Achille Mbembe, No. Césaire, Fanon y Said no eran antisemitas

Traducción de Gabriel González Castro

Comenzar
459 visitas

Nota del Traductor

Este texto, publicado en el medio Jeune Afrique el 15 de marzo de 2021, responde a la acusación de “antisemita” que recibió el intelectual camerunés Achille Mbembe de parte del político alemán Lorenz Deutsch, portavoz de asuntos de política cultural de la bancada parlamentaria del FDP (Partido Democrático Liberal). En marzo del 2020, el autor de Crítica de la Razón Negra fue el invitado de honor para dar el discurso inaugural del Ruhrtriennale, un importante evento cultural y artístico de verano que se realiza en el estado germano de Renania del Norte-Westfalia. Ante ello, Deutsch, miembro del parlamento de dicho estado federal, mediante una carta abierta dirigida a la directora del evento, Stefanie Carp, solicitó cancelar la conferencia del intelectual camerunés a propósito de su firma de apoyo a la iniciativa internacional pro-Palestina llamada BDS (Boicot, Desinversión y Sanción contra el Estado de Israel, que ha usurpado, colonizado, vejado y acosado por más de cincuenta años al pueblo de Palestina). En la carta de Deutsch, a su vez, se citaba el libro de Mbembe editado en 2016, Politiques de l’inimitié (Políticas de la enemistad), en donde en uno de sus pasajes comparó críticamente el apartheid sudafricano con la situación colonial que Israel ha impuesto sobre Palestina, lo que a juicio de Deutsch constituye una patente relativización del Holocausto, por cuanto colocaría a los judíos de hoy en el lugar de los nazis de ayer. Este asunto desató una verdadera polémica en el 2020, que no ha terminado en este año, y que ha sido seguida tanto por los periódicos Die Zeit, Frankfurter Allgemeine, Süddeutsche Zeitung y otros, como también por intelectuales de renombre, entre los que podemos contar al propio Étienne Balibar, quien expresó su solidaridad y apoyo a su colega Mbembe, reaccionando contra este acto de censura y discriminación. Si bien finalmente el Ruhrtriennale se canceló a causa del COVID-19, la polémica siguió su vuelo y parece ser un tema que ha atravesado y seguirá atravesando a distintos campos intelectuales en diferentes países del mundo que, de una forma u otra, han hecho causa común internacionalista con el pueblo palestino. Mbembe, bajo este marco, expresa aquí su visión y posición en este asunto.


El 11 de abril de 1945, los soldados que liberaron a los detenidos del campo de concentración de Buchenwald eran afroamericanos. Pertenecían todos al 761° Batallón de Tanques. ¿Cómo fue esto tan fácilmente olvidado? La misma escena ocurrió en Dachau, con el 183° Batallón de Ingenieros de Combate. Muchos de los sobrevivientes de estos campos no habían visto nunca, en toda su vida, a un Negro.

Esto fue antes del movimiento por los derechos civiles, cuando aún reinaba la segregación en los Estados Unidos. En la angustia de los judíos enfermos y demacrados, la mayoría de los soldados negros reconocieron una parte de sus propios sufrimientos y de los de la humanidad. Comprendieron, como más tarde lo haría el gran sociólogo W. E. B. Dubois, tras su visita al ghetto de Varsovia, que la cuestión del “yo” (o del ser humano particular) solo tenía un verdadero sentido si era completada por aquella de los otros, eso que el filósofo Hermann Cohen llamó “el co-individuo”.

Los africanos en todos los frentes

Quizás haya que recordarlo: África no fue en ningún caso un actor periférico en la lucha que condujo a la derrota del nazismo. Casi 367.000 soldados afroamericanos fueron convocados a enrolarse en el ejército de los Estados Unidos. En cuanto a las unidades de combate africanas incorporadas al seno de la armada francesas, se estiman en 175.000 soldados, los cuales estuvieron en todos los frentes desde 1939. Desde la toma de El-Alamein en Egipto en 1942 a la liberación de Córcega, la entrada en Roma en 1944 o la campaña de Provenza, estos hombres encararon al odio racista sin causa, y experimentaron la muerte como la otra cara de la vida histórica.

Los campos de concentración quizás igual habrían sido liberados, a fin de cuentas. Pero ¿quién puede negar objetivamente que África no sirvió solo como base de retaguardia para las tropas aliadas? Sea que se tratara del transporte de refuerzos, o del suministro de provisiones en los frentes europeos, o de la “reserva demográfica” que constituía, o del abastecimiento de productos esenciales para el esfuerzo de la guerra: África dijo presente.

En la mayoría de los nacionalistas africanos de la época, la participación en el combate contra el nazismo y el fascismo estuvo estrechamente asociada a la esperanza de la liberación del colonialismo. Lo mismo pasó con los afroamericanos. La relación que una parte del pensamiento anticolonialista mantiene con el Holocausto en particular y con la liberación humana en general ha sido nutrida por autores tales como Hermann Cohen, Franz Rosenzweig, Ernest Bloch, Jean Améry, Emmanuel Levinas y muchos otros.

“Crimen contra la civilización”

Junto a ellos, son numerosos los y las que habrán entendido hasta qué punto la tierra y el fuego, el agua, el aire y el viento habrán significado los sufrimientos de los pueblos, las luchas y los abandonos, el grito mezclándose una y otra vez con la meditación, tal como no paraba de recordarlo Édouard Glissant. Tanto en la confrontación personal con el Holocausto, como con los temas de la justicia y de la hospitalidad, de la reconciliación y del perdón, de la memoria y de la esperanza, de la deuda y de la reparación, de “la civilización de lo universal” y del gran “encuentro universal del dar y del recibir”, la primera actitud siempre ha sido el recogimiento, la meditación y la plegaria.

El sociólogo afroamericano W. E. B. Dubois había comprendido que el Holocausto fue un “crimen contra la civilización”. En 1948, hizo campaña por la creación del Estado de Israel e invitó al presidente Truman a facilitar el establecimiento de éste. Por su parte, James Baldwin, partió a buscar en los lamentos de los esclavos, el blues y el jazz la fuerza de la regeneración del mundo tras de los desastres del siglo.

En cuanto a Frantz Fanon, no dejó de alertar: “Cuando oigas hablar mal de los judíos, aguza los oídos, están hablando de ti”. Una visión compartida por el gran poeta africano Léopold Sédar Senghor, quien fue tomado por los alemanes como prisionero de guerra desde junio de 1940 hasta febrero de 1942 en el Frontstalag 230.

Espíritus de odio

En Alemania y en Francia, unos espíritus de odio intentan lanzar el anatema sobre las corrientes de pensamiento que han acompañado nuestro ascenso en humanidad, y especialmente sobre las corrientes anticolonialistas. Sostienen, especialmente en Alemania, que Aimé Césaire, Frantz Fanon, Edward Said eran en realidad antisemitas. Utilizan la mentira como una porra para derribar a quienes odian. Hacen como si luchar contra el racismo y exigir que las antiguas potencias coloniales asuman la responsabilidad de los crímenes cometidos en nombre de la “civilización” formara parte de una áspera competencia entre memorias irreconciliables. Y no es tal el caso.

Todas las memorias de la Tierra son indispensables para la construcción de un mundo en común. Los pueblos no tienen solamente derecho a la memoria. Todas las memorias disponen de un igual derecho al reconocimiento y a la narración. Solo esta solidaridad entre todas las memorias del sufrimiento humano nos permitirá relanzar, a escala planetaria, los combates contra el antisemitismo y contra todas las formas de racismo.


Imagen de portada:

Nir Kafri, «Los hermanos Ahmed y Mahmoud de Yatta Village, cerca de Hebrón, recolectan restos de metal en el vertedero cercano con la esperanza de venderlos por una pequeña ganancia. Llevan camisetas de la policía israelí encontradas en la basura» 2012.