Felipe Larrea, El “diálogo” de Guattari y Chile

Comentario a la edición de Las luchas del deseo. Capitalismo, territorio y ecología (Pólvora Editorial, 2020)

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En la presentación de Las luchas del deseo (2020) de Félix Guattari, los editores señalan que no se trata simplemente de una reedición de Cartografías del deseo1Félix Guattari, Cartográfias del deseo. Traducción Miguel Denis Norambuena, Francisco Zegers editor, Santiago, 1989., libro que compilara y tradujera Miguel Denis Norambuena a fines de los años 80 y que buscó insertar (presentar al mismo tiempo) al filósofo francés en la escena local. Es que la presente edición también contiene conferencias dictadas por Guattari en su visita a Chile, y que ya habían sido publicadas en El devenir de la subjetividad, libro que dio cuenta de ese encuentro/venida en 1991 y que ayudara a publicar también Norambuena en conjunto con Cristóbal Santa Cruz2Félix Guattari, El devenir de la subjetividad. Conferencias, entrevistas, diálogos (Chile, 1991). Introducción Miguel Denis Norambuena y traducción del francés Cristóbal Santa Cruz, Dolmen, Santiago, 1998.. Las luchas del deseo tampoco es un libro que ofrezca una versión castellana de una versión original francesa, pues sigue en la estela de los recién nombrados, marcando una cierta “singularidad chilena” en la recepción de Guattari, a saber, la de ser libros precisamente únicos o “singulares”. En otras palabras, este conjunto de textos – recompilados en Las luchas del deseo – ofrece la instalación de una toma de posición filosófica y política, independiente del “autor” o del “texto original”. Tratándose, en definitiva, de un libro heterogéneo y plural que se abre paso conectándose con una multiplicidad de acontecimientos y que, en su puesta en escena, es fiel al (des)fondo mismo del pensamiento que acuñara Guattari. Es tal como la edición advierte en su introducción, recogiendo una frase de Francisco Zegers en su nota a la edición de Cartografías, se trata de un “libro- maquina-de-acción”3Guattari, Felix (2020). Las luchas del deseo. Capitalismo, territorio y ecología. Santiago: Pólvora, p. 27.

Ahora, una de las cuestiones interesantes que realiza esta edición de Pólvora es hacerle algo de justicia al nombre de Miguel Denis Norambuena, en cierta medida se conserva gran parte de su trabajo en tanto editor, pero también traductor, del pensamiento de Guattari. Justicia en el sentido de que su nombre prácticamente no existe en el medio filosófico local, quizás porque también el nombre de Guattari no ha tenido la suficiente cabida dentro de dicho medio. Ya entrados los años 90’ tanto Guattari como Deleuze (por extensión, pero volveremos sobre esto) comenzaron a ser leídos de manera más seria y detenida, quedando Cartografías del deseo y El devenir de la subjetividad – con la considerable distancia temporal entre ambos – en una suerte de naufragio de un primer impulso por dar a conocer el pensamiento guattariano. Sin embargo, el trabajo de Guattari siempre ha experimentado este síntoma, porque tradicionalmente ha estado subsumido bajo el nombre de Deleuze, al ser éste un trabajo de un alcance mayor y por tener también una suerte de sistema de pensamiento que se presta de manera más natural a la enseñanza y ejercicio institucional de la filosofía. No obstante, si nos detenemos más a fondo en la época deleuziana posterior al encuentro con Guattari (años 70), se verá que gran parte de los conceptos centrales de Capitalismo y esquizofrenia son guattarianos. Ya en 1969, en una carta fechada el 13 de mayo, Deleuze pareciera insistirle a Guattari que él “inventa y maneja un cierto número de conceptos complejos muy nuevos e importantes”4Gilles Deleuze, Cartas y otros textos. Edición preparada por David Lapoujade, Buenos Aires, Cactus, p. 41.. Aún Deleuze no formula su definición de la filosofía como “creación de conceptos”, pero ya en su encuentro con Guattari, veía en él a un filósofo precisamente por poseer aquella cualidad e inventiva. De hecho, en la misma misiva, alienta a Guattari a salir de un cierto estado afectivo (un “gran incendio” advierte) que no le permite formular escrituralmente aquello que ya posee, puesto que aún no publica ni sale a la luz esa producción. Esa primera publicación consistió en un compendio de artículos titulado Psychanalyse et transversalité, que por muchos años – casi dos décadas – fue la única traducción de los escritos de Guattari al castellano5Félix Guattari, Psychanalyse et transversalité: ssais d’analyse institutionnelle. Préface de Gilles Deleuze, París, Maspero, 1972., hasta, precisamente la edición realizada por Norambuena y Francisco Zegers en 1989.

Este momento es el acontecimiento que produce – advertirá Cristóbal Durán en la introducción a Las Luchas del deseo – un cierto diálogo entre Félix Guattari y Chile6Guattari, Felix (2020). Las luchas del deseo. Capitalismo, territorio y ecología. Santiago: Pólvora, p. 19., entrecomillándolo, pulsando un énfasis en que el término guarda más de una relación con la filosofía local, aquel medio o escena que no ha digerido del todo a Guattari. Aquel vocablo, del diálogo en filosofía, o el “más alto diálogo”, pertenece al filósofo chileno Patricio Marchant que, en los años 80, a partir de su lectura de Heidegger, establece al “diálogo” como una relación no “científico-historicista” con Gabriela Mistral, pero también de la poeta con el psicoanálisis7Patricio Marchant, Sobre árboles y madres, Santiago, Ediciones Gato Murr, 1984.. Relaciones no textuales, ni explicitas, sino que relaciones co-implicadas que emergen desde ciertas escenas de escrituras, escenas acontecimentales y no plenamente histórico-cronológicas. Existe un diálogo de esa naturaleza entre Chile y Guattari que no se condensa solamente porque el filósofo francés piso tierra chilena en 1991 o por los antecedentes ya señalados, sino que también – y esto sería el agregado que podría hacer la edición de Las luchas del deseo – por cierta recepción no explícita en términos textuales. Un “diálogo” de Guattari, pero no la persona-Guattari, sino más bien un pensamiento que se expresaría en los acontecimientos políticos ocurridos en los últimos cincuenta años en Chile y acelerados desde el 18 de octubre del 2019. En el 91, aunque de manera difusa, se manifestaba ya la idea de que ese pensamiento en curso tenía algo que ver con Chile, con su presente, con su devenir reciente, de ahí la necesidad de Norambuena de que Guattari tuviera un encuentro con Chile. De ahí que creemos que son dos los conceptos que situarían esta cuestión: por un lado, el Capitalismo Mundial Integrado (CMI) y por otro la Revolución Molecular. Sin embargo, no es una cuestión medible solo en términos nacionales, histórico-nacionales, sino que más bien de un “diálogo” y relación de Guattari mismo con el sur, o cierta manifestación de lo menor, en un devenir-sur. Suely Rolnik, por ejemplo, habría producido también un agenciamiento con Guattari, en todo lo que ese concepto nombra. Y la naturaleza de la testificación de ese encuentro, de ese “alto diálogo”, con Rolnik pero con Brasil, posee elementos muy similares a los de su dialogo con Chile. De ahí no emergieron libros autorales, sino más bien, “libros-máquina” que exponen a Guattari en una singular militancia, en una transversalidad con diferentes actores y que de cierta manera encarnaron en ese país devenires, agenciamientos, revoluciones menores, silenciosas, que de a poco fueron desplazándose hasta tocar o invadir molecularmente una molaridad dominante.

Pero puntualmente, ¿de qué se trataría este diálogo con el sur? La misma Rolnik, recordando una advertencia deleuziana, puntualizará que Guattari tiende puentes y agenciamientos con aquel “inconsciente que protesta”8Félix Guattari & Suely Rolnik, Micropolítica. Cartografías del deseo, Madrid, Traficantes de sueños, 2006, p. 22.. En el apartado “Capitalismo Mundial Integrado y la revolución molecular”, que se extrae a su vez de La révolution moléculaire (1977), Guattari define la especificidad de la idea de revolución molecular pero también sus peligros en el contexto de un Capitalismo que pareciera mostrar sus primeras luces de integración radical, y en donde Chile – en aquellos años 70 que fueron la verdadera génesis del neoliberalismo y el capitalismo tardío – constituye su principal laboratorio. Son cuestiones que también advierte alguien como Michel Foucault, en una clase del 31 de enero del año 79, en momentos que en Chile se inyectaban las primeras medidas para adoptar en plenitud el neoliberalismo. No sólo en esa clase, sino que, en gran parte de ese curso, tratando de entender qué ha ocurrido en el siglo XX con el arte de gobernar y cómo se ha modelado la verdadera utopía de la derecha mundial: el neoliberalismo9Michel Foucault, Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979). Traducción Horacio Pons, Buenos Aires, Fondo Cultura Económica, 2007, pp. 93-122.. Guattari, no obstante, no habla en términos de neoliberalismo porque le interesa mucho más remarcar el potencial “integrador” de esta nueva fase del capitalismo, pero también, para puntualizar la pululación disipadora de las revoluciones moleculares que emergen:

La revolución molecular es portadora de coeficientes de libertad inasimilables, irrecuperables por el sistema dominante. Esto no significa que dicha revolución molecular sea automáticamente portadora de una revolución social capaz de parir una sociedad, una economía y una cultura liberadas del Capitalismo Mundial Integrado. ¿No era acaso una revolución molecular la que sirvió de fermento al Nacional Socialismo? De aquí puede resultar lo mejor y lo peor. La conclusión de este tipo de transformaciones depende esencialmente de la capacidad que tengan los agenciamientos explícitamente revolucionarios para articularlas con las luchas de interés, políticas y sociales. Esa es la cuestión esencial. A falta de tal articulación ninguna mutación de deseo, ninguna revolución molecular, ninguna lucha por espacios de libertad logrará impulsar transformaciones sociales y económicas a gran escala (p. 61-62).

La data de este pasaje es de 1977, aunque parecieran ser expresadas en el 2019, en pleno octubre local, pero no, están dichas en un momento de emergencia, pero también de consolidación (no olvidar que este pasaje está publicado por primera vez al castellano en Chile en 1989, en pleno albor de “la transición”), del modelo social y político que se encuentra hoy en un proceso de rebasamiento. Esa es la impronta del “diálogo”, porque si bien el CMI tiene en Chile un lugar paradigmático10Willy Thayer lo advierte, en un texto escrito en plena “transición”, formulando que dicho proceso supuestamente transicional solo es la consolidación de una Dictadura mucho más feroz, la del mercado global que captura e integra todo, o en otros términos, el CMI (Ver Thayer, La crisis no moderna de la universidad moderna. Epilogo al conflicto de las facultades, Santiago, Cuarto Propio, 1996)., al mismo tiempo, desde nuestro presente, asistiríamos a ese otro proceso que se abriría, ya que “las luchas del deseo” son aquello que se le escapó definitivamente al Capitalismo Mundial Integrado, y que tuvo ataques e intentos de codificaciones desde aquellos mismos que debían responder – molarmente – a las “luchas de interés”. Félix Guattari anuncia aquello que golpeará en cualquier momento la puerta, y si bien lo enuncia en 1977 lo dijo en Brasil a principios de los 80, o acá, en el esplendor neoliberal del año 91. Curioso es que gran parte de la izquierda local no entendía lo intempestivo de esta perspectiva, no era, por cierto, un problema teórico, sino que un problema del deseo, y con ello, toda una alteración de cómo comprender el presente y las luchas políticas y de emancipación.

Antes de que Guattari acuñe la idea de Revolución molecular, junto a Deleuze en L’AntiŒdipe, habían expresado que en el concepto de lo molecular se jugaba el desplazamiento de una discusión que sería esencial para repensar el tejido social, precisamente en tiempos de endurecimiento capitalista. Es que la idea de lo molecular sostiene una relación constitutiva con respecto a su contracara, lo molar, es decir, el plano de las representaciones objetivamente establecidas, y en donde reside, en principio, una cierta idea de lo político y lo social: el Estado, la familia, las clases, el binarismo de género y las razas11Gilles Deleuze & Félix Guattari, Mille plateaux: Capitalisme et schizophrénie 2, Paris, Éditions de Minuit, 1980.. La coimplicación reside en que lo molecular se introduce en ese plano molar constantemente, siendo parte esencial del funcionamiento de la axiomática contemporánea del capitalismo, produciendo un cierto tipo de subjetividades minoritarias y zonas de experimentación, tanto artísticas, como políticas, sexuales y étnicas. Desde esta perspectiva, la subjetividad en términos de Guattari es resultado de una multiplicidad de mecanismos que normalizaran al individuo. Ahora, los mecanismos bajo los cuales la axiomática produce masivamente la subjetividad son reconocibles: los medios de comunicación de masas, la publicidad, los sondeos, las estadísticas, las encuestas, que fabrican la opinión a gran escala creando actitudes estereotipadas y narrativas de deseo12Ver Guattari & Rolnik, Ibid.. Es que existe una íntima conexión entre las máquinas productivas de control social con las instancias psíquicas y perceptivas, y este es un núcleo en donde el pensamiento de Guattari incide directamente en cierto debate contemporáneo. Y este asunto podría ser relacionado con lo que llamó “la axiomática del Capitalismo Mundial Integrado”13Ibid, p. 57., porque no existe ninguna programación central ni menos general, que esté basado en alguna ideología que opere como primado, sino más bien, todo podría ser axiomatizado, incluso las luchas en contra de la axiomatización. Es en este sentido que Guattari pensará que las luchas contra el capitalismo deben ser, ante todo, luchas del deseo y es ahí donde la idea de lo molecular encuentra su tino adecuado.

En suma, la revolución molecular sería inasible, silenciosa, disipada, adjetivos que se desprenden del pensamiento guattariano, sin embargo, no debe existir un romanticismo asociado a las revueltas, pues el peligro es inminente: “en la medida que se sentirá sobrepasado por esas olas de transformaciones moleculares, cuya naturaleza y contorno se la escapa, el CMI se endurecerá” 14Ibid, p. 68.. Creemos que asistimos a este estado, a nivel tanto global como local. Es que ya no existen “conjuntos sociales homogéneos”15Ibid, p. 127. que podrían ser traducidos rápidamente por los poderes establecidos y molares, por ello mismo, la reacción es represiva con la activación total de un micro fascismo, de una máquina de guerra fascista que es orquestada – también – molecularmente a ese pueblo germinal. Así, las movilizaciones acontecidas en octubre del 2019 podrían enunciarse de manera molecular, siendo niños/ niñas que comenzaron con la revuelta al evadir el transporte, pero sobre todo niñas; mismas niñas que forman parte del movimiento feminista que se desarrolla en Chile desde al menos tres años de manera más intensa. Pero también, y al mismo tiempo, la revuelta que podríamos – hipotéticamente – llamar una revolución molecular se conecta con los precarizados y marginados del régimen neoliberal16Ver: Maurizio Lazzarato, La Fabrique de l’homme endetté: Essai sur la condition néolibérale, Paris- Amsterdam. 2011; Verónica Gago, La razón neoliberal: economías barrocas y pragmática popular, Buenos Aires, Tinta Limón, 2014. y esa conexión es totalmente a nivel perceptivo, sensible y molecular, es decir, sin ningún tipo de organización – molar – que funcione como cabeza o dirección. El problema actual es precisamente advertir si esa llegada a lo molar (la nueva constitución, por ejemplo) significa un fin de la potencia molecular por sí misma. Las luchas del deseo debería ser tomado como una herramienta para activar una respuesta ante esa disyuntiva.