¿Quién es el profesor Karmy?

Comenzar
306 visitas

Hace un tiempo atrás, llegó un texto de les profesores Valentina Verbal y Felipe Schwember a modo de “réplica” a un extenso comentario que realicé titulado: “Liberales a la Defensiva” acerca del libro “El octubre chileno. Reflexiones sobre democracia y libertad” editado por los mismos autores en el año 2020 junto al profesor Benjamin Ugalde1Ver https://revistadisenso.com/liberalismosinamor/, que lleva por título “Democracia, Libertad y crisis política en Chile” publicada en la misma Revista recientemente. En ella, los autores inician el texto refiriéndose a un espíritu “republicano” que sería el punto de entrada para discutir tolerantemente las ideas, agradeciendo, a su vez, a la Revista la publicación de esta “réplica”.

Sin embargo, desde las primeras líneas esa buena diplomacia “republicana” adquiere un tono extraño y difícil de responder cuando me atribuyen algunas tesis que, en realidad, yo nunca he sostenido. Al menos tres: 1) que, según ellos, yo sostendría que la irrupción popular de Octubre de 2019 sería una “revolución” que, para peor, tendría un carácter “consumado”; 2) que, según ellos, yo sostendría una concepción “organicista” de pueblo que, por cierto, tendría un carácter peligroso pues marcaría una deriva “corporativista” de la izquierda chilena y 3) que, me atribuyen “irresponsabilidad” por supuestamente avalar la “violencia” lo cual me haría parte de una “izquierda destructiva”. Habría sido muy interesante discutir sobre estos tres puntos si es que, efectivamente, yo los hubiera sostenido. El problema, es que nunca he sostenido lo que Verbal y Schwember dicen que yo he dicho.

Respecto del primer punto, tal como se advierte en el mismo El Porvenir se Hereda. Fragmentos de un Chile sublevado (2019 Ed Sangría) que ellos mismo citan o en otros que podrían haberse tomado la molestia de leer o, al menos revisar, como Intifada. Una topología de la imaginación popular (Metales Pesados, 2020), no he dejado de problematizar la idea moderna de “revolución” distinguiendo muy precisamente a esta última de la “revuelta”. Incluso en el mismo texto que los profesores replican (“Liberales a la defensiva”) nunca se señala el término “revolución” sino siempre la cuestión de la “revuelta” y su impasse.

Sobre el segundo punto, tal como se advierten en los libros antes citados, así como también en “Liberales a la defensiva”, la noción de pueblo jamás es abordada desde un punto de vista “organicista” porque no se le atribuye “sustancia” alguna: “Porque si bien un pueblo jamás existe de antemano como sustancia (…) (El Porvenir, p. 63). El asunto es explícito aquí en varios otros pasajes. “Pueblo” aparece en mi trabajo como una irrupción de imaginación que solo adviene en el instante de suspensión del tiempo histórico –para decirlo en palabras de Jesi –y nunca existe de antemano, pues, como se afirma aquí no es pensado como “sustancia” y, por tanto, malamente podría responder a una concepción “organicista”.

El tercer punto, la “violencia”. Pienso que no habría que agregar nada más a lo que ya he señalado en “Liberales a la Defensiva” y en otros libros y columnas: siguiendo la “crítica” de Walter Benjamin la cuestión de la violencia pasa por una distinción fundamental (entre “violencia pura” y “violencia mítica”) que implica un “paso atrás” que permita poner en cuestión al sobrecodificado término. Habría que interrogar porqué los profesores Verbal y Schwember no dan el necesario “paso atrás” de la crítica que permitiría poner en suspenso, abrir una “epoché” e interrogar el propio uso del término que ellos simplemente naturalizan y dan por hecho. Como si el término violencia tuviera un significado claro y distinto y ellos fueron los verdaderos hermeneutas del mismo: dado que asumen una noción naturalizada de “violencia” –al igual que el sociologismo funcionarial del que son comparsa- es que no pueden dar ese “paso atrás” y pensarla. No pueden abrir una “crítica” de la violencia –en el sentido benjaminiano. Solo pueden poner al interlocutor entre la espada y la pared interrogándole de si acaso “condena” o no la violencia sin poder ver que esa misma operación se abastece de una violencia suprema, de tipo hobbesiana: si “condeno” la violencia para neutralizarla es porque mi propio ejercicio porta consigo una violencia suprema que, sin embargo, se invisibiliza bajo el manto de la moral y de ese orden sin mundo que ofrecen.

Por eso, la operación que hacen Verbal y Schwember no es filosófica, puesto que lamentablemente no problematizan el término (ningún término en realidad), sino que es abiertamente teológica puesto que parten de su evidencia (creyendo que todos entienden o deberían entender lo que ellos entienden por tal) y ejerciendo una operación de “confesión” para ver si se es amigo o enemigo, si se “condena” y, por tanto, puede entrar al salón de los “pacíficos”, o “no condena” y debería permanecer en la mazmorra de la barbarie. Curioso que los que se han negado a ver a Schmitt (justamente, el pensador que se concibió a sí mismo como el último profesor del Ius Publicum Europeaum, es decir, hobbesiano) –y han criticado a otros por serlo- se les aparezca en su misma operación de conjura.

Es tan simple el clivaje, pero a la vez, tan aceptado, dado por obvio que verdaderamente lo que nos propone esta réplica no es filosofía, sino doctrina. Nos proponen un orden, pero no un mundo, un conjunto de premisas, pero ninguna pregunta. Precisamente porque replican a alguien que no soy yo, cabe la pregunta (quizás la única): ¿quién es, para ellos, el profesor Karmy? ¿Quién el que sostendría que en octubre de 2019 se puso en juego una “revolución”, que concibe al pueblo en forma “organicista” y que, supuestamente, abogaría por la “destrucción” al “no condenar” la violencia? La verdad no lo sé. Pero me atrevo a señalar que ha de ser su (im) propio fantasma y no al que llaman profesor Karmy. Que han confundido su fantasma con la realidad del texto y que, por eso, no han podido leer, ni menos dar el fundamental y crítico “paso atrás”. Su permanente vocación hegemónica se los impide. A esta luz, diré que la “réplica” confirma la tesis de “Liberales a la Defensiva”. Ella sigue intacta, no ha sido problematizada: dicen que “no” se defienden, pero arman un circuito inmunitario tan fuerte que incluso no pueden discutir con “otro” sino con sus propios fantasmas.

Termino con un cuarto punto. La idea de una “izquierda destructiva” me parece más que sintomática: nuevamente nos encontramos con su fantasma y no con mi trabajo. Jamás he hablado de “destrucción” sino de “destitución”; término que cuenta con una amplia literatura que puede revisarse sin problemas, incluso en castellano por si tropezaran con el idioma. En mi caso: desde mi libro “Intifada. Una topología de la imaginación popular” pasando por “El porvenir se hereda (…)” hasta “Liberales a la defensiva” no dejo de hablar de destitución y no de destrucción. Nuevamente confusión total. Argumentos que no son los que están en juego: tal como no es lo mismo “revolución” y “revuelta”, “pueblo orgánico” a “imaginación popular” o “violencia pura” a “violencia mítica” o soberana, tampoco puede ser lo mismo “destrucción” y “destitución”. Solo la falta de rigurosidad puede confundir todo y asumir que se tiene la razón. Por cierto, se podrá estar en desacuerdo con la crítica y su conjunto de distinciones, pero al menos, sería relevante marcarla como tal.

Así las cosas, resulta imposible establecer una discusión “republicana” dado que no sostengo lo que los profesores Verbal y Schwember dicen que digo. Habría sido bueno que así fuera, pero no lo es. Habría sido lindo una república en la que se pudiera conversar, pero parece que la lucha de clases no deja de atravesar. A esta luz, las críticas desarrolladas en “Liberales a la Defensiva” al mentado libro permanecen intactas porque esta réplica no se dirige a ese texto. Se equivocaron de cuenta –como se dice en la jerga de las redes sociales. Así que veremos si podremos discutir un día sobre alguna réplica que valga la pena. Una que discuta lo que discuto y no una que lo haga con su (im) propio fantasma.

Rodrigo Karmy


Imagen de portada: Architects Anonymous, Alexander Benz

Deja una respuesta

Your email address will not be published.