Roberto Esposito, Biopolítica y prácticas instituyentes

Entrevista por Iván Torres Apablaza, Traducción de Matilde Orlando

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En medio de una extensa agenda de trabajo, el filósofo italiano Roberto Esposito aceptó conversar con Disenso. Por estos días se, encuentra reeditando en Francia el libro Immunitas, segundo volumen de la trilogía que a fines de la década de los 90 concitó el interés del pensamiento crítico mundial por su aguda problematización de la biopolítica foucaultiana y la reposición filosófica y política de un problema de singular actualidad en nuestra época. A esto se suma la publicación en Italia de su último libro titulado Pensiero istituente. Tre paradigmi di ontologia política (Polity, 2020), donde, según nos adelanta, problematiza los dos paradigmas ontológico-políticos que han constituido el debate contemporáneo sobre lo político (Heidegger y Deleuze), contrastándolos con una línea de pensamiento que afirma las “prácticas instituyentes” como posibilidad de configurar una relación productiva entre ontología y política. Para este mismo año, también se espera la traducción en lengua española (Amorrortu) de su libro titulado Política y negación. Por una filosofía afirmativa (2018), donde anticipa aspectos claves de sus actuales preocupaciones investigativas.


Iván Torres Apablaza: Según su indicación, el paradigma inmunitario fue pensado como una clave de lectura que intentaba llenar el vacío semántico, la brecha de significado que persiste en la obra de Michel Foucault entre los dos polos constitutivos del concepto de biopolítica. Luego de 20 años de la publicación del primer libro de su trilogía Communitas, Immunitas, Bíos, ¿cuál es para usted la actualidad política y filosófica de este proyecto?

Roberto Esposito: Después de estos veinte años, siento que puedo confirmar el análisis que estaba haciendo en Bíos sobre Foucault. Su brillante propuesta biopolítica, se caracterizó desde el principio por la falta de articulación entre las categorías de política y vida. En estos veinte años, esta brecha ha producido interpretaciones que han acentuado esta escisión, traduciéndose, por un lado, en teorías del poder constituyente y, por otro, en filosofías de la potencia destituyente. Ninguna de estas dos perspectivas ha permitido vincular una relación productiva entre la vida y la política. En el primer caso, una ontología afirmativa vitalista, con un sesgo spinoziano-deleuziano, ha incorporado la política para finalmente disolverla en cuanto lenguaje específico. En el segundo caso, sin embargo, una ontología negativa de origen heideggeriano condujo a una especie de retirada apolítica. En relación con estos dos paradigmas, todavía influyentes en la actualidad, en mi reciente libro titulado Pensamiento instituyente. Tres paradigmas de la ontología política1Esposito, Roberto (2020) Pensiero istituente. Tre paradigmi di ontologia politica. Milano: Einaudi., he avanzado un tercer paradigma, que se refiere precisamente al concepto de “práctica instituyente”. Se trata de un paso necesario que la biopolítica debe dar para salir del impasse en el que corre el riesgo de caer. Si bien el vínculo directo entre política y vida –implícito en la categoría de “biopolítica”– puede sugerir una caída de las mediaciones institucionales, hoy es necesario repensar la biopolítica precisamente a la luz de una renovada teoría de las instituciones. Por supuesto, a través de un fuerte replanteamiento del concepto de “institución”, desplazándonos desde el plano estático de lo ya instituido, a la dinámica de lo instituyente.

IT: A propósito de este punto, usted también ha subrayado el carácter fundamentalmente antisocial y anticomunitario de la immunitas. En la actualidad, parece ser que asistimos a la intensificación de la dialéctica negativa que la vincula a la comunidad, amenazando con disolverla o destituirla. ¿Qué proyecciones políticas podríamos esperar de esta tendencia que recorre nuestra época?

RE: La inmunización, por un lado, es necesaria, por otro, conlleva riesgos para la comunidad que la implementa. Es necesario porque ningún organismo individual o social podría sobrevivir sin un sistema inmunitario que lo proteja de los riesgos que amenazan su existencia. Esta es una necesidad que la humanidad ha conocido desde sus orígenes, que sin embargo ha asumido características más intensas y peculiares en la modernidad, cuando han fallado las protecciones inmunitarias trascendentes de los períodos anteriores. Desde entonces, la cuestión inmunitaria se ha convertido en el problema fundamental de nuestro tiempo, convirtiéndose en el punto de intersección de todos los lenguajes médicos, legales y políticos. Hoy, en las sociedades biopolíticas en las que vivimos, esta necesidad se ha vuelto cada vez más fuerte, como podemos experimentar en la pandemia actual. Pero la demanda de inmunidad, que se está convirtiendo en un verdadero síndrome de nuestro tiempo, produce efectos desocializantes que amenazan el corazón de nuestras sociedades. ¿Cómo responder? No se puede imaginar negar o eliminar la necesidad de inmunización. Hoy el valor de la vida, y también de la salud, se ha vuelto indispensable para nuestra civilización. Una política que no pusiera los temas de la vida biológica –su mantenimiento y desarrollo–­ en el centro de su agenda, perdería todo consenso. Pero tampoco podemos renunciar a los valores de libertad y solidaridad. Se trata, más bien, de articular estas necesidades para responder a ellas al mismo tiempo. Evidentemente es difícil, pero no hay otra forma posible.

IT: Frente a la cada vez más extendida intensificación de los procedimientos técnico-políticos que reducen la vida a una condición de mera sobrevivencia y conservación reproductiva (en sus dimensiones somáticas, cognitivas y afectivas) ¿Cuál es para usted el estatuto y el lugar de una biopolítica afirmativa y en qué medida podría permitirnos configurar otra gramática de lo político?

RE: Una biopolítica afirmativa se puede expresar de dos formas. De un lado, aflojando los dispositivos inmunitarios. De otro, activando nuevos espacios comunes. Por supuesto, esto no es nada fácil, porque no siempre es posible distinguir, dentro de los dispositivos inmunitarios, los de protección, de aquellos de control y exclusión. Especialmente hoy en día, en un régimen de coronavirus, los dos tipos de dispositivos a menudo se entrelazan y se superponen, en el sentido de que muchos dispositivos de vigilancia y seguimiento de contactos, también sirven para proteger contra la propagación del contagio. Sin embargo, como siempre, hay un umbral que no se debe traspasar para no bloquear a toda la comunidad. La otra cara de una biopolítica afirmativa se refiere a la extensión de los bienes comunes con respecto a la alternativa, a la que estamos acostumbrados, entre bienes privados y bienes públicos. Antes del estallido de la epidemia, ya estaban en marcha varias batallas políticas orientadas en dirección a lo común, muchas veces coincidiendo con las batallas a favor del medio ambiente. Por ejemplo, las luchas contra la privatización del agua, a veces también de los bosques, parques, plazas. O, en otros ámbitos, como educación, formación, comunicación. Para poner en marcha, e incluso antes de pensar, una biopolítica afirmativa, es necesario intentar reemplazar, o al menos combinar, la categoría de “uso” con la de “propiedad”. Usar algo no significa únicamente apropiárselo, sino ponerlo también a disposición de otros. Todo esto va en el sentido de restablecer un equilibrio positivo entre inmunidad y comunidad a favor de esta última.


Imagen: Helga Wachholz, Hi Mum!