Pues, siempre el devenir cómico de la experiencia atravesará y excederá improductivamente a todo régimen de policía , a toda forma de gobierno

Op. Cit.

La condición cómica de los “pueblos figurantes”, que irrumpe agujereando la escena del dispositivo portaliano, expone en su risa mundana, en la fiesta popular y des-tructiva que contra- escenifican la “alegría inmunda” y abismal del porvenir an-árquico que traen consigo. La fiesta de la vida de los “pueblos figurantes”- “insignificantes”- que la Unidad Popular activa como potencia destituyente, restituye el uso común y diverso del mundo- comandos comunales, cordones industriales, toma de fundos, fábricas, universidades, cabildos y asambleas callejeras- desactivando de una sola carcajada el “arte de gobierno” y sus formas de sutura. Nada más impensado que la risa y la carcajada-en la capilaridad de los cuerpos oprimidos- para destituir la trágica usurpación oligárquica del “reyno” introyectado como oikonomía sin república por el mitologema sacrificial portaliano.  La Unidad Popular será un experiencia cómica e ingobernable de los pueblos, porqué excede la pauta progresista- institucional; la propia filosofía de la historia de la “vía chilena “democrática” al socialismo”. Los “upelientos”, los “pelajianos”- vagos, haraganes- llenos de vicios, que atraviesan las calles de la ciudad blanca, burguesa y virtuosa de la república de Chile, traen en su risa monstruosa el an-arché de los populáricos que cantan los límites de la democracia liberal y sus pactos oligárquicos.

El triunfo de la Unidad Popular hizo que los pelagianos atravesarán la ciudad, alterándola internamente: los indios han cruzado el Biobío, las fronteras se han debilitado y la ciudad blanca, burguesa y portaliana mantenida y profundizada históricamente por efecto de la reproductibilidad técnica de la usurpación, deviene porosa y experimenta el peligro de los pelagianos en su propio interior

Op. Cit.

El fantasma está en peligro, los inmundos “pueblos figurantes”, “la república de los cuerpos, llena de risa destituyente, atravesada por el balbuceo de su in-fancia, vuelta al porvenir intempestivo de las revueltas abiertas en la historia, suspenden en una epoché, en un   intervalo de des-trucción, la propia cifra histórica del continuum de su dominación; en el ir y venir del viaje interrumpido de su emancipación. Desde allí, los populáricos impugnan erotizados de alegría la asfixia oligárquica provocada por la usurpación portaliana.

El tiempo cronológico no tiene importancia desde el punto de vista de los oprimidos –dirá Benjamin–, sino únicamente el tiempo intempestivo. Este último implica la suspensión del primero y el advenimiento de figuras muertas, que adquieren una nueva vida en la lucha del presente

Op. Cit.

Así, para Karmy, la voz de la revuelta de octubre resuena en la Unidad Popular, y la “república de los cuerpos”, la erótica rebelde de los setenta y su experiencia sensible del sublevarse, retumba también como eco “del tiempo sin tiempo del porvenir” que se hereda, en la insurrección de los pueblos del Chile neoliberal. El pasado irrumpe en nosotros como sublevación, precisamente porque no es un pasado cronológico, muerto y vacío, sino un pasado completamente vivo que recorre el presente dislocado, como memoria insurrecta de reclamación que rezuma en el presente.  

La risa común y singular de la memoria rebelde de los “oprimidos”, suspende el continuum histórico del tiempo del Capital, y la Unidad Popular como experiencia de mundo imaginal o imaginación popular, excéntrica del tiempo cronológico, anidada en la epifanía de lo común, irrumpe como una verdad cómica y exenta de toda cartografía diseñada por el poder, desde el interior del mismo tiempo histórico para suspenderlo  y atravesar desde la intensidad  infinita  de su gesto político  la eternidad desgarrada e inercial “del peso de la noche”.

La fiesta de los populáricos impugna el anestesiante katechón portaliano, que bajo la forma de máquina colonial reproduce la violencia del capital como lugar donde se juega toda dominación que compromete directamente la potencia de los cuerpos. El imaginario gubernamental de la fronda oligárquica, atravesada por las revueltas populares de octubre, que cifran “la verdad de la unidad popular5Op.Cit, como cita sublevada “del tiempo después” en el que habita el pasado y que se abre como potencia inmaterializada a la dignidad de lo porvenir, desde donde se entrelaza la singularidad irreductible de su repentino resistir. Pues, de la dignidad de lo porvenir que se abisma, sin comandancia teológica de la experiencia, ni soberanía de cálculo teleológico, es de donde arranca el “nunca sido” de la historia, que se inventa una y otra vez en el despliegue discontinuo del presente, dejando la puerta abierta a la danza intempestiva de los oprimidos por el que pasa la risa ingobernable de los pueblos.

La fiesta de lo pelajianos celebra en un tiempo común, la suspensión de la traza opresiva del dispositivo portaliano de usurpación, “la vocación de su guerra”, la letanía de su lengua soberana y sacrificial. La revuelta de los upelientos festeja la epifanía de la novedad que portan los cuerpos cuando se arrojan endemoniados a la desobediencia destituyente.  Los indios han cruzado el Biobío; no hay ejército que los detenga, cuando tienen hambre los populáricos.

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