Jorge Laplace, Imaginario mediático y terror: Uribe, Pasolini, Oporto

Comenzar
284 visitas

El primer deber de los intelectuales, hoy, tendría que consistir en enseñar a no escuchar las monstruosidades lingüísticas de los hombres de poder […] en desnudar todas las mentiras que a través de la prensa y sobre todo de la televisión inundan y ahogan ese cuerpo por lo demás inerte que es Italia

Pier Paolo Pasolini

Hay un engaño mantenido en forma constante a través de los medios masivos de comunicación, desde la dictadura de Pinochet hasta ahora

Armando Uribe Arce

El propósito de este ensayo es desactivar el uso tendencialmente reaccionario que se ha hecho de la obra de dos escritores de izquierda: Armando Uribe Arce y Pier Paolo Pasolini. También se esboza en él una reflexión sobre ciertos nodos del andamiaje mediático que sostiene la circulación y en cierta medida la radicalización de la reciente literatura de Lucy Oporto Valencia, rebasando entonces los meros contenidos de aquella obra en particular, al entenderla más bien como una «función» a la que recurre el sistema en periodos de crisis.

1. A raíz de la detención de Pinochet en Londres, el 16 de octubre de 1998, ciertas manifestaciones se organizaron en Chile por los partidarios de su retorno. Esas demostraciones callejeras, transmitidas en su momento por todos los canales, fueron vistas por el escritor Armando Uribe Arce como la irrupción de una irracionalidad alarmante1Pues para él «es en épocas en que esas cosas del inconsciente profundo se manifiestan físicamente cuando los fascismos están muy cerca y tal vez están presentes» (Uribe, 2001: 43-44).. Sin embargo, Uribe supo detener un flujo televisivo aparentemente infinito para extraer de esas imágenes, analizadas en detalle, algunas conclusiones:

«Tengo aquí en la mano una fotografía que proviene de una secuencia de televisión […] donde […] está representado el señor Pinochet como si fuera la Virgen del Carmen, pero con uniforme; alrededor de su cuello cuelga un rosario, y delante de él hay un crucifijo oblicuo; ese fetichismo es una especie de erupción irracional, inconsciente»

Uribe, 2001: 33-34.

Este procedimiento de escritura intermedial no fue la simple transcripción de algún discurso (el de un telepredicador, por ejemplo, un falso ventrílocuo de Dios), ni la sola descripción de una imagen (ékphrasis), sino una especie de montaje disidente: una disposición de los planos en otra serie, otro ritmo, otra duración y a otra escala (alterando así el orden de un imaginario mediático oficializado).

Lucy Oporto Valencia se ha propuesto explicar, desde una clave psicoanalítica tal vez similar, la rebelión popular de Octubre de 2019 y también el actual proceso constituyente, viendo en la primera «una vasta brotación de lo siniestro» (Oporto, 2021, cursivas nuestras) y en ambos casos tan sólo emanaciones de una «violencia barbárica» (Soto, 2022). Al sostener que la nueva constitución sería «infinitamente más injusta, debido a su carácter mezquinamente racista, tribal, disolvente, excluyente y, en este sentido, fascista» (Ídem.), no convierte ya en «equivalentes» a ambas constituciones –una estrategia discursiva usada por cierta parte del establishment que ha sido advertida recientemente (Karmy, 2022b)– sino que sitúa, en términos de justicia, a una (la de 1980) infinitamente por sobre la otra (la de 2022).

Oporto se refiere a la revuelta de Octubre de 2019 como a «una peligrosa irrupción de imágenes arquetípicas, sombrías y malignas» (Oporto, 2021). Es difícil no percibir, en ese y otros tramos de sus ensayos y entrevistas, resonancias con los términos empleados por Armando Uribe al analizar las demostraciones realizadas por los partidarios del retorno del dictador en octubre de 1998. En su obra El Fantasma de la Sinrazón aparecían conceptos como: «erupción irracional» (Uribe, 2001: 33-34), «estallido de pulsiones inconscientes» (Ídem: 33), «fenómeno subterráneo de la psique colectiva» (Ídem: 35-36), «especie de gnosis arcaica, con rasgos animistas y fetichistas de orden cuasi religioso» (Ídem: 41), entre otros de esa índole. Algunos de esos sintagmas han sido actualizados de algún modo en las «crónicas filosóficas» de Oporto. Pero no serán reproducidos acá los términos denigrantes que ha empleado esa autora (sin ser al parecer consciente de algunas consecuencias que se derivan de su retórica miserable de animalización o deshumanización de lo que llama «la horda» o «la escoria») para referirse a quienes entonces se manifestaron, a quienes continúan presxs, a quienes fueron mutiladxs, torturadxs o asesinadxs por un terrorismo de Estado que por aquellos días se intensificaba, excediendo los límites que hasta entonces lo confinaban a las periferias.   

Hacia el final de El Fantasma de la Sinrazón aparecía una afirmación inquietante: «Creo además que la psicología atribuida a la clase dominante en Chile puede extenderse a toda la colectividad nacional» (Uribe, 2001: 48, cursivas nuestras). Si se toma esa frase aisladamente, en cierto sentido al pie de la letra, se podría caer en una visión pesimista donde no sería posible la resistencia, ni la rebelión tendría sentido, al no haber ninguna diferencia sustancial entre la psicología de la clase dominante y la del resto del pueblo por ella dominado. Una identificación total, se diría, entre oprimidos y opresores2Cfr. Oporto, L. (2013b).. No obstante, esa frase puede ser comprendida en varios niveles. Nos detendremos sólo en dos. Ya se entienda ese «puede extenderse» como algo efectivamente acaecido o ya se lo entienda como una amenazante posibilidad futura, aún no realizada (o no del todo realizada), creemos que en esa frase nada obliga a elegir la primera opción de lectura. Ya al año siguiente en la «Postdata de Octubre de 2002» a su Carta abierta a Agustín Edwards, Uribe escribía: «Cuando algo ajeno me hiere en profundidad, cuando alguien, creo, produjo esta herida, respondo con palabras a falta de poder. Máxime cuando sufre el pueblo al que pertenezco» (Uribe, 2003). Vemos entonces que Uribe no se situaba por afuera, ni por encima, de las luchas del pueblo al que pertenecía. Por otra parte, en varias entrevistas, Uribe afirmó reiteradamente que «el pueblo tiene más dignidad» [sic] en comparación con ciertas fracciones de una clase dominante que él no dudaba en calificar de criminales o al menos de delictuales: «estos aprovechadores que son los del caso PENTA, ¡estos extranjeros! Ellos no representan la población chilena, ni mucho menos al pueblo chileno» (Uribe, 2015). Y ahondando en algunas de las consecuencias de esos crímenes agregaba:

«Esas consecuencias mortales no provienen de que los ricos hayan asesinado a mano al pobre, pese a que esto también ocurre, y ha ocurrido históricamente: cuando ha habido grandes huelgas y levantamientos sociales y se ha matado simplemente. Pero también ocurre todos los días, que los chilenos ricos van matando a los más débiles, a los más pobres y eso es lo que produce el asco»

Idem

Al pretender comparar las diferentes formas de violencia que se sucedieron a partir del 18 de Octubre de 2019, al trazar una simetría o equivalencia entre una «violencia vandálica» que viene desde abajo (que algunos podrán llamar violencia desesperada, o incluso, cuando esta es defensiva, violencia justa o contraviolencia) y otra que viene desde lo alto, ejercida por los poderosos, cuando éstos, en la cima de su impunidad, se ensañan en su «vandalismo triunfante» (mediante, por ejemplo, mutilaciones oculares masivas), se restablece nuevamente la teoría de los dos demonios. El ejercicio de esa argumentación se acerca, peligrosamente, tan sólo a una justificación de la violencia mandatada por los amos, al pretender condenar, de un modo biempensante, la violencia venga de donde venga (Cfr. Oporto: 2019).

2. En su ensayo de 2019 «Lumpenconsumismo, saqueadores y escorias varias: tener, poseer, destruir», Oporto retoma partes de una frase dicha por Pier Paolo Pasolini en su última entrevista, un día antes de su muerte. Es decir, antes de que fuera asesinado o mandado a asesinar. No olvidemos que el jerarca democristiano Giulio Andreotti diría a través de la televisión italiana, con obscena impunidad, que Pasolini «era una persona que se la estaba buscando» (Nicotra, 2015: 301).

Oporto sigue, de cierta forma, las ideas esbozadas por Pasolini acerca del «genocidio antropológico» que habría implicado la «nueva revolución capitalista (la primera gran revolución de derechas auténtica)» (Pasolini, 1997: 66). Una contrarrevolución triunfante que él distingue del viejo fascismo clásico, meramente represivo, por él siempre despreciado. Una que ya no necesitaría campos de exterminio, regímenes dictatoriales o guerras imperiales para lograr la aniquilación de cualquier forma de vida alterna, subalterna o plebeya, al colonizar, controlar y mercantilizar completamente, también en los países del Tercer Mundo, todas las zonas de la sociedad a través del consumismo. Y es que para Oporto, el pueblo chileno, y sobre todo, sintomáticamente, el que se manifestó en las protestas de Octubre de 2019, pero también ya antes, habría sido alcanzado por ese movimiento destructor del capital y «convertido en una autocomplaciente horda de consumidores voraces» (Oporto, 2019).

Efectivamente, encontramos en esas y otras afirmaciones de Oporto una reverberación de la «condena» o del «cese de amor» que Pasolini dijo sentir respecto a la multitud de su tiempo, y en especial respecto a la juventud. Sin embargo, es un eco distorsionado. Pues no parece comprender en todo su despliegue contradictorio las tensiones que atravesaban en ese entonces al pensamiento de Pasolini: «Hace diez años yo amaba a esta muchedumbre, hoy me disgusta. Y me disgustan sobre todo los jóvenes (con un dolor y una participación que al final vuelven vano el disgusto)». (Pasolini, 1997: 76, cursivas nuestras). Esto último, ese ethos participante, es lo que, entre otras cosas, separa a Pasolini de cualquier actitud elitista, reaccionaria, o que se presuma por encima de su propio pueblo.

Resulta cada vez más patente que aquello que Pasolini describiera como la primera y auténtica revolución de derechas, y que Oporto a su modo tematiza, se asemeja cada vez más a lo que hoy se concibe como «neoliberalismo». El despliegue total del capitalismo en su fase terminal habría conseguido arrasar con cualquier vínculo humano establecido por fuera de una relación meramente instrumental. Siendo entonces imposible sustraerse a su dinámica homogeneizadora, formando un sistema cerrado en el que el todo sería nada más que la reproducción en cada parte de la imagen de un poder infinitamente degradado:

«El lumpenfascismo y el lumpenconsumismo abarcan desde los grandes depredadores y saqueadores, los amos, incluido el crimen organizado y el narcotráfico, pasando por los sectores llamados ‘aspiracionales’, hasta el último de los ‘pobres y oprimidos’, conformando un sistema que se retroalimenta como en un juego de espejos».

Oporto, 2019

Sin embargo, Pasolini afirmaba que ese sistema debía ser combatido: «Igual que en 1945, los hombres de poder italianos serían dignos de un nuevo Piazzale Loreto» (Pasolini, 1997: 69). Y unos meses después, calibrando mejor su crítica, propondría un proceso penal ante un tribunal, que rompiera con la continuidad «de la mafia oligárquica que gobierna Italia desde hace décadas», un proceso democrático, dentro del marco de la legalidad, en el que aquellos hombres de poder deberían «ser llevados como Nixon, o mejor como Papadópoulos, al banquillo» (Ídem: 88 y 91) y acusados allí de una cantidad inmensa de crímenes3Crímenes que Pasolini enunciaba, en ese entonces, sólo en términos morales: «deshonestidad; desprecio por los ciudadanos; defraudación de fondos públicos; cohecho con las gentes del petróleo, con los industriales, con los banqueros; connivencia con la mafia; alta traición a favor de una potencia extranjera; colaboración con la CIA; uso ilegal de entes como el SID; responsabilidad por los atentados de Milán, Brescia y Bolonia» (Pasolini, 1997: 91)..

En la entrevista aparecida en el diario La Stampa bajo el título «Todos estamos en peligro», concedida a Furio Colombo el primero de noviembre de 1975 (un día antes de su muerte, luego del rodaje de Salò o le 120 giornate di Sodoma), Pasolini decía algo quizá similar a lo planteado por Oporto en el texto arriba citado, al referirse a un sistema donde ricos y pobres, gobernantes y gobernados, élite y pueblo, se identificarían en su total degradación:

«Una primera división, clásica, es ‘estar con los débiles’. Pero yo digo que, en cierto sentido, todos son los débiles, porque todos son víctimas. Y todos son los culpables, porque todos están listos para el juego de la masacre. Con tal de tener. La educación recibida ha sido: tener, poseer, destruir».

Pasolini, 2005: 29

De todas formas, hacia el final de esa misma entrevista, donde se cuestiona que quizá pueda estar equivocado, Pasolini, afinando sus argumentos, le dice al periodista: «Y vosotros, con la escuela, la televisión, vuestros periódicos pacatos, vosotros sois los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir» (Ídem., 30) . Ese «orden horrendo» no sería una emanación metafísica del mal, ni tampoco algo espontáneo a lo que estaríamos condenados por una supuesta naturaleza intrínseca o una especie de «fascismo inherente a la vida misma» (Oporto, 2013b), sino un orden histórico conservado a través de una serie de dispositivos por quienes de él se benefician: los nihilistas disfrazados de guardianes del orden. Ese orden corresponde tan sólo a «una forma muy precisa de sociedad» (Cfr. Césaire, 2006: 35 y sigs.), y no a alguna una especie de destino.

En cualquier caso, esas no fueron las últimas palabras del poeta italiano. Nos referimos acá a su Intervención en el Congreso del Partido Radical, leída en Florencia el 4 de noviembre de 1975, dos días después de su asesinato. En el texto redactado para ese congreso, Pasolini decía ir «como marxista que vota por el PCI y espera mucho de las nuevas generaciones de comunistas […] en tanto éstas luchan por los derechos civiles en nombre de una alteridad. Alteridad (no simple alternativa) que por su misma naturaleza excluye toda asimilación posible de los explotados con los explotadores» (Pasolini, 1997: 144 y 147). Advirtiendo, no obstante, que el sistema capitalista, de no librarse esa necesaria lucha4Lucha por una alteridad que debería «modificar radicalmente las relaciones sociales existentes o, dicho antropológicamente, la cultura existente» (Pasolini, 1997: 148)., al hacer uso del inmenso poderío técnico derivado de su más reciente revolución industrial, podría llegar a imponer el completo dominio de la burguesía a escala global, una total asimilación y destrucción de cualquier forma de alteridad, creando así relaciones sociales inmodificables: «Ésta es la gran y quizá trágica cuestión de hoy» (Ídem: 148).

Pasolini, en ese sentido, no fue ajeno a las verdaderas luchas de su tiempo e intentó hasta el último minuto (preso de todas sus contradicciones: como homosexual, comunista, católico con un espíritu herético opuesto a las «falsas sacralidades» y sin embargo en una constante búsqueda de lo sagrado), resistir y oponerse al despliegue total y totalizante de un capitalismo que para él era, por momentos, semejante a una nueva forma de fascismo5En determinado pasaje hablaría de «Tecnofascismo» (Pasolini, 1997:99).. Un sistema de dominación inhumano que hoy, no caben dudas, nos conduce a la barbarie, al colapso planetario (producto de una crisis inextricablemente ecológica, política, social), y finalmente nos arrastra a nuestra destrucción como especie.

3. Hace algún tiempo, el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES Chile) difundió a través de redes una sesión de sus llamadas Lecturas de Fondo. En ella Oporto Valencia, junto a Pérez de Arce, presentaba el libro He aquí el lugar en que debes armarte de fortaleza. Ensayos de crónica filosófica (Ed. Katankura, Santiago de Chile, 2021). Al ahondar en los contenidos del libro promocionado, al ver de qué forma en él se utilizaban las obras de Armando Uribe y de Pasolini para demonizar la protesta y al proceso constituyente, y cómo, a la larga, era ese mismo libro instrumentalizado por la prensa hegemónica, políticos de derecha6Ver https://twitter.com/Diego_Schalper/status/1530160379724124160 y https://twitter.com/tere_marinovic/status/1529892369528762389 y algunos think tanks, como una simple munición mediática más en su campaña por mantener la constitución pinochetista, no resulta extraño que muchxs se preguntaran por cómo se había llegado hasta ese punto. Sobre todo, si se reconoce que la institución que entonces promocionara aquel libro formaba parte de la Red Atlas7Ver http://thinktanknetworkresearch.net/wiki_ttni_en/index.php/Instituto_de_Estudios_de_la_Sociedad.

Algunos documentos de esa red fueron adquiridos por la Hoover Institution Library & Archives el año 2015 (fechas extremas: 1946-2013). Esta «articuladora norteamericana de think tanks» (Rocha de Oliveira: 2021) o, si se quiere, esta red de redes, no es ninguna sociedad secreta, de tipo conspirativo, sino que es una institución «prestigiosa», con gran influencia internacional, que ha recibido financiación de la NED, la USAID y el Departamento de Estado (Elbaum, 2020). Una red cuyos miembros y principales objetivos han sido abiertamente publicitados. No obstante, para algunas investigadoras del avance de la derecha neoliberal en los países latinoamericanos, su cruzada político-ideológica no se limitaría sólo al campo democrático: «ella se libra, a cada momento, de forma más radicalizada, astuta e inhumana: la estrategia es satanizar, criminalizar, desestabilizar y, en última instancia, demoler a los gobiernos y movimientos sociales que se oponen a su proyecto liberalizador» (Faria & Chaia, 2021: 1076).  

En la colección número 2015C50 de la Hoover Institution Library & Archives8Ver https://oac.cdlib.org/findaid/ark:/13030/c80k2f0h/dsc/#aspace_4fc3ee3f60b3b064e6fd7a62bdca16a0, de acceso abierto previa reserva, futuros investigadores podrán encontrar al menos ciertos vestigios para reconstruir el pasado entramado de esta red sobre Chile y América Latina. Sin embargo, habrá que esperar aún varios años para que sus actuales actividades sedimenten en fondos documentales y sus registros se abran al público, luego de la inevitable expurgación o selección negativa de ciertas series. Sólo entonces, quizá, se podrá trazar un contorno sobre los movimientos de superficie que esa red actualmente despliega en nuestra región. Algunas de las instituciones que en Chile están o han estado ligadas a esa red9caja 172, carpeta 11, Fundación Paz Ciudadana; caja 148, carpeta 6, Centro de Estudios Públicos [CEP; Chile]; caja 181, carpeta 10, Instituto de Políticas Públicas (Universidad Finis Terrae); caja 183, carpeta 5, Instituto Libertad y Desarrollo; caja 220, carpeta 12, Pontificia Universidad Católica de Chile; caja 296, carpeta 3, Fundación Libertad y Desarrollo se inscriben bien dentro de la derecha política o bien dentro de la derecha económica (donde también entra de lleno el progresismo neoliberal de la hoy llamada «centroizquierda»). Pese a que la Atlas Network eliminó de su página institucional su lista de «partners» a escala global10Ver https://www.atlasnetwork.org/, aún quedan rastros de ella en la Think Thank Network Initiative11Ver http://thinktanknetworkresearch.net/mediawiki/index.php?title=Category:Atlas_Network. De igual forma, en la Web Archive12Ver https://web.archive.org/web/20170705050436/https://www.atlasnetwork.org/partners/global-directory/latin-america-and-caribbean/chile se encuentran capturas de pantalla de su página oficial en fechas anteriores, lo que nos permite reconocer a algunos de sus recientes «socios» locales (Fundación Jaime Guzmán, CEP, FPP, LyD, IES Chile, entre otros). Cabe preguntarse, entonces, qué interés podrían tener quienes fueran los partners nacionales de esa red en difundir un pensamiento «crítico», «independiente» y «de izquierda». O que al menos se nos presenta insistentemente como tal. Siendo su propósito explícito «promover la economía de libre mercado, limitar los gobiernos, desregular y privatizar todo en la mayor medida posible»13«The purpose of these organizations was promotion of free market economics, limited government, and deregulation and privatization to the greatest extent possible» (Hoover Institution Library & Archives: Nota histórica). https://oac.cdlib.org/findaid/ark:/13030/c80k2f0h/admin/. Y siendo su propósito implícito –que se deja entrever más allá de su fachada liberal filantrópica– el «intervenir» contra cualquier tibia medida de soberanía popular (Elbaum, 2020). Su interés no es otro que el de instrumentalizar también al pensamiento filosófico y a la escritura literaria, para –en esta coyuntura– deslegitimar el proceso constituyente en curso. Reforzando así las amarras de la «carta fundamental» que desde la dictadura nos dejaron abrochada. Aquella constitución oligárquico-autoritaria impuesta a sangre y fuego, «legitimada» mediante un plebiscito fraudulento el 11 de septiembre de 1980 y mal maquillada durante la postdictadura a través de sucesivas y parciales reformas (pese a las cuales jamás consiguieron ocultar su ilegitimidad esencial).

Respecto a la «importancia real» de las Leyes Orgánicas Constitucionales, que tenían, para Armando Uribe, inscritas en su espíritu a la «ideología neoliberal», y que nunca han sido «verdaderamente» modificadas, sería necesario que algunos exégetas contemporáneos o continuadores espirituales de la obra de este autor –que hasta ahora abogan por la prolongación de la constitución pinochetista– escucharan con atención sus palabras14Ver https://youtu.be/-t4eQHoY57Y?t=30, sin relativizarlas, pues de nada servirá, según afirma en ellas, hacer nuevas constituciones o reformas (como se pretendió, por ejemplo, en 2005) mientras ese núcleo de leyes siga operando (el mismo que podría ser, luego del plebiscito de salida, desactivado).   

Los llamados explícitos que este escritor hizo hace décadas a «convocar ahora mismo a la Asamblea Constituyente redactora de una verdadera Constitución» (Uribe, 2010:), terminando así con la continuidad de la carta magna dictatorial y sus LOC, funcionales, según este jurista, tan sólo a la oligarquía, a los capitales trasnacionales y al espíritu de rapiña del «lumpen empresarial», no pueden seguir siendo ignorados.  

En ese sentido, no es comprensible que ciertos sectores del campo intelectual –incluso de aquellos autopercibidos como cultores de una metapolítica supuestamente por sobre derechas e izquierdas– contribuyan con su pensamiento y con su escritura (de un modo quizá inconsciente) a llenar de «contenidos» las vitrinas de tales dispositivos de propaganda. Aparatos mediáticos abiertamente neoliberales, que hoy son funcionales a la continuidad de una dominación brutal (que aún se pretende legítima). Esos operadores mediáticos tratarán de forzar la aparición de alguna afirmación sensacionalista-amarillista o de reencuadrar alguna cita bajo los moldes de sus frases trilladas, para llevar las aguas hacia su propio molino, y así esparcir el terror y la confusión también sobre ciertos segmentos de la población aparentemente algo más inmunes a su artillería mediática (aquellos con inquietudes filosóficas, políticas, cinematográficas o literarias alternas, expuestos, pese a todo, a su campo de irradiación cultural).

4. De todas formas, la recepción crítica que se ha hecho recientemente de la obra de Oporto –su rápida calificación como un «neofascismo esotérico» (Karmy, 2022a) o como un discurso moral delirante «con claras referencias mágico-religiosas (no filosóficas) en defensa del orden social vigente» (Correa Salinas, 2022)– tal vez sólo empuje su pensamiento hacia un callejón sin salida. Y revela de paso cierta incomprensión de los dispositivos con los que actualmente la clase dominante despliega su poderío. Un poder multimediático, hipertecnificado, ultrasegmentado, fuertemente homogéneo tras su aparente diversidad, infinitamente sutil en su capacidad de corrosión psíquica. Consiguiendo así fabricar o al menos controlar «nuestras ideas y, lo que es más importante, nuestras emociones» (Novaes & Machado: 2013). Haciendo que percibamos nuestra propia experiencia, incluso la aparentemente más concreta e inmediata, a través de sus grillas conceptuales. Incitando a la polarización más extrema y al odio entre oprimidos.

La escritura de Oporto no fue sólo la expresión de una «ideología mística reaccionaria» (Lukács, 2007:44), sino que supo ser una forma de resistencia contra la impunidad de un poder ilegítimo, pero incesante, que se despliega, según sus propias palabras, asimismo a través de «campañas de desinformación y montajes» (Oporto, 2013a), con el propósito de engañar o confundir a la población. Pero esa operación de resistencia será siempre peligrosa, tal como advirtiera en su ensayo «Mal radical, eficiente y continuo»:

«Una forma de resistir ese poder sería el esfuerzo por hacer conscientes las profundidades del inconsciente colectivo chileno, a través de una permanente búsqueda de conocimiento. Pero ésta es una tarea ardua, que exige un enorme esfuerzo moral, voluntad diferenciadora y capacidad autocrítica, frente al peligro de que la conciencia misma sea absorbida por lo desconocido psíquico, y termine convertida en una extensión indiferenciada más de ese poder omnímodo».  

Oporto, 2013a

Muchos de los argumentos de las críticas de Karmy o de Correa Salinas son comprensibles desde la necesidad de contrarrestar una campaña sucia de desinformación y manipulación descarada. También lo son debido a la urgencia por responder a un discurso virulento (que sólo amplifica a ratos algunos de los peores tópicos reaccionarios diseminados por un poder mediático alucinado y enajenante). La obra de Oporto ha recalado, por su desasosiego, en «una ideología pesimista de la desesperación» (Lukács, 2007: 34)15Esta última categoría fue desarrollada por Lukács en su ensayo «Gran Hotel Abismo». En él advertía que algunos representantes de aquella tendencia ideológico-literaria «no son delincuentes a sueldo como los líderes socialfascistas, sino críticos honestamente convencidos que desprecian la cultura contemporánea» (Lukács, 2007:37).. Sin embargo, la frustración o el malestar de quienes sufren la normalidad impuesta por los defensores de este orden horrendo, aún conserva, en tanto parte maldita, potencialidades impredecibles que no podrán ser nunca del todo administradas (Cfr. Pavón-Cuéllar, 2021). Algunas zonas de la escritura de Oporto se sustraen a las descalificaciones o simplificaciones a las que se ha visto sometida en artículos recientes16Ciertos pasajes de sus ensayos sobre la obra de Violeta Parra, Pier Paolo Pasolini, Armando Uribe Arce, Ximena Rivera, Ignacio Agüero, Rainer Werner Fassbinder, Enrique Lihn o Sergio Salinas Roco, no pueden ser subsumidos tan fácilmente bajo esas clasificaciones.. Su ensayo en defensa del archivo fílmico del Colectivo Cine Forum, luego de la quema de su local y de la desidia por parte de las autoridades estatales17Un hecho inquietante que no deja de generar resonancias con lo ocurrido hace poco en el Cine Arte Alameda, si bien, en este caso, no existan muchas dudas sobre el origen del incendio., es sólo un ejemplo de cómo su escritura ha podido conjugar –en tiempos no muy lejanos– teoría crítica y compromiso con la defensa de nuestra memoria como pueblos. En ese mismo ensayo –leerlo hoy es demoledor– se hacía referencia a «una continuación de la guerra psicológica18No estamos en condiciones de profundizar en el concepto de «guerra psicológica». Sólo diremos que para algunos investigadores (Cfr. Pavón-Cuéllar, 2020) esa práctica de la barbarie fue desarrollada en Chile, entre otros, por el Dr. Hernán Tuane Escaff (ex funcionario de la DINA, docente de la Universidad de Chile y bombero voluntario). Esa «conducción psíquica» de la población perseguía entre sus objetivos destructivos explícitos «suscitar y manejar sentimientos traumáticos de angustia, neurosis, tragedia, inseguridad, peligro y miedo; actualizar factores neurotizantes y hacer emerger contenidos psicológicos latentes de índole angustiosa y emociones como el temor instintivo» (Ídem). Dispositivos como la prensa escrita, la radio y la televisión, desempeñaban un papel clave (como lo demuestra la creación de DINACOS en 1973) pues eran piezas esenciales de la maquinaria para alcanzar esos objetivos regresivos. El artículo de Jorge Escalante, publicado en La Nación el 19 de marzo de 2006, en el cual se reproducían algunos documentos oficiales sobre los inicios en 1974 de aquella «campaña sicológica masiva», es hoy lamentablemente ilegible. por otros medios, mucho más peligrosos, siniestros y devastadores», tendientes a profundizar la inconsciencia «acerca de la barbarie inherente al modelo neoliberal en todos sus niveles y desde su fundación» (Oporto, 2012).

5. Intentamos en estos apuntes elaborar una crítica no hacia una persona ni hacia una obra en particular, sino más bien hacia una función que en otros contextos podrá ser actualizada por cualquiera. Una eventual «instrumentalización» frente a la cual el pensamiento crítico deberá estar siempre alerta. Tratamos por ello de reflexionar sobre algunos de los postulados que de la escritura de Oporto se desprenden. Y esto, solamente, al contrastarlos con algunas de las fuentes literarias de las que su discurso abreva. No como «especialistas» o «expertos» en nada, sino como lectores preocupados por el uso que se ha hecho de ciertos autores de izquierda (de la Izquierda Cristiana o del marxismo italiano) distorsionando su tendencia política objetiva y su compromiso vital explícito con los movimientos de liberación19Uribe luchó hasta su último aliento contra un capitalismo desquiciado, contra los derivados autoritarios de éste, como el pinochetismo, y en especial contra lo que él llamaba su «ideología planetaria». Pasolini fue asesinado por sus críticas lanzadas no sólo hacia la sociedad italiana, sino más específicamente hacia el poder que en ese entonces la regía.. Nos propusimos que esta reflexión fuera más allá de los contenidos textuales transmitidos por Oporto –que efectivamente parecen solaparse con los de la reacción más gruesa al adoptar algunas de sus categorías descriptivas y sendas porciones de su jerga– para intentar esclarecer ciertas prácticas que hacen a las condiciones materiales de distribución y difusión de algunas corrientes discursivas en la esfera pública, es decir, a su sistema de mediaciones. Esperamos que lxs potenciales lectorxs de ese tipo de discursos vean más allá de las etiquetas con las que aquellos se nos presentan insistentemente, a través de distintos medios de comunicación de masas, se cuestionen también sobre su contexto, su contorno material, los canales que los modulan, y a qué fuerza finalmente éstos sirven. Esos discursos recurrirán a un léxico de izquierdas, saquearan algunos símbolos y referentes del movimiento obrero, de la tradición de los oprimidos y del pensamiento crítico (como lo han hecho siempre), en una operación de camuflaje (al usar ropajes radicales) para pasar luego de contrabando su ideología de la barbarie20¿Qué ha pasado con la palabra libertario? ¿Cómo es posible que hoy haya sido apropiada por la ultraderecha capitalista?. El desmantelamiento de ese tipo de operaciones requiere de un pensamiento colectivo que esté atento a esas mixtificaciones, pues sólo en una discusión abierta y honesta, que exceda al pequeño círculo de entendidos, se podrá arribar a una crítica más certera.

Quién o qué esté detrás del andamiaje mediático que sostiene la circulación y en cierta medida la radicalización de ese tipo de discursos –qué máscara detrás de la máscara, en un vértice de maquinación de un poder quizá desfondado– es una cuestión que nunca podrá despejarse por completo. En estos casos, frente a un capitalismo que en su fase neoliberal pareciera capaz de permear y corroer todo, la «moralización o personificación» (Vedda, 2021: 162) de una fuerza destructiva y abstracta  –al concretizarla maniqueamente en determinadas figuras, en un ínfimo grupo de villanos– podría quizá dejarnos tranquilos por un momento. Pero eso sólo sería olvidar las características complejas de un sistema de explotación que es esencialmente inhumano.


Referencias

Césaire, A. (2006). Discurso sobre el colonialismo. Madrid, España: Akal.

Correa Salinas, J. (18 de Junio de 2022). ¿“El invierno se acerca”? Diario El Desconcierto https://n9.cl/ckayj

Elbaum, J. (11 de octubre de 2020). «Cadenas a la democracia. La embajada, la Red Atlas, los grupos de presión y la incursión de los ultraliberales».  https://n9.cl/6h2l3

Faria, A.; Chaia, V. (2020) «Os institutos liberais e a consolidação da hegemonia neoliberal na América Latina e no Brasil» Cadernos Metropole, São Paulo, v. 22, n. 49, pp. 1059-1080. https://doi.org/10.1590/2236-9996.2020-4917

Karmy, R. (2022a). «El desprecio de la noche. Carlos Peña y Lucy Oporto ante a la revuelta de octubre de 2019». https://n9.cl/68bf0

Karmy, R. (2022b). «La carta de Lagos, el golpe portaliano y la disputa de «la Constitución material»» https://n9.cl/ps80i

Lukács, G. (2007). «Gran Hotel Abismo». En Antonino Infranca y Miguel Vedda (comps.) Gÿorgy Lukács. Ética, estética y ontología. Buenos Aires, Argentina: Colihue.

Nicotra, E. (2015). «Pasolini, mirando de frente al Poder sin rostro». Revista Shangrila nº 23-24. https://n9.cl/oprwu

Novaes, J. ; Machado, R. (2013). «Losurdo: produção das emoções é novo estágio do controle da classe dominante». https://n9.cl/07lis

Oporto, L. (2012). «La mezquindad organizada. Sobre la quema del archivo fílmico del Colectivo Cine Forum». https://n9.cl/yfqvi

Oporto, L. (2013a). «Mal radical, eficiente y continuo. A propósito de la censura en Chile del documental El diario de Agustín (2008), de Ignacio Agüero y Fernando Villagrán». https://n9.cl/949pj

Oporto, L. (2013b). «Prostitución estructural y transversal». Presentación de Anarquía en Baviera (1969), pieza teatral de Rainer Werner Fassbinder. Traducción, prólogo e ilustraciones de Chanchán Olibos. Valparaíso, Chile: Ediciones Inubicalistas y Ediciones del Caxicondor. https://n9.cl/mjgb7

Oporto, L. (2019). «Lumpenconsumismo, saqueadores y escorias varias: tener, poseer, destruir» http://letras.mysite.com/lopo171119.html 

Oporto, L. (2021). «Ancla del alma, disolución y barbarie»

Pasolini, P. (1997). Cartas Luteranas. Madrid, España: Trotta. 

Pasolini, P. (2005). «Todos estamos en peligro. Entrevista con Furio Colombo».

Pavón-Cuéllar, D. (27 de Mayo de 2020). «Chile como cuna y tumba del sujeto neoliberal: historización exterior de una singularidad universal». Conferencia inaugural del Seminario Internacional «Octubre 2019: ¿la rebelión contra el orden?» del Núcleo Interdisciplinario Desigualdad y Derechos Humanos de la Universidad Austral de Chile. Disponible en: https://n9.cl/qy4kj

Pavón-Cuéllar, D. (9 de Diciembre de 2021) Intervención en el lanzamiento del libro Psicoanálisis y revolución: psicología crítica para movimientos de liberación (Santiago, Chile: Pólvora Editorial). Con la participación de Emiliano Exposto, Ian Parker, Lucas Sánchez e Hilda Fernández. Disponible en: https://n9.cl/hzbb2

Rocha de Oliveira, C. (5 de agosto de 2021). «La derecha en América Latina y sus think tanks«. https://n9.cl/njait

Soto, M. (2022). «Filósofa Lucy Oporto y violencia escolar: Los encapuchados son expresión de un proceso de descomposición y decadencia». https://n9.cl/w4pwu

Uribe Arce, A. (2001). El Fantasma de la Sinrazón & El Secreto de la Poesía. Santiago, Chile: Be-uve-dráis. https://n9.cl/xolc1

Uribe Arce, A. (2003). Carta abierta a Agustín Edwards. Santiago, Chile: LOM.

Uribe Arce, A. (19 de diciembre de 2010). «Para tener Patria»

Uribe Arce, A. (4 de Abril de 2015) “No hay democracia verdadera en Chile”

Vedda, M. (2021). Cazadores de ocasos. La literatura de horror en los tiempos del neoliberalismo. Buenos Aires, Argentina: Cuarenta Ríos.


Imagen de portada: Pablo Zamorano @Locopek

Deja una respuesta

Your email address will not be published.