Andrés Ajens, F(R)ICCIONES, AF(L)ICCIONES

María Galindo entrevista a Álvaro García Linera

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[El 10 de noviembre pasado, luego de que militares y policías amotinados conminaran a renunciar al presidente Evo Morales Ayma, la situación en Bolivia no habrá hecho sino complicarse. El autoproclamado gobierno de Jeanine Añez, una senadora derechista de un partido con escasísima presencia parlamentaria, junto con una sórdida represión a los movimientos sociales opuestos al Golpe (bien documentada tanto por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas como por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA), enfrenta ahora la pandemia no solo con un bajísimo nivel de legitimad interna sino también con más represión a quienes en los medios alternativos o en las redes sociales se muestran desafiantes y críticos. El texto que exponemos a continuación es tanto una ficción como una aficción, fricción y aflicción, tal doble entrevero; la entrevista se reparte en dos momentos bien diversos (noviembre de 2019, a dos semanas de la caída de Evo Morales, y abril de 2020, con el coronavirus ya desatado) y sueña con haber sido transmitida, de manera intermitente, por las ondas de Radio (Otro) Deseo, una “creación” de la revista Mar con soroche (Santiago/La Paz). Ficción y aficción, decimos, más cercana al género semi-fantástico de “mujeres notables de Bolivia”, especialmente practicado por la activista socio-cultural feminista María Galindo, de Radio Deseo de La Paz, que de los manuales de marxismo andino del intelectual y Vicepresidente depuesto, Álvaro García Linera; pero, a la vez, más cercana a los más sabrosos ensayos sociopolíticos de Linera, que de las columnas de opinión habituales de Galindo. En Pirque, abril, 2020].

[Primera sesión; domingo 24 de noviembre de 2019]

María Galindo (La Paz): A ver, Vice, ¿es Golpe o no es Golpe?

Álvaro García Linera (Ciudad de México): ¿A qué seguir denegándolo, María? Acabas de escribir una columna en el diario afín a Carlos Mesa y dices que Evo “se ha caído” por su propio peso: «se ha caído por el peso de su propia decadencia»(PáginaSiete, 20.11).

María Galindo: ¿Es Golpe o no es Golpe?

Álvaro García Linera: No me quieras llevar al terreno de todas las metafísicas, María querida, de todos los fundamentalismos. No hay la verdad “de golpe” haciéndose presente como Golpe, como epifanía simplemente revelando la verdad “en persona”, ya cristiana, ya pagana. En eso concuerda gentuza para nada masista, como el amigo del Jaime [Saenz][1], Herr Heidegger por caso, pero también otras pensadoras y pensadores que tampoco, que yo sepa, fueran sin más masistas: Derrida, Blutler, Nancy, Hamacher, etc. (es cierto que los pensadores habitualmente motejados de “masistas”, como Zizek, Badiou  o Negri, varios de quienes han visitado Bolivia en los últimos años, subrayan menos este punto, pero). ¿Entonces qué hay si no hay la verdad de golpe apersonándose, presentemente presente (ni la habrá habido jamás, aún en los Golpes más cruentos que en el mundo han sido)? Hay, pues, efectos (históricos) de Golpe.

Cuando el alto mando de las FFAA, en transmisión televisada “en vivo y en directo” a todo el país, le solicita la renuncia a su superior legítimo (lo mismo que la policía amotinada), transgrediendo a todas luces el orden constitucional común; cuando una senadora de ultra-derecha se autoproclama presidenta y militares le ponen la banda; cuando escuadrones militares, con la anuencia expresa de la autoproclamada presidenta, disparan a matar a gente que se moviliza contra los efectos del Golpe (penosamente en un par de semanas ya van 34 muertos y casi 200 heridos a bala en Sacaba, Senkata y otros lugares); cuando el Ministro del autoproclamado Gobierno llama a una “cacería” de dirigentes del partido del presidente depuesto; cuando el presidente depuesto tiene que tomar el camino del exilio ante las amenazas a su vida, etc. Efectos de golpe como en todo Golpe. No es sólo que alrededor de la mitad de la población (quienes votaron por Evo en las últimas elecciones y acaso también más gente) haya “sentido” o “vivenciado” lo que ocurre como Golpe; no es simplemente un asunto de vivencias o emociones personales. Los efectos de golpe, María, son masivos (no masistas, pero), incluso para quien afirme su denegación, temporal, quisiera creer, como su deseo más “real” y, acaso también, su “ideología”, pero.

María Galindo: Si hay Golpe, con todo, estamos ante un Golpe bien “extraño”: el parlamento, donde hay mayoría del MAS, sigue funcionando.

Álvaro García Linera: ¿Sin las movilizaciones sociales desde el primer día tras el Golpe, en momentos en que el autoproclamado gobierno anunciaba la cacería a los dirigentes depuestos, alguien pudiera estimar que el MAS no hubiera sido declarado fuera de la ley muy pronto y el parlamento cerrado, precisamente sin tales movilizaciones por demás extremadamente jugadas, valientes? El clima de terror y las amenazas que recibieron los parlamentarios del MAS están bien documentadas; sin ir más lejos, por ti misma, en la entrevista que le hiciste a la senadora Eva Copa hace solo unos pocos días. Es notorio que la movilización popular ha venido por ahora a limitar los efectos de Golpe. Pero aun así, ¿un golpe “raro” dices, boliviano o boliviano-norteamericano? ¿Un golpe que es golpe y a la vez no es golpe, un golpe ch’ixi, como acaso diría Silvia Rivera, quien, como tú, al día de hoy aún deniega el Golpe? Imprevisiblemente este Golpe habrá sido también un Golpe al (pensamiento) ch’ixi. No es que la noción de ch’ixi, tal como la ha elaborado Silvia, y muy menos el término aymara “ch’ixi” hayan sido de golpe reducidos a cenizas. Pero: de golpe (efectos del Golpe) el pensamiento ch’ixi de Silvia habrá venido a mostrar sus lindes y, lamentablemente también, su peligrosa cercanía con el peor esencialismo, ancestral o moderno. ¿Cuál noción? Esta, que aun contradictoria o dialécticamente, afirma (pone) sin más el “ser”, su “idea”: «La noción ch’ixi […] obedece a la idea aymara de algo que es y no es a la vez» (Ch’ixinakax utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores, Tinta Limón, Buenos Aires, 2010, p. 69, subrayo). Tal vez, sólo tal vez, tal peligrosa cercanía habrá sido casi fatal y no pudiera haberse dado de otra manera. ¿Pues, en aymara lupaca, ch’ixi no mienta acaso también el “desastre o mal suceso” (Bertonio) y, en quechua, no se da a traducir también literalmente como “el peligro” (González de Holguín)? ¿Otra pregunta, María?

[Segunda sesión; domingo 12 de abril de 2020]

María Galindo (La Paz): Otra pregunta, entonces, Álvaro. ¿Qué hacemos?

Álvaro García Linera (Buenos Aires): ¿Aparte de conversar por Skype, dices?

María Galindo: No, chango; no es para la risa. ¿Qué hacemos con la pandemia y el fascismo instalado en el Palacio Quemado?

Álvaro García Linera: ¿Qué hacer? Lenin lo dijo casi todo, ya sabes; el resto nos cabe cada vez a nosotros, o, si prefieres, a nosotrxs. No vuelvo ahora sobre los consejos estratégicos de Iván Ilich, ni siquiera a las precisiones —algunas considerables— de Gramsci discutiendo con el estalinismo en auge pero también, aunque menos, con el anarquismo ingenuo. Entonces, ¿qué podemos (hacer) nosotrxs? Tú, en La Paz; yo, técnicamente exiliado en la ciudad más poblada de bolivianoxs fuera de Bolivia, Buenos Aires. Podemos seguir conversando, desde ya, y de algún modo con-fabular, con-feccionar incluso, o podemos enfriar el vínculo sino cortarlo. Motivos no faltan para una opción u otra. Mal que mal fuiste parte de esas capas medias que, aliadas directa o indirectamente con la ultra derecha de la Medialuna, terminaron por voltear al gobierno legítimo. En un ánimo anarquista por momentos de un infantilismo infinito, tras el Golpe, habrás seguido equiparando, haciendo equivalente a Evo (y al MAS en general) con Camacho (y el ultra fascismo en general), lo cual, de cierto, no resiste mayor análisis. Si insisto en  apostar al vínculo, y eventualmente a fortalecerlo, es que en el cocktail feroz que es ‘Gobierno fascista + Coronavirus’ tal vez de lo más “revolucionario” sino “humano” en esta coyuntura fuera, ni menos ni más, fortalecer vínculos entre nosotroxs. Junto con el expandido temor e incertidumbre que genera la pandemia en general, esta conlleva de facto una detención —nadie sabe por cuánto tiempo— de las movilizaciones sociales populares y un “distanciamiento social” que dificulta, sin abolirla por completo, la acción colectiva.

Una primera respuesta, entonces, a ¿qué hacemos?: fortalecer los vínculos en/con (al menos) un nosotrxs democrático y popular, des-colonial y a la vez des-patriarcal.  De manera local y/o presencial cuando se pueda y, claro, también mediante las tecnologías, virtualmente, a su modo “a distancia”. El paso del “¿qué hacer?” al “¿qué hacemos?” no cabe sino subrayarlo. En la situación por demás frágil, contingente, en que nos encontramos no cabe esperar palabra magisterial de vanguardia eventualmente esclarecida alguna, sin por ello echar sin más por tierra la por demás heterogénea tradición “ilustrada” como la de las vanguardias; coronavirus mediante, la coyuntura fuera por demás no poco inédita. No hubiera sin más receta para hacer frente a esta suerte de chairo tan unheimlich que ‘fascismo + pandemia’ o ‘fascismo con pandemia’ fuera, y aun si la hubiera, fuera receta que elaboramos, que la con-feccionamos entre nosotrxs — no simplemente en sentido “personal” o inter-individual, se entiende, sino común, social, compartido: democrático, popular, descolonial y despatriarcal, que mencionaba. Entonces me interesa escucharte, María: ¿qué hacemos?

María Galindo: Yo hago aquí las preguntas, Álvaro; tú nomás respondes.

Álvaro García Linera: No cabría escudarse en el rol, María, de entrevistadora, de periodista, para eludir tu responsabilidad ciudadana como de  activista y “creadora” feminista. Antes de insistir con mi pregunta que, en el fondo, es la tuya —¿qué hacemos?, preguntabas más arriba—, déjame decirte que de alguna u otra manera me doy maña, cuando puedo, para escucharte por la radio a la distancia… En cuanto a la pandemia, concuerdo plenamente con lo que has dicho: 1. Tenemos que aprender a con-vivir con el virus, etc. 2. Los grupos populares están más expuestos a la falta de atención médica y de alimentación oportuna durante la emergencia, especialmente en contextos urbanos o semi-urbanos y ello exige una política (pública), nacional y departamental, a la altura, con la confirmación de una solidaridad prioritaria. 3. El caso de Colchane, en la frontera boliviana-chilena,  estos días vuelto lo ha vuelto patente: la pandemia habrá rubricado el fascismo rampante de esa banda de maleantes que son Murillo, López, Coímbra, Camacho, Áñez, Foronda y CIA.  

En tu emisión del 17 de marzo, por ejemplo, comienzas confesando: “Tengo coronavirus, porque aunque parece ser que la enfermedad aún no ha entrado por mi cuerpo, gente amada la tiene”. Y, en efecto, aunque no fuera en el cuerpo biológico, en el cuerpo social todxs estamos en contacto, de algún modo, con el virus. Y agregas: “El coronavirus es la eliminación del espacio social más vital, más democrático y más importante de nuestras vidas como es la calle, ese afuera que virtualmente (ahora) no debemos atravesar y que en muchos casos era el único espacio que nos quedaba”. Y tendremos que convivir con el virus, aunque de otro modo, incluso cuando se encuentre alguna cura o vacuna. Por demás la humanidad, por decir homínidxs, desde siempre habremos compartido ecosistemas con cantidad de virus y microbios de toda laya. La inmunización total no solo es imposible sino que, si se la pretende, puede fácilmente acabar con la misma vida que se busca proteger. Se trata de una convivencia por lo menos extraña, en cualquier caso, teniendo en cuenta que el virus es un tipo de ente que no está vivo, y por lo tanto no cabe intentar “matarlo”: por ahora, a lo más que podemos aspirar es a que se desintegre a falta de células humanas o de otros seres vivos donde replicarse, gracias a medidas sociales y sanitarias de varia laya y, claro, cuando haya algún fármaco efectivo, alguna vacuna, que en ningún caso hará desaparecer el virus de inmediato, sin contar con los aspectos financieros y eventualmente imperiales en la diseminación (mundial) del eventual fármaco.

Por último, lo que recién ha ocurrido en Colchane, en la frontera entre Chile y Bolivia, y en que Mujeres Creando valientemente han intervenido ofrecido cobijo a mujeres que no dejan volver al país, muestra a las claras lo peor del fascismo del autoproclamado gobierno. Al cerrar las fronteras a sus compatriotas que vuelven de Antofagasta, de Iquique y de otras ciudades de Chile, al quedar desempleados a causa de la pandemia, cerca de 700 al día de hoy, Añez cierra el círculo odioso del fascismo: al extranjerizar a sus conciudadanxs, en el fondo, lxs equipara al virus; ciudadanxs a mantener hasta quién sabe cuándo a soberana distancia. Incluso el Ministro de Justicia (sic) de Añez los acusó de ser “masistas”, ¡incluso explícitamente al alcalde (chileno) de Colchane! —como si eso, por demás, “ser masista” o sentir afinidad con el MAS, fuese un delito (y aun privador de la ciudadanía). Así, sin asco alguno, López, el Ministro de Defensa, y cito ahora Los Tiempos de Cochabamba, “desestimó la posibilidad de que el grupo de bolivianos que se encuentra en la localidad chilena de Colchane pueda ingresar al país”. Mientras tanto, en estos mismos días, ingresan, por vía aérea, bolivianxs pudientes, que no tienen ningún impedimento para trasponer la frontera y volver a Bolivia. ¿Qué hacemos, entonces, María?

María Galindo: Alguito hemos estado haciendo en Mujeres creando, ya estás al tanto. Solo espero que acabe pronto de cuajar esa receta del chairo, con locoto o sin locoto, con ulupica o sin ulupica, con chuño, pero, papas, arvejas, habas, zanahoria, cebolla verde, cebollines y una pizca de perejil y ciboulette, aparte de una presa de carne, claro, de chalona, de soya o de quinua o, así nomás, de nada). Gracias, Álvaro.


[1] Cf. Jaime Saenz, (su novela “autobiográfica” póstuma) Los papeles de Narciso Lima Achá (1991).


Imagen: Alfredo Jaar, Gold in the Morning (1985)