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Jorge Garcia, El dispositivo político-religioso y el poder libertario

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En estos tiempos de vértigo y volatilidad en los fenómenos sociales, la comprensión de la realidad política de países como Argentina se torna aún más desafiante. Esto se debe, en parte, al surgimiento de figuras como Javier Milei, cuya victoria arrolladora en las elecciones presidenciales de 2023 ha catapultado al manifiesto anarco-capitalista a la escena política nacional.

Sin lugar a dudas, la posición de Milei, su explícita ideología libertaria y su metodología de ajuste a toda costa para lograr el equilibrio fiscal y la salida de la crisis económica, han sorprendido a más de uno, tanto dentro como fuera del país. La franqueza y el estilo políticamente incorrecto del líder libertario continúan asombrando incluso a los observadores extranjeros más avezados.

La sorpresa a la que hago referencia persiste, ya que la irrupción de Milei desafía las concepciones convencionales sobre el panorama político argentino, así como sobre las formas democráticas de resolución de conflictos de intereses. Su llegada también cuestiona la tradicional metodología de acumulación de fuerzas parlamentarias necesarias para llevar a cabo cambios significativos en el país, en el nivel legislativo.

La fallida “Ley ómnibus”, que no logró ser aprobada en el Congreso, y el freno judicial a su Mega Decreto de necesidad y urgencia, son efectos palpables de su irruptiva y peculiar forma de gestionar el poder. Estos eventos reflejan las tensiones y resistencias que su estilo político ha generado en los distintos ámbitos del sistema democrático argentino.

Aunque las políticas y formas en las que el presidente quiere llevar a cabo sus planes enfrenten resistencias institucionales, sindicales y partidarias, y algunas de sus medidas de ajuste hayan lastimado aún más a la ya golpeada clase asalariada y popular, todavía una gran parte de la población confía en el relato del presidente. Este se asienta en ciertos ejes: primero, realizar un ajuste de shock para evitar un mal mayor, como una hiperinflación que difícilmente podríamos afrontar y que nos llevaría de una crisis al fin de la república. Segundo, el sacrificio no solo de un sector pudiente, sino de todo argentino y argentina, para redimir el gasto, opulencia y malos manejos de los gobiernos anteriores, llamados por él “casta política”, una especie de culpa original que debemos redimir. Y tercero, un futuro lejano de grandeza que será resultado de dicho sacrificio.

Sacrificio, esperanza y una mejor vida venidera son elementos de un relato teológico-político que el presidente Milei ha logrado instalar a través de un sinfín de metáforas y expresiones religiosas, resultado de su acercamiento al judaísmo. Esta narrativa, enraizada en la fe y la promesa de redención, ha encontrado eco en ciertos sectores de la sociedad, quienes ven en ella un camino hacia la transformación y la prosperidad futura.

Un ejemplo del uso de estas metáforas teológicas, con las que el presidente fundamenta su relato de accionar gubernamental, fue en el discurso de jura de cargo, donde recibió los atributos presidenciales en el Congreso de la Nación. Allí, el libertario mencionó la revuelta de los macabeos, ocurrida en torno al año 160 a.C. y recogida en el Antiguo Testamento, al decir que su triunfo electoral era como: “el símbolo del triunfo de los débiles sobre los poderosos, de los pocos sobre los muchos, de la luz sobre la oscuridad y, sobre todas las cosas, de la verdad sobre la mentira” (Diario La Voz, 2023).

La verdad, que él mismo llamó incómoda, era decirle al pueblo argentino la necesidad de un sacrificio mayor para superar la crisis, algo que se lograría sopesar gracias a las “fuerzas del cielo”, con las que el flamante presidente citaba el Libro de los Macabeos 3.19, que reza lo siguiente: “la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que provienen del cielo” (Diario La Voz, 2023).

También el líder anarco-capitalista apela a las citas bíblicas cuando dirige su ira a los diputados y funcionarios políticos que no apoyan sus planes y programas, como sucedió cuando la Ley Ómnibus que su gobierno impulsaba en el congreso cayó. En esa ocasión, Milei se refirió a quienes no habían votado la ley, mientras él se encontraba de gira en el exterior, como traidores y parte de la casta, utilizando las siguientes citas: «Y aconteció que cuando llegó al campamento y vio el becerro y las danzas, Moisés se enardeció de ira, y arrojó las tablas de sus manos y las rompió al pie del monte”. “Y tomó el becerro que habían hecho y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel» (Diario Popular, 2024).

No es la primera vez que Milei se compara con el personaje bíblico Moisés. En su último discurso pre-electoral, vociferaba frente a un auditorio colmado que: «Probablemente hayamos pasado el desierto de los 40 años para llegar a la libertad. Estamos frente al momento histórico de hacer un punto de inflexión» (Diario El Cronista, 2023).

Estos son algunos de los tantos ejemplos del uso de metáforas teológicas con efectos políticos que utiliza el presidente argentino. Dichos recursos tienden a dirigirse más a la capacidad espiritual y emocional de las personas que a su pensamiento objetivo. Desde allí, el líder libertario todavía cosecha adeptos.

Fue Karl Marx (2005) quien, en su «Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel», nos enseñó sobre el uso de este dispositivo político-religioso por parte de quien detenta el poder. Esto lo expresó en su famoso análisis sobre el poder religioso cristiano, condensado en la frase popular: “La religión es el opio del pueblo”. Si bien las interpretaciones clásicas del texto de Marx explican que con dicha sentencia el filósofo alemán determinaba cómo la promesa de un mundo mejor o paraíso en el más allá, propuesto por la religión, causaba un efecto anestesiante sobre el pueblo que aceptaba sin más la miseria, la explotación y el sufrimiento en el “valle de lágrimas” que caracterizaba el plano terrenal, dicho dispositivo podría ser actualizado gracias al poder que circula sobre los ídolos e influencers de las redes sociales o los modelos y estereotipos de belleza o raza que ponderan las estrategias mercantiles actuales. Lo sorprendente es que el relato de Milei, en lo estrictamente discursivo, es más aprehensible desde la interpretación clásica de la frase de Marx que desde las posibles comprensiones contemporáneas porque nos confronta directamente con las fuentes religiosas tradicionales.

De una u otra manera, por ahora, el dispositivo religioso-político que el presidente anarco-capitalista ha puesto en marcha parece surtir efecto. El relato, condensado en el sacrificio necesario y en la esperanza de un mundo venidero mejor, hace mella en el conformismo e inmovilidad de gran parte de la población. El tiempo y las acciones en un futuro inmediato serán los que determinarán si el pueblo va a soportar los 40 años en el desierto acompañando a su liberador o si al contrario lo dejará solo en tamaña epopeya.


Imagen de portada, Nicolas Poussin, L’adoration du veau d’or.

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